De Vuelta A Mi Vida De Mierda

Capítulo 1 - Un nuevo comienzo... ¿o no?

Día XX / Mes XX / Año XXXX

Edad de Zane: ???

—Mi nombre... es Zane.

Es una tontería.

Lo sé. Una tontería enorme.

Y aun así... se siente bien.

Hace tanto tiempo desde la última vez que lo pronuncié en voz alta que suena ajeno, como una reliquia robada de una vida que ya no me pertenece. Pero aun así, ese nombre enciende algo pequeño y cálido en medio de la nada. Un diminuto fuego que se niega a apagarse.

—Sí, sí... muy conmovedor —interrumpe la voz dentro de mi cabeza, con ese tono burlón que ya empieza a resultarme familiar—. De verdad, casi lloro. Bueno... no. Ni de lejos.

Ahí está otra vez.

—Zane, ¿eh? —continúa—. Vaya nombrecito.

Ignorarlo sería lo más sensato.

Pero no puedo.

No cuando está dentro de mi cráneo.

No cuando su presencia pesa como plomo sobre un alma que aún no ha terminado de despertar.

—Tiene gracia —añade con tono burlón—. "Gracia de Dios".

Silencio.

Mi mente reacciona sola.

Zane. Hebreo.

"Regalo de Dios".
"Gracia de Dios".

Un idioma muerto que volvió a la vida.

Como yo.

Qué ironía tan cruel, tan afilada, tan perfecta.

—Efectivamente —responde, como si leyera cada uno de mis pensamientos—. La gracia de Dios. Es decir... yo.

Aprieto los dientes. O al menos lo intento.

—¿Siempre eres así de insoportable?

—Solo cuando me esfuerzo poco.

Silencio.

No debería sorprenderme ya.
Nada de esto debería.

Y aun así...

—Tu nombre se queda —continúa—. No hay reinicio completo. No eres especial.

—Nunca dije que lo fuera.

—No hace falta. Se nota.

...

No recuerdo casi nada de mi vida anterior.

Ni rostros. Ni lugares. Ni momentos importantes.

Solo fragmentos rotos que flotan como cenizas en el viento.

Pero este nombre sigue aquí.

Zane.

Y por ahora... eso es suficiente.

—¿Sigues pensando que esto es un sueño? —pregunta.

No respondo.

—Qué adorable.

—¿Qué eres? —insisto.

—Ya te lo dije.

—No te creo.

—No necesito que lo hagas.

Silencio.

—¿Tu nombre? —pregunto de nuevo.

Por primera vez, parece interesado.

—¿De verdad quieres oírlo?

—Sí.

—Bien. Escucha.

Lo que llega no son palabras.

Es ruido. Distorsión. Un sonido que atraviesa mi mente como un cuchillo de hielo. Mi cabeza se parte en dos. Me llevo las manos a las sienes, aunque no tenga manos, aunque no tenga cuerpo.

Duele.

—Te lo advertí —dice con calma.

El mundo empieza a deshacerse. Su figura se retuerce, se dobla en ángulos imposibles. Como si nunca hubiera tenido una forma real.

Y entonces...

todo se rompe.

Día 01 / Mes 11 / Año XXXX

Edad de Zane: ???

Luz.

Demasiada. Brutal. Ardiente.

No es la oscuridad cálida de antes. Es invasiva, afilada, como si el mundo entero me estuviera dando la bienvenida con una bofetada.

Intento moverme.

No puedo.

Intento hablar.

No puedo.

Pero siento.

Voces nerviosas. Manos. Algo que corta. Algo que se separa.

Y luego... me levantan.

Calor.

Suave.

Seguro.

Brazos.

Instintivamente lo sé: brazos de madre.

Y ese conocimiento me paraliza más que cualquier dolor.

No quiero mirar.

Tengo miedo.

¿Y si no la reconozco?

¿Y si es una extraña?

¿Y si todo esto es otra broma cruel?

Durante todo ese tiempo en la habitación blanca olvidé demasiadas cosas importantes. Rostros. Voces. El calor de quien te trajo al mundo.

Ese miedo me ahoga más que la muerte.

Entonces—

—¿P-pequeño...? —susurra una voz temblorosa.

Mi cuerpo reacciona antes que mi mente. Levanto la mirada.

Y la veo.

Mi madre.

Más joven. Exhaustada. Al borde del llanto.

Pero viva.

La reconozco.

Algo dentro de mí se quiebra con fuerza. La niebla se disipa. Las lágrimas llegan calientes, constantes, incontrolables.

No es llanto de bebé.

Es mío.

—Llora —dice el doctor con una sonrisa—. Está bien.

—...mamá...

No puedo decirlo en voz alta, pero lo pienso con todo lo que soy.

—Mi niño... —susurra ella, abrazándome contra su pecho.

Cierro los ojos.

No otra vez.

No esta vez.

No voy a fallar.

No voy a perderte.

Lo juro.

Aunque no recuerde exactamente por qué...

lo juro con cada latido de este corazón nuevo.

Día 21 / Mes 11 / Año XXXX
Edad de Zane: 20 días

El tiempo pasa.

Rápido.

Demasiado rápido.

Veinte días.

Y no ha pasado nada importante.

Salvo... ser un bebé.

Lo cual, siendo honesto, es humillante.

No poder moverte. No poder hablar. No poder controlar ni lo más básico. Condenado a depender completamente de otros.

Pero tiene ventajas.

Te cuidan.
Te protegen.

Te quieren.

Sin condiciones. Sin expectativas. Sin deudas.

Supongo que... no está tan mal.

Día 25 / Mes 12 / Año XXXX
Edad de Zane: 1 mes y 24 días

Navidad.

Mi primera en esta vida.

Nunca fui alguien que se emocionara especialmente con estas fechas.

Pero ahora... es diferente.

Porque estoy aquí.

Con ellos.

Mi madre, Paula.

Mi padre, William.

No recuerdo casi nada de ellos.

Pero eso ya no importa.

Porque esta vez...

voy a hacerlo bien.

Voy a crear recuerdos nuevos.

Mejores.

Más fuertes.

Cierro los ojos lentamente.

El sueño llega fácil. Natural. Como debería ser.

Despierto de golpe.

Voces. Risas. Calor de hogar.

No puedo verlos todavía.

No puedo moverme.

Pero puedo escuchar.

Y por ahora... eso es suficiente.

—¿Podemos ver al pequeño?

—Claro —dice mi madre con orgullo—.

Pasos cercanos.

Me levantan con cuidado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.