Narra: Mijaíl Mordoshov
Me quedé paralizado cuando Roxana me confesó todo acerca de su enfermedad. Y entré en pánico. Me explicó que el cáncer se había extendido a su cerebro y no había más nada que hacer que esperar los últimos días.
Todo mi cuerpo se quedó entumecido cuando me hizo aquella petición repentina, esa de hacerme cargo del hijo que abandoné. En otro momento de mi vida hubiera dejado claro que me parecía inaceptable, incluso dudaba de poder hacerlo; sin embargo, esta vez no tenía la valentía de negarme.
Desde que miré a ese niño a los ojos, no dejé de sentir esa culpa que a veces se escondía y disipaba cuando mi mente se entretenía con el trabajo o con alguna cosa vana.
Me sentí mal por ella. Aunque en los últimos años estuvimos alejados, yo la estimaba mucho porque alguna vez fue esa amiga con la que compartí mis secretos, mi felicidad y mi tristeza.
Pensé en el niño. Y mi pecho se apretó con fuerza. No era justo, ese niño necesitaba a su madre, no a mí. Yo solo era un hombre lastimado, amargado con la vida por haberme quitado a mi esposa. ¿Qué tenía yo para ofrecerle a ese niño que me miraba con tanta expectativa?
—Se lo debes, Mijaíl —volvió a insistir al notar que me había quedado petrificado—. Desde que empezó a hablar ha preguntado por ti, por su padre... Te pido que no le rompas el corazón.
Desvié la mirada. Se me estrujó el alma. ¿Cómo pude ser tan desalmado? Fui muy egoísta al marcharme y dejar a ese niño sin una figura paterna. Por primera vez me permití sentir culpa, aquella que siempre justifiqué con la magnitud del dolor desgarrador que sentía. Ahora la vida pretendía darme una lección. Estaba obligado a cumplir mi rol de una vez por todas con ese hijo.
—¿Qué te han dicho los doctores? —cuestioné sin poder creerlo. Esa noticia fue demasiado chocante para mí porque, a pesar de todos nuestros problemas, Roxana fue una persona demasiado importante en mi vida como para ignorar que se estuviera muriendo.
Se puso cabizbaja, jugó con sus dedos nerviosa, inhaló y exhaló varias veces, asustada.
—Llevo luchando con esta enfermedad desde que di a luz, Mijaíl —confesó—; ni siquiera he podido... disfrutar el tiempo con mi hijo. Obviamente... busqué opiniones médicas, pero al parecer la suerte no está de mi lado. No hay nada que pueda hacer. Me voy a morir... Moriré.
Las lágrimas de Roxana se deslizaban en sus mejillas. Deseaba abrazarla para darle apoyo y ver si así ese desgarrador dolor se desvanecía un poco, pero aun así no lo hice; solo acaricié una de sus manos.
—Sé que... no lo vas a querer como se supone que un padre ama a su hijo porque no es hijo de Sylvia... pero ten compasión, Mijaíl... Me... estoy muriendo y... —sollozó— sería cruel si no te tuviera.
—No sabes cuánto lo siento, Roxana —murmuré—. Siento mucho por lo que estás pasando. Si hay alguna otra cosa que pudiera hacer por ti, no dudes en pedírmelo.
—No quiero nada más, solo quiero asegurarme de que mi hijo quede en buenas manos. ¿Podrías? Mañana me voy a internar en una clínica para los cuidados paliativos; por favor, di que sí.
Nunca me sentí tan obligado y a la vez tan acorralado como ese día. No me sentía en la facultad de negarme a cumplir con mi responsabilidad; sin embargo, varias preguntas hicieron eco en mi cabeza. Y ese sentimiento de traición, sentir que traicionaba lo que Sylvia y yo alguna vez tuvimos y el deseo de que fuéramos padres, los dos... No lo merecía, no merecía vivir esta experiencia sin mi Sylvia. Se suponía que ella y yo...
Pero era un hecho: debía cumplir con mi responsabilidad moral.
—Mijaíl, es tu hijo.
No pude esquivar su mirada suplicante. Intentó insistir porque percibió inseguridad en mi postura. Estaba perdido en mis pensamientos repasando cómo sería mi vida de ahora en más con un niño. ¿Y si lo lastimaba? ¿Y si mi amargura me invadía? ¿Estaba siendo muy mezquino? De nuevo pensaba solo en mí y no me detenía a pensar en ese niño que estaba a punto de perder una de sus figuras principales.
—No tengo nada que ofrecerle. Sin embargo, puedes estar tranquila, haré mi más grande esfuerzo.
Lo único que quedaba dentro de mí se estaba marchitando con el tiempo. Por mucho que había intentado avanzar, sentía que regresaba al mismo lugar. Era incapaz de no sentir ese vacío que nunca se llenó. Las cosas que yo hacía eran robóticas, deberes; no existía una emoción genuina en mis hechos. Intentaba fingir felicidad, pero la verdad era que, aunque luchaba, no lo conseguía. Solo era una máscara, nada más.
—Sé que para ti no ha sido fácil; después de la muerte de Sylvia tu vida cambió, pero tu hijo necesita un padre.
—¿Crees... que esto será una buena idea? —cuestioné, esperanzado de que la mujer desistiera de esta locura—. ¿Crees que acepte quedarse... conmigo?
—Tú eres un buen hombre, Mijaíl —me dijo, la sentí honesta—. Sé que vas a poder darle una vida digna a nuestro hijo.
—¿Por qué no lo dejaste con Adriana?
—Porque Mikhail solo quería quedarse al lado de su padre —contestó—. Mikhail es un niño muy inteligente, no lo podía seguir engañando.
—Él... lo sabe... ¿sabe de tu enfermedad?
Un silencio sepulcral fue lo que recibí por respuesta. Al parecer el niño se encontraba ajeno a lo que fuera que estuviera ocurriendo con su madre.
—¿No se lo has dicho aún? —insistí con angustia. Esto sería más difícil de lo que pensé—. Roxana, debes decirle. No puedes desaparecer de la vida de tu hijo sin ninguna explicación.
No, esta no era la manera correcta; Roxana nunca debió ocultar nada a su hijo.
—Es que es muy pequeño, él... no lo entendería. Él es inocente, Mijaíl, sabe que su madre ha estado enferma, pero no a esa magnitud. Ni siquiera sabe que las personas pueden morir... ¿Cómo le explico yo?
—¿Qué tal si te quedas aquí? —le propuse con la esperanza de que la estadía con Mikhail no se sintiera tan vacía. Sabía que una vez que Roxana se fuera, Mikhail analizaría el desprecio inconsciente de su padre y su corazón se entristecería. Solo era cuestión de tiempo o al menos hasta que me acostumbrara a su presencia lo suficiente.
#1302 en Novela romántica
#465 en Novela contemporánea
darkromance, secretosdefamilia, relación tóxica/odio-atracción
Editado: 31.03.2026