・⋆:༺☾𖤓༻:⋆・
SIENA VEGA
El refugio siempre huele, un lugar que no puede seguir en pie. Solo puedo controlar lo que está en mi guardia y son muchos pequeños que necesitan con urgencia un lugar definitivo de acogida.
Aquí la tristeza es silenciosa… Se pega en las paredes. En los juguetes abandonados en casa rincón de la habitación. Acomodo la última sábana sobre una de las camas mientras observo el pequeño espacio que preparé para Meg.
Es ridículo. Porque solo estará aquí unos días o tal vez semanas si el sistema vuelve a colapsar, espero que se localicé a sus padres. Busqué un conejo de peluche y acomodé paquetes de galletas y unas gomitas de colores que sé que le encantan.
Mi pecho se aprieta apenas con esa sensación. Como una punzada suave instalada debajo de mis costillas desde hace años. Mis dedos rozan inconscientemente la pequeña pulsera dorada escondida bajo la manga de mi chaqueta. La acarició apenas el brazalete diminuto que mi madre me regaló para mi primera hija.
Trago saliva.
Todavía no entiendo por qué sigo llevándolo conmigo.
—Tú siempre haces esto, Siena.
La voz de Claudia me arranca del trance. Levanto la mirada y la encuentro apoyada en el marco de la puerta observándome con una expresión demasiado suave.
—¿Eso qué?
Ella entra despacio mientras mira alrededor.
—Preparar todo como si quisieras quedarte con los niños.
Bajo la mirada hacia la pequeña manta rosada entre mis manos. No respondo porque duele más cuando alguien más lo nota.
Claudia suspira y se deja caer sobre la otra cama.
—Recuerda que solo están de paso. No podemos encariñarnos con unos niños que no son nuestros.
<<Solo están de paso.>> Ojalá fuera tan fácil para el corazón entender eso.
Me obligo a seguir acomodando la ropa y recuerdo la que vi en el apartamento de Axel, él jamás habría sabido elegir ropa para una niña antes. Ni siquiera soportaba acompañarme a comprar café sin quejarse cada cinco minutos, pero eso fue en el pasado. Antes de que desapareciera, antes de que me abandonara sin siquiera mirar atrás. Antes de que me dejara intentando sobrevivir al vacío que vino después.
<<Si tan solo hubieras esperado un poco más…>>
La frase cruza mi cabeza tan rápido que cierro el cajón de golpe. Claudia me observa unos segundos, no pregunta. Gracias a Dios.
—¿Cómo van las gemelas? —Cambia de tema y sigo acomodando.
—Bien. Necesitan volver con sus padres rápido.
Asiente
—Con este sistema corrompido solo espero que esa rubia no se las quede — dice y hace una mueca inmediata—, es tan falsa.
—El padre de las niñas no lo permitirá. Ese hombre está desesperado y la madre también.
—Esa mujer… Dios. Yo no podría criar a las hijas que tuvo el amor de mi vida con otra — dice con molestia.
La miro por encima del hombro.
—El amor es capaz de todo, Claudia.
Me observa un segundo de más. Por suerte la radio suena antes de que pueda seguir leyendo mi cara.
*La unidad del oficial León acaba de llegar*
Claudia da un pequeño brinquito exagerado.
—¡Dios! Ese hombre está buenísimo. De verdad, es tan alto y musculoso y tiene esa cara de policía traumado que…
—¡Cállate, Claudia!
Ella me ignora por completo.
—¡Preséntalo!
Suelto una risa seca mientras tomo la carpeta de Meg.
—No.
—¿Por qué no?
<<Porque ese hombre fue el amor de mi vida.>> Pero las palabras nunca llegan a mi boca.
—Porque no lo conozco.
—Normal. Vi como lo mirabas, ¿te gusta? Si es así dime.
Camino hacia la salida y ella me sigue igual.
—Bueno, lo tomaré como un NO. Sabes que necesitamos ayuda para las visitas domiciliarias. Voy a decirle a la jefa que lo contrate de apoyo.
La miro como si hubiera perdido la cabeza.
—Claudia, León es un oficial de élite. ¿Tú crees que va a andar cuidando trabajadoras sociales?
—Bueno…, yo dejaría que me cuidara— pestañea como una niña.
Ruedo los ojos, pero mi corazón ya late demasiado rápido. Odio que después de tantos años él todavía pueda alterarme antes siquiera de verlo.
Al llegar a recepción no los encuentro y una de las chicas señala hacia afuera.
—Están en la entrada.
Salgo y el aire se me queda atrapado dentro del pecho.
Axel está junto a la patrulla apoyado con sus piernas cruzadas y con Meg en brazos. Lleva una gorra negra baja sobre los ojos y una camiseta oscura ajustada que marca cada músculo de sus brazos mientras sostiene a la niña como si ya supiera exactamente cómo hacerlo.
Y Meg…, la pequeña Meg está aferrada a él. Completamente escondida contra su cuello. Él le murmura algo al oído y ella niega rápido, abrazándolo más fuerte.
Mi cuerpo se estremece solo, porque conozco esa reacción demasiado bien. He visto cientos de niños hacerlo. Niños que encuentran un lugar seguro y se aferran a él con uñas y dientes porque aprendieron demasiado temprano que la gente desaparece y verlo en ella…, Dios con toda mi alma.
Los ojos de Axel suben lentamente hasta encontrar los míos. Esa sensación es insoportable como si me reconociera por un segundo, como si algo dentro de él estuviera intentando despertar.
—Meg, cariño…
Susurro apenas llegó frente a ellos. Ella apenas se asoma desde el cuello de Axel.
—No quiere entrar —dice él con esa voz ronca que me revuelve demasiadas cosas por dentro.
El chupón rosado entre sus labios es nuevo, se ve hermosa.
Me obligo a sonreír, aunque por dentro algo esté temblando.
—¿Quieres venir conmigo…? Voy a estar aquí contigo, ¿sí? Vamos a ver películas y leer cuentos. Axel tiene que ir a trabajar.
Meg levanta la mirada hacia él inmediatamente. Axel asiente apenas.
—No me puedes llevar… —murmura ella alrededor del chupón—, no hago ruido. Soy buena en no hacer ruido…, por favor.
#53 en Novela romántica
#32 en Novela contemporánea
segunda oportunidad, romance separacion dolor reencuentro, niña tierna
Editado: 05.05.2026