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AXEL LEÓN
Dos días. Solo fueron dos benditos días y mi apartamento se siente peor que antes. Cierro la puerta detrás de mí y el sonido rebota por toda la sala como si el lugar estuviera hueco. Mis ojos recorren el desastre pequeño que dejamos.
El vaso rosado sigue sobre la mesa y hay gomitas pegadas en la alfombra. Sus dibujos llenos de brillantes ocupan media encimera, el chupete viejo permanece abandonado junto al fregadero como si todavía fuera a volver por él. Me pasó la mano por la cara y caminó despacio por el apartamento. Todo sigue exactamente igual…, pero ahora noto el silencio. Antes me gustaba y ahora me irrita.
Lanzó las llaves sobre la mesa y me dejó caer en el sofá. Mi cabeza vuelve otra vez al refugio, a Meg. A sus pequeñas manos aferradas a mi cuello, a ella corriendo hacia mí y esa sensación vuelve. Directa al pecho.
<<¡Carajos! ¿Qué demonios me pasa?>>
Soy policía, he visto cadáveres. Balaceras, personas muriendo frente a mí y, pero no una niña suplicándome que no la deje, casi me hace llorar frente a una mujer que me odia sin saber por qué y sus compañeros de trabajo.
Aprieto la mandíbula con fuerza.
<<Ella estará bien. Siena la cuidara>> Sólo pensar en ella me provoca algo raro, como si mi cuerpo reaccionara antes que mi cabeza.
Esa mujer me conoce. Lo veo en cómo me mira, en cómo aprieta la mandíbula cada vez que me acerco. En cómo parece debatirse entre golpearme…, o quedarse observándome. Me odia, lo grita cada poro de su cuerpo. Pero yo, solo siento presión en el pecho cuando la veo.
Me incliné hacia adelante y agarré el móvil, la pantalla negra, vacía y justo cuando voy a lanzar el teléfono sobre la mesa…
Su nombre aparece y mi pulso se acelera de forma ridícula.
Respondo demasiado rápido.
—¿Sí?
Escucho ruido al otro lado.
—Oficial…, aquí una pulguita no quiere comer y no deja de llorar. ¿Puede decirle que usted vendrá mañana?
Sin querer sonrió. Dios… Sonrío de verdad y me hundo más en el sofá.
—Ponme en altavoz.
Escucho un pequeño movimiento y cómo sorbe los mocos.
—Listo.
Mi pecho se aprieta instantáneamente.
—Pulguita.
—Axel…
La voz rota me atraviesa y cierro los ojos un segundo.
—Eres una niña buena. Una niña inteligente que entiende que si no come, otros niños van a comerse toda la comida que te llevé con cariño.
—¡Axel…! —Siena intenta interrumpirme.
No la dejo.
—Y entonces solo voy a visitar a esos niños porque ellos sí se comieron la comida.
—¡No! —escucho movimiento apresurado—, ¡ya me la estoy comiendo toda! Por favor, ven a verme a mí… Siena dile que sí me la estoy comiendo, échame una fotito, por fis…
La risa de Siena estalla del otro lado y mi cuerpo entero se estremece. No debería gustarme tanto escucharla reír.
—Claro —dice ella todavía riéndose un poco—, ya la envié.
Abro la foto inmediatamente. Meg sostiene la cuchara con las dos manos y su cachetes llenos de comida, Siena se refleja en el espejo con una sonrisa llena de amor para Meg.
Paso el dedo por la pantalla es tan pequeña.
—Quiero que te sientas segura —murmuró—, si no estoy yo, está Siena para cuidar de ti.
El silencio es breve y luego la voz bajita de Meg.
—Me siento feliz…, aunque no esté contigo. Siena me trata bien con… —Se queda callada un segundo—, amor.
Algo se rompe dentro de mi pecho pero de sentimientos que sé que no tengo.
—Eres tan bella… —susurró Siena—, gracias, oficial, por atender la llamada. Descanse.
Y luego escucho a Meg gritar:
—¡Axel, descansa!
Sonrío otra vez, como un imbécil.
—Descansen…
La llamada termina y sigo mirando la foto durante varios minutos más hasta quedarme dormido.
𖤓
Vuelvo a colocarme el uniforme negro frente al espejo después de semanas lejos de mi equipo y algo dentro de mí se siente extraño, como si estuviera regresando a una vida que ya no encaja igual.
Mi padre me esperaba en la oficina cuando llegó, Don Álvaro León permanece de pie junto a la ventana con las manos detrás de la espalda. Impecable, exactamente igual que siempre. Pero hoy parece inquieto.
Me observa entrar.
—La niña, ¿dónde está?
Arrugo el ceño inmediatamente.
—¿Por qué lo preguntas?
—Soy tu superior. Necesito saberlo.
Me quedo mirándolo unos segundos. Demasiado interés para alguien que ayer quería enviarla al sistema sin pensarlo dos veces.
—En el edificio rojo. La están cuidando mientras le sacan información de sus padres.
—Yo me haré cargo.
Suelto una risa seca.
—¿Cómo? Ni la trabajadora social ha podido sacarle una palabra sobre su hogar.
—No muchas niñas rubias desaparecen así sin dejar rastro. Ya están investigando.
Da un paso hacia mí.
—Ocúpate de tu deber y olvídate de esa mujer y de la niña. Es una orden.
Esa mujer… Algo en mí reacciona mal a eso y aprieto la mandíbula.
—Siena Vega, es su nombre. Parece que se te olvida referirte las personas con educación, padre.
Su mirada se endurece y señala la puerta
—¡Aquí soy tu superior y me respetas, largo!
En la sala de estrategias todos estamos reunidos, pero no logro concentrarme o entender los planos que tengo al frente. Mi cabeza se llena sola de imágenes.
Meg escondiéndose en mi cuello. Siena mirándome fijo, la risa de ambas y luego…, un dolor repentino. Mi visión se distorsiona y solo veo imágenes de una mujer que corre detrás de mí entre muchas personas. Miro mis manos y estoy usando guantes ceremoniales. Hay demasiada gente y ruido.
—¡Amor, espera! ¡Axel!
Mi respiración se corta. Veo a mi padre esperando junto a un coche y luego luces, metal girando. Una explosion y después…, Oscuridad.
Despierto en una clínica lleno de cables y un dolor en todo el cuerpo.
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Editado: 23.05.2026