De mi propiedad.

Todo lo que es mi esposo

Lloré. No me sentía orgullosa de lo que pasó entre mi esposo y yo, y no solo por eso, sino por el hecho de que jamás se detuvo. No lo hizo incluso cuando le pedí que parara, ni siquiera cuando vio que no lo estaba disfrutando. Mi deseo era nulo, inexistente. No deseaba tener intimidad con él; sentía como si mi cuerpo estuviera sucio, profanado. Mi mente no podía concebir aquella idea; era como si jamás hubiera pasado entre nosotros, aun cuando Sylvie era la prueba viviente de nuestra historia.

Perder mi memoria me afectó mucho. Tal vez era hora de aceptar que jamás volvería a ser yo misma y que ya no estaba enamorada de mi esposo. Era momento de partir junto a mi hija; ya no me sentía bien conmigo misma. No podía estar en un lugar donde me viera obligada a dejarme en segundo plano tan solo por no hacer sentir mal a Dmitri.

No me gustaba su forma de ser... A veces sentía que me trataba como a una persona inmadura y, además, presentía que me estaba escondiendo cosas. Las palabras que decía sobre mí no resonaban en mi interior; lo supe porque, en el fondo de mi cabeza, me sentía distinta. Ninguno de aquellos pensamientos de los que él hablaba con tanta seguridad moraba realmente dentro de mi mente.

Entré a la ducha y restregué mi cuerpo intentando quitar aquella suciedad y, a la misma vez, desengañándome. Me sentía incapaz de confiar en mi esposo, en el hombre que prometió ser paciente pero no cumplió su palabra. Jamás se detuvo; no lo hizo aun cuando me vio llorando. Estaba devastada.

—¿Puedo pasar? —preguntó en un tono gentil tras tocar la puerta.

Me tensé al sentir un sinnúmero de emociones invadir mi cabeza: ira, rabia, tristeza y decepción. Dmitri bajó del pedestal en el cual lo había puesto; para mí, dejó de ser aquel esposo abnegado que durante estos últimos seis meses aparentó ser.

—No quiero hablar contigo ahora —confesé—. Así que, por favor, te pido que te vayas.

Al parecer le disgustó lo directa que fui, pero realmente dejó de importarme. Yo solo quería salir de allí, pero mientras estuviera en esta casa, deseaba que mi estadía fuese pacífica. Lo que menos quería era que Sylvie se asustara.

—No, no me iré... Debemos hablar, Daphne —sentenció como si su palabra fuera ley.

Me adelanté con el corazón latiéndome a mil y le coloqué el seguro a la puerta para no arriesgarme.

—Entonces quédate esperando, pero te advierto que no pienso salir de aquí.

—Daphne, por favor, no seas infantil... ¿Ahora cada vez que haya un malentendido entre nosotros vas a esconderte en el baño? ¿Acaso la pérdida de memoria te afectó demasiado como para volverte con el razonamiento de una adolescente?

Abrí la puerta y lo encaré, frente a frente, furiosa. Era inaceptable cómo me estaba tratando; era inhumano que me dijera eso. Una persona que verdaderamente te ama jamás usaría tu condición en tu contra.

—No me hables así —dije, sintiendo un nudo en mi pecho—. Eres un desgraciado. ¿Cómo te atreves a usar mi condición en mi contra?

—Es la verdad... Actúa de una vez por todas como una mujer de verdad, Daphne. No como una colegiala.

—No te detuviste cuando te lo pedí —le reproché golpeando su pecho—. No lo hiciste. Ni siquiera te importó cuando me viste llorando...

—Creo que estás exagerando —dijo, evidentemente "afectado" o lastimado—. Estábamos haciendo el amor, ¡por el amor de Dios! Se supone que estabas entregándote a mí porque querías. ¿Ahora me culpas?

—Acepta tu responsabilidad, Dmitri, por favor... No me hagas replantear más lo que quiero hacer.

—¡¿Y qué demonios quieres hacer?! —rugió, acortando la distancia entre nosotros en un par de zancadas feroces.

Antes de que pudiera retroceder, sus dedos se cerraron alrededor de mi brazo con una fuerza descomunal. El miedo de que ocurriera algo más me paralizó. Mis músculos se tensaron hasta el punto del dolor y el aire se quedó atascado en mi garganta, como si sus manos no estuvieran en mi brazo, sino apretando directamente mis pulmones. Mis ojos se fijaron en los suyos, pero ya no reconocía al hombre que tenía delante; la sombra que proyectaba sobre mí me hacía sentir pequeña, vulnerable, como una presa acorralada por una bestia que finalmente ha perdido la paciencia. El pulso me retumbaba en los oídos, un tambor desbocado que ahogaba sus gritos, mientras mi piel se erizaba por el instinto primario de huir de alguien que, bajo la máscara del amor, acababa de mostrarme sus garras.

—¡Suéltame, estás lastimándome!

Intenté huir, sin embargo, me pareció totalmente imposible porque él era el doble de fuerte que yo. Por un momento creí que iba a golpearme; lo vi en sus ojos, en la manera tan escalofriante en la cual me miró.

—¿Qué harás? —farfulló iracundo—. He sido muy paciente contigo, Daphne, pero eso se te olvidó, ¿no es así? ¡Estoy intentando olvidar el hecho de que probablemente hayas tenido un amante en el pasado y, como si fuera poco, es lo único que mi esposa recuerda a la hora de hacer el amor!

¿Ahora me acusaba de ser infiel cuando antes me garantizaba que el único hombre en mi vida había sido él? Comprendí por qué lo hacía: solo quería hacerme sentir culpable. Solo eso. Y lo estaba logrando, porque me sentía como una mujer inmoral cada vez que mi mente viajaba a esas imágenes o recuerdos borrosos e inconclusos.

—Eso no te da el derecho de hacer lo que quieras cuando tenemos intimidad —puntualicé—. Si te digo que te detengas, tienes que detenerte.

—Eres una malagradecida —rio sin gracia, incrédulo—. Después de todo lo que hice por ti, ¿así me pagas? He sido un buen esposo, te he amado tanto que intento entenderte siempre y ser comprensivo, pero ya veo que eso no es suficiente. Estábamos haciendo el amor, me dijiste que me detuviera, creí que estabas de acuerdo en continuar. Yo sería incapaz de forzarte; no soy un violador, Daphne.

—Yo... yo...

—Sí, tú, tú... Tú solo piensas en ti, maldita sea. No piensas en este hombre que se muere por estar contigo y que anhela que su esposa también le corresponda de la misma manera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.