Día 25 / Mes 12 / Año XXXX
Edad de Zane: 1 mes / 24 días
Alguien podría pensar que estoy mirando las luces del árbol, los colores brillantes o la decoración navideña que inunda la sala.
Pero no.
Estoy mirando el cabello de una niña.
Un tono imposible. Cálido. Vivo. Como si el amanecer hubiera desertado del cielo para quedarse atrapado para siempre en esas hebras, pintando el mundo con un color que no pertenece a esta realidad. Es demasiado perfecto. Demasiado puro. Como si alguien hubiera robado un fragmento de aurora y lo hubiera tejido con delicadeza cruel en cabello humano.
La niña lleva un ridículo disfraz de elfo que, sorprendentemente, le queda bien. Su madre la sostiene con esa sonrisa suave y orgullosa que solo tienen las madres que aún ignoran lo frágil que es todo.
—Hola, Zane —dice la mujer con voz amable—. Espero no molestarte.
Mi madre ríe con orgullo.
—Te presento a mi hija. Se llama Lía.
Lía.
La palabra resuena dentro de mí como un eco que viene de muy lejos.
Hebreo.
“Cansada”. “Trabajadora”.
Aunque también puede significar “leona”.
Ahora mismo parece cualquier cosa menos una leona. Pequeña. Delicada. Como si el mundo pudiera apagarla con solo respirar demasiado fuerte.
Un hombre se acerca con un carrito doble y levanta la tela. Otro bebé duerme plácidamente. El mismo cabello imposible, solo que más tenue, como si aún estuviera formándose.
—Se llama Azreyh —dice el padre con orgullo.
“León de Dios”.
No está mal.
Nombres bíblicos. Cabello que desafía la lógica. Una combinación que grita que nada de esto es casualidad.
Los adultos hablan de trivialidades. Yo solo puedo escuchar, atrapado en este cuerpo diminuto, condenado una vez más a ser un espectador silencioso.
No persigo grandes ambiciones. No sueño con cambiar el mundo ni con convertirme en alguien memorable. Ni siquiera estoy seguro de haber pedido realmente esta segunda oportunidad. Solo quiero existir… sin que cada latido duela tanto
Y aun así… hay algo.
Una sensación antigua que se clava como una espina entre las costillas. Un recuerdo incompleto que se niega a tomar forma, pero que sangra constantemente.
Alguien a quien debía proteger.
Alguien pequeño.
Alguien que perdí.
No recuerdo su rostro. Ni su voz. Solo queda el eco de una ausencia, un hueco helado en el pecho que se abre un poco más cada vez que respiro. La vaga certeza de que alguna vez fallé. De que alguien importante desapareció porque yo no fui suficiente.
No lo recuerdo bien.
Pero duele.
Y ese dolor es lo más real que he sentido desde que volví.
Mis párpados se cierran.
Despierto con más voces, más risas y más calor de hogar. Navidad en su punto más alto.
Ahora estoy en brazos de mi padre. Mi madre habla animadamente. Lía duerme. Azreyh es alimentado.
Normalidad.
Tengo hambre, pero no de leche. Quiero comida de verdad. Otra limitación más en este cuerpo prestado.
Esto es frustrante.
Profundamente frustrante.
Solo observar.
Esperar.
Existir.
Como antes.
No.
Esta vez no.
Voy a crecer.
Voy a hablar.
Voy a entender.
Voy a recordar.
No sé cómo.
Pero lo haré.
Si tengo una razón para estar aquí…
es esa.
Día 17 / Mes 04 / Año XXXX
Edad de Zane: 6 meses y 16 días
Hoy es diferente.
El mundo se ve más nítido. Más definido. Puedo enfocar mejor. Entender más.
Y sin embargo, hay algo que no ha cambiado.
Ese cabello.
Ahora lo entiendo mejor. No es solo bonito. No es solo extraño. Es una anomalía hermosa y perturbadora. Como si alguien hubiera tejido un pedazo de atardecer prohibido en hebras humanas y lo hubiera dejado caer aquí, entre lo ordinario.
Como si ese color llevara un secreto.
Una promesa rota.
Un juramento que alguna vez hice y que fallé.
Ese cabello me inquieta de una forma profunda, casi primitiva. Despierta algo antiguo dentro de mí. Un instinto. Un miedo. La vaga sensación de que alguna vez juré proteger a alguien con un color similar… y que no lo conseguí.
Alguien pequeño.
Alguien frágil.
Alguien que ya no está.
No lo recuerdo.
Pero duele.
Y ese dolor… es lo más real que he sentido desde que volví.