De A Tres

SOLEDAD, EN LA VOZ DE CLARA

 

  Siempre me he jactado de ser una mujer independiente, no me gusta sentirme atada a nada ni a nadie. En mi casa desde muy chica me tuve que hacer responsable de mi misma, porque mis viejos andaban cada uno en sus cosas. Apenas salí del secundario, ingresé en la facultad de abogacía, ni una vez me preguntaron que hacía o a dónde iba cuando me ausentaba el día entero. Tuve muchos trabajos hasta lograr recibirme, lo hice con la mejor calificación y en tiempo récord. 

  Una vez recibida no me fue difícil ir escalando en distintas firmas de abogados. Nunca me sentí inferior frente a nadie, si no me dan lo que pido, sigo mi camino buscando mejores oportunidades. Mi esfuerzo y desempeño me lo permiten, he forjando una reputación que me enorgullece y que engorda mi cuenta bancaria, permitiéndome disfrutar de situaciones antes impensadas. Por ejemplo, apliqué a un préstamo para comprarme mi propio hogar, lo mejor de todo fue que lo obtuve y me compré el departamento soñado, al cual decoré contratando a una diseñadora de interiores. 

  Quién iba a decir que yo, que fui a rendir todas las materias de la carrera, incluyendo la tesis, con la misma camisa, ahora me daba el lujo de contratar a una diseñadora de interiores que me hizo gastar una fortuna solamente en espejos.

  Espejos que me cruzaban por toda la casa y exponían mi reflejo. Reflejo que no me atrevía a enfrentar porque…porque se me venía abajo toda la fachada que había armado. Y sí, aunque los esquivaba, la primera noche que pasé en mi nueva casa la realidad me golpeó de frente, no había nadie con quién compartir mis logros, seguía siendo yo y solo yo. 

  Al día siguiente, después de haber dormido bastante mal por la revelación, me levanté, me maquillé, me subí a mis tacos y enfrenté la vida envuelta en mi coraza, quizá un poco trizada. Puntual, me presenté en un nuevo estudio, Paloma era la secretaria del abogado Litt, socio director del buffet. Su recibimiento sonriente y cálido bastó para sacudirme por completo, algo debía estar muy mal en mí, porque jamás me hubiera imaginado ser víctima del amor a primera vista. Y Cupido me la hizo completa porque el flechazo fue justo a dar con una mujer que tenía marido e hijo. 

  Paloma se desvivía hablando de “Fede” y yo me desvivía odiándolo, las dos con la misma intensidad. El día de la fiesta de fin de año, con unas copitas de más obviamente, porque sobria jamás se me hubiera ocurrido poner en riesgo mi buen nombre, la besé sabiendo que el “virtuoso Federico” nos observaba atento. No pasó mucho tiempo hasta que me tuve que tragar mi propio veneno, el lunes, la vida de Paloma continuó como si nada hubiera ocurrido y lo peor fue aceptar, que quizá alguna virtud si tenía el hombre, porque al menos confiaba en ella.

  Me desconocía un poco en lo que se refería a dicha mujer, está claro que no me gusta perder y que por lo general consigo lo que deseo, pero tampoco soy un monstruo. Tengo un límite y ese límite lo marcan mi dignidad y mi nulo deseo de terminar en el infierno. Ese pensamiento tan recurrente en mi cabeza, me hizo comprender que tal vez lo que me dijo Paloma dentro del baño de la oficina, no estaba tan errado. Entre mis cualidades puedo enumerar: tenacidad, estabilidad, templanza, compromiso y quizá alguna otra más, pero empatía, bueno…empatía no.

  Cuando me llamó llorando y me explicó que el "dechado de virtudes" estaba detenido, tuve que atajar una carcajada de triunfo. “Hay, Fede, me la estás regalando en bandeja”, pensé mientras agarraba mis pertenencias, dejando mis casos olvidados, solo por evitar el sufrimiento de la mujer de la que me estaba…¿enamorando?

  El “arquitecto Federico”, decidió que realizar horas de trabajo comunitario eran la manera ideal de pagar sus penas, se suponía que una vez llenos los papeles necesarios, él cumplía sus horas y yo me desligaba del tema. Pero el señor demostró tener una incapacidad para cerrar la boca, por lo que las horas de trabajo comunitario se le multiplicaban a diario, cumplía cinco, debía diez. La segunda vez que lo tuve que sacar de la comisaría, Ulises, que al igual que la vez anterior, me había acompañado, me aseguró que su hermano jamás había actuado de aquella manera, más bien todo lo contrario, razón por la que los tenía muy preocupados. 

  Pasaron dos semana sin noticias del "delincuente frustrado", Paloma me aseguró que estaba cumpliendo las horas y que pronto las completaría. Esperé por el bien de ella, que estaba delgadísima con los vómitos que le provocaba su nuevo estado y el marido, que fuera verdad. 

  A la tercera semana un pedido suyo me alertó, "frustrado y reincidente" pensé cuando me pidió autorización para darle mi número telefónico a Federico ¿Y qué podía hacer? ¿Decirle que no? Acepté con mi mejor sonrisa falsa.

  Resultó ser que el muchacho en cuestión, durante el trabajo comunitario había empezado a colaborar en el diseño de una casa hogar para niños sin familia y estaban buscando un profesional con mi perfil para agregar al staff. "¿Trabajar gratis? ¡Ni para mi abuela! ¡Será b*oludo!", pensé mientras amablemente denegaba su propuesta. Lógicamente no preví que se lo contaría a la mujer por la que los dos  nos odiábamos, tan boludo no era, tuve que volver a tragarme mi veveno. 

  Y así fue que por voluntad propia decidimos empezar a compartir cinco horas, tres veces a la semana. Quince horas semanales en el infierno, me torturaba mientras me retocaba el maquillaje dispuesta a meterme de cabeza en esa locura, con tal de sumar unos puntos frente a Paloma. Mi llegada triunfal con los stilettos y la cartera Hermes, provocaron más de una boca abierta y la diversión de mi antagonista. Levante la cabeza, soberbia para desafiarlo. 




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