De mi propiedad.

El contraste de dos hombres.

—¿Acaso mi hija está enferma? —Me dolió el pecho, el corazón, todo—. ¿Me lo estás ocultando?

Lo noté nervioso, y eso solo provocó que la poca paciencia que me quedaba se esfumara. Sentí que iba a desquiciarme cuando cientos de pensamientos catastróficos invadieron mi mente.

—No, solo es un examen de rutina —explicó—. Solo olvidé decírtelo cuando la llevé anteriormente al pediatra.

Pero no me sentía segura con esa explicación. Cuando di a luz a Sylvie, ella nació con complicaciones; la que más me preocupaba era que sus pulmones no habían madurado. Los doctores habían sido claros, aunque sus palabras me sonaran a un idioma extranjero que mi mente bloqueada se negaba a procesar del todo. Lo llamaban Displasia Broncopulmonar. Me explicaron que, al nacer a los seis meses, los pulmones de Sylvie eran como pétalos de papel húmedo, incapaces de abrirse por sí solos. El mismo oxígeno que la salvó en la incubadora terminó creando cicatrices en sus tejidos inmaduros. Era una ironía dolorosa: el aire que le daba la vida también la condenaba a depender de una máquina.

—Dime la verdad, por favor...

Mis ojos se cristalizaron y un miedo terrible se instaló en mí, construyendo un nudo en mi pecho y otro que ardía en mi garganta. No quería que le pasara nada a mi pequeña; ella había sufrido tanto incluso antes de nacer. Había luchado por su vida en varias ocasiones. Parecía que el mundo no la necesitaba, pero ella se aferraba a vivir porque sabía que yo sí; que yo la amaba y que no podría existir en un mundo donde ella no estuviera.

—No, cariño, Sylvie está sana... Por favor, me haces sentir como si fuera un mentiroso. Jamás te ocultaría nada, no sería capaz.

—Debiste esperarme... Por favor, no vuelvas a ir solo, ¿sí?

Él asintió.

—De acuerdo, de acuerdo. Será como tú quieres, cielo.

Quería saber si esto era definitivo o si mejoraría. Me dolía saber que mi hija dependería de aquello de por vida. Me sentía culpable porque ni siquiera fui capaz de llevar el embarazo a término para mantenerla sana.

—Necesito saber la opinión de su neumólogo —le recordé, mirándolo a los ojos. Él me dedicó una mirada compasiva.

—Todavía es muy pronto para determinar eso —contestó, abrazándome cuando empecé a llorar—. Tranquila, linda.

—Ni siquiera pude protegerla dentro de mi vientre. No debí subirme a ese coche, debí quedarme en casa... Siento que fue a raíz de eso, a raíz del accidente. Si no hubiera pasado por eso...

—No digas eso... ¿sí? No fue tu culpa. Solo nos toca esperar, no nos adelantemos. Ven —me guio—. Llamaré a la señorita Karen, necesitas descansar.

Dmitri llamó a la señorita Karen y ella se quedó con Sylvie mientras yo dormía. En aquellos días me sentía muy cansada, agotada para pensar. Solo quería dormir. Cuando lo hacía, aparecía una voz distinta a la de mi esposo que me susurraba palabras que no podía entender.

En una de esas siestas soñé de nuevo con ese hombre. Él y yo hacíamos el amor, y era inevitable despertar agitada. Sabía que no era él; sabía que no era Dmitri. ¿Y si le mentí a Dmitri? ¿Y si le dije que no había estado con nadie, pero en realidad estuve con otro hombre? ¿Acaso era él? Solo había una forma de saberlo, y era...

No, todavía no podía hacerlo... No me sentía lista para dar el siguiente paso. Estaba muy agradecida con mi esposo por su paciencia y su comprensión; tanto, que no podía evitar sentirme como una esposa desconsiderada.

—Te he traído algo de comer —avisó él, entrando con una bandeja en la mano.

—¿Eso es el desayuno? —pregunté totalmente sorprendida—. ¿Cuántas horas dormí?

—Cariño, últimamente me has dicho que estás muy cansada —confesó, acariciando mi cabello tras colocar la bandeja en mis piernas—. No te desperté por eso.

—¿Yo dije eso? —Acaricié mi cuello, buscando en mi mente aquel recuerdo—. No puedo recordarlo.

—No importa. Come, que se enfría.

Le di un mordisco al pan.

—Me resulta agradable verte así... comiendo —sonrió de una manera tierna—. En estos últimos meses has recuperado tu peso, Daphne, y eso es un gran avance.

—Quiero una segunda opinión... No es normal que hayan pasado seis meses y no pueda volver a recordar nada.

—Debemos tener paciencia, Daphne —acarició mi mano—. Es posible que no vuelvas a recordar nada de los últimos años, como también es posible que te despiertes mañana con todos esos recuerdos.

—¿Y eso no te afecta?

—No puedo negar que sí; sin embargo, no me hace mucho ruido...

—Pues a mí sí, Dmitri... A mí sí me hace mucho ruido. Solo quiero volver a ser yo. Siento que perdí mi identidad; no sé ni siquiera quién soy. Hay recuerdos que me atormentan porque no concuerdan con la imagen de "chica de casa" que me enseñaste, y eso me aterra.

—¿Y por qué crees que no soy yo? Solo estás confundida, amor.

Dmitri acarició mi mejilla, acortando la distancia entre nosotros. Su aliento rozaba mis labios, pero yo sentía una barrera invisible, una vibración que me advertía que retrocediera.

—Porque no lo siento —pronuncié con la voz temblorosa por los nervios—. Porque no es tu misma energía.

—¿Cómo lo sabes si no me dejas demostrártelo?

—Porque tengo miedo de no sentir lo mismo de antes cuando eso ocurra —sinceré, con el corazón martilleando contra mis costillas—. Primero necesito recordarte para desear sentirte.

—No —murmuró él, con una voz ronca que intentaba sonar seductora mientras depositaba besos tiernos en mi cuello—. Podemos crear nuevos recuerdos, cariño. Deja esos viejos fragmentos atrás, solo te confunden.

Cerré los ojos, intentando forzar a mi cuerpo a disfrutar de la sensación. Sin embargo, en un movimiento torpe de mi parte, la bandeja cayó al suelo. El sonido del metal chocando y la comida esparciéndose por la alfombra subrayaron el desastre que era mi mente.

Dmitri no se detuvo. Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo y yo entré en una especie de trance. Era inevitable. Mientras él me besaba, mi memoria traicionera me arrastraba de nuevo a ese hombre desconocido. Podía sentir sus manos apasionadas, su voz diciéndome cosas al oído, pero su rostro seguía siendo una mancha borrosa en la oscuridad de mi amnesia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.