De mi propiedad.

Castigo

Narra Daphne
Dmitri me llevó a nuestra casa, pero cuando entré, jamás logré familiarizarme con ella. Intentaba reconocer los retratos, el impecable piso de mármol blanco o la manera en la cual estaban organizadas las cosas, pero todo en mi interior negaba aquel lugar.

—¿Sabes? Vas a decir que estoy loca —él se tensó de inmediato y no entendí por qué. Me pareció extraño, pues percibí que estaba excesivamente atento a cualquier cosa negativa que yo pudiera decir—. Aunque veo todo aquí dentro, no me siento familiarizada con nada.

—Es que no lo recuerdas —respondió con una sonrisa tímida en los labios—. Sé que te sientes extraña... Pero podemos buscar la manera de que lo recuerdes todo.

Quiso tocar mi hombro, pero yo me alejé de un salto. Todavía no me acostumbraba a esa insistencia de tocarme cada vez que quería. Llegué a pensar que buscaba algo más, y rogaba que no fuera así, pues no me encontraba preparada para dar el siguiente paso con un desconocido.

Tragué saliva y caminé dándole la espalda.

—Perdóname, querida —me pidió gentilmente, lo cual me hizo girar en su dirección—. Sé que piensas que quiero estar contigo íntimamente. Y es verdad, pero no debes temerme porque jamás me atrevería a forzarte.

—Dmitri... esto es nuevo para mí. Siento que no te conozco. Te pido que, por favor, te limites al tocarme. No quiero ser grosera, pero hasta que no recuerde, no puedes tocarme.

Mi petición no le gustó nada; su expresión lo delató al instante. Sin embargo, yo no estaba dispuesta a dar mi brazo a torcer.

—¿Cómo te puedo ayudar a que recuerdes si no quieres que te toque? —preguntó, visiblemente frustrado.

—No lo sé, debe haber otra opción. Hay muchísimas cosas que podemos hacer antes de llegar a eso.

—¿De verdad no recuerdas nada? —inquirió con una intriga que me caló los huesos—. ¿No recuerdas cuánto nos amamos?

Me quedé pensativa, guardando un silencio denso. Me preguntaba si lo que había soñado era real. Era todo tan confuso... Tal vez estaba equivocada y solo era mi mente creando escenarios ficticios debido a la contusión en la cabeza.

—No, lo siento... Lo único que quiero saber es dónde están mis seres queridos. ¿Mis padres?

—Tus padres murieron en un accidente automovilístico cuando tenías cinco años. Eres huérfana, Daphne.

Me llevé la mano a la boca, soltando un gemido de sorpresa y dolor.

—Pero nunca te has preocupado por ello, al menos no desde hace mucho tiempo —aclaró él—. Me tienes a mí. Eso nunca te causó ningún ruido antes.

—¿Dices que tú eres mi única familia en el mundo?

—Sí. Y pronto seremos tres junto a nuestra hija. ¿Puedo acariciarte el vientre?

Vacilé antes de responder, pero antes de que pudiera decir algo, él se acercó y levantó la mano con duda para colocarla sobre el redondo bulto de mi abdomen. Me tensé. No pude sentir ninguna emoción, ninguna reacción positiva de mi cuerpo mientras sus manos acariciaban superficialmente mi piel. Solo sentía rechazo.

—¿Cuándo supiste que era una niña? —cuestioné, intentando ignorar la incomodidad.

Esbozó una leve sonrisa tierna.

—Lo supe desde aquel fatídico día. Fue fácil saberlo. Como tu estado era crítico, te practicaron varios estudios. No sabes el alivio que me dio saber que las dos estaban bien. Es un milagro.

—¿Y tú? —le pregunté—. ¿Saliste ileso? ¿No te pasó nada?

—Solo tuve una pequeña fractura en el brazo, una contusión leve y heridas superficiales. Nada de qué preocuparse.

—Bien, comprendo.

Me giré con actitud indiferente, sin siquiera despedirme de él.

—Viajaré a Rusia la semana entrante —avisó, lo cual me hizo detener mis pasos—. Angie es nuestra ama de llaves; ella se va a encargar de que todo esté bien en casa mientras no estoy.

—¿Para qué vas?

—Para cerrar un negocio —sonrió mientras tomaba mi mano con fuerza—. Volveré pronto, no te preocupes.

De repente, sentí que todo dentro de mis entrañas se contraía de una manera dolorosa. Me encorvé presionando mi vientre mientras veía, horrorizada, cómo un líquido acuoso y rojo se escurría por mi entrepierna.

—¡Dios! —grité—. ¡Me duele el estómago! ¡Por favor, ayúdame!

—Tranquila, tranquila... Todo va a estar bien.

—¡Todavía no es tiempo de que nazca! —chillé con los dientes apretados, angustiada—. ¡Creo que la estoy perdiendo!

—Eso no pasará, te lo aseguro.

Y tal como lo dijo Dmitri, pasó. Mi hija nació prematura; me practicaron una cesárea de emergencia por un desprendimiento de placenta.

Era tan pequeña que cabía en mis manos. Mi pequeña. Mi mundo colapsó y miles de temores se hicieron presentes en mi vida, pero la agonía no duró demasiado porque mi pequeña Sylvie ganó la batalla después de tres meses en la incubadora.

La llamé Sylvie porque sentía que ese nombre tenía un efecto distinto en mí cuando mi mente lo pronunciaba. Era como si estuviera familiarizada con él de alguna forma... Por eso la llamé así. La amé desde que la tuve por primera vez en mis brazos, y pronto mis miedos de madre primeriza desaparecieron. Sylvie estaba viva y sana. Después de la tormenta, por fin vino la calma.

Mijaíl Mordoshov
Seis meses sin Sylvia. Seis meses.

Estaba muerto por dentro, pero continuaba respirando por inercia. Mi mente buscaba mil maneras de morir, recordando todas esas veces que fallé por culpa de la gente que decía quererme. Yo solo deseaba reunirme con Sylvia; sin ella, mi vida no tenía sentido.

Me pasaba las horas observando su retrato, acariciando su foto como si verdaderamente la estuviera tocando. Era lo único que me quedaba. A veces gritaba, golpeaba la pared hasta que mis nudillos quedaban destrozados, buscando aniquilar este maldito vacío en mi pecho. Pero siempre fallaba; el dolor jamás disminuía, solo crecía sin permiso, invadiendo mi mente, fundiéndose con la podredumbre de mi interior.

Intenté tragar el nudo adolorido que lastimaba mi garganta mientras veía cómo conducían el nuevo auto de la empresa. Después de seis meses, por fin habíamos lanzado otro modelo exitoso. Aun así, contaba mil razones para morir y ninguna para vivir. Respirar me agobiaba; la dopamina en mi cerebro era igual a cero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.