¿Quién dijo que Cupido tenía que ser un niño en pañales con alas y un arco? ¡Pamplinas! ¡El verdadero Cupido tiene cuatro patas, un hocico adorable y una obsesión peligrosa por las galletas!
Yo soy la prueba viviente de ello. Bueno, viviente a secas, porque de enamorar a alguien me encargo cuando no estoy ocupado muriéndome de aburrimiento sobre la alfombra de un bufete de abogados mundialmente reconocido.
Todo iba de maravilla hasta que apareció ella.
La exnovia de mi humano. Una mujer preciosa, con cara de querer demandar hasta al mismísimo aire y una sentencia matrimonial que, según ella, jamás había firmado.
¡¿Matrimonio?! ¡¿Mi humano casado?! ¡¿Y nadie me había informado de que tendría una mamá que me diera galletas?!
Porque, vamos, ella es justo lo que nos faltaba para ser felices. Mi humano necesita una mujer que lo saque de su malhumor, yo necesito a alguien que me consienta y ambos necesitamos urgentemente que esa señora deje de amenazar con destruirnos la vida.
Aunque, entre nosotros, si la destrucción incluye galletas de mantequilla, estoy dispuesto a negociar.
El problema es que mi humano no quiere saber nada de su ex, ella quiere anular una boda que asegura no haber celebrado y yo tengo un plan infalible para juntarlos: perderme en el momento oportuno, robarles comida durante sus discusiones y, si hace falta, sentarme sobre los documentos legales más importantes.
¡Porque el amor puede ser complicado, los abogados pueden ser insoportables y los humanos pueden ser unos completos idiotas!
Pero cuando hay un golden retriever de por medio, ningún corazón está a salvo.
Y si para conseguir que mis humanos vuelvan a enamorarse tengo que convertirme en el perro más entrometido del mundo…
¡QUE SE PREPAREN, PORQUE ESTO SE VA A PONER DE PELOS!
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Editado: 29.10.2026