De Vuelta A Mi Vida De Mierda

Capítulo 8 — Título Genérico

Aquí el Creador, JaimeChrono. Quiero hacer una dinámica sencilla: cada cierto número de seguidores vamos a celebrar un día antes de subir el siguiente capítulo. Así hasta el capítulo 40.

Si quieres seguir la novela, me encuentras aquí:

https://x.com/01Chrono

Espero que os esté gustando el capítulo de hoy, gracias por leer.

Capítulo 8 — Título Genérico

Día 7 / Mes 03 / Año XXXX
Edad de Abby: 3 añitos~

Ese niño… Zev.

Hehehe…

Qué cara puso cuando lo llamé así.

Fue perfecta. Como si su mente hubiera chocado contra algo que no lograba procesar. Por un segundo pareció enfadado, luego confundido, y finalmente… resignado, como si ya estuviera acostumbrado a que el mundo no encajara del todo a su alrededor.

Me gusta.

Es distinto.

No como los otros niños, que solo corren, gritan y lloran sin motivo. Él observa. Piensa. No encaja en este mundo ruidoso y simple.

Como mi abuelito.

Como los sueños raros que tengo por las noches, esos que me dejan con una sensación extraña en el pecho, como si alguien susurrara secretos que no debería conocer todavía.

—Laralarala~

Camino dando saltitos, balanceando los brazos. Hoy no fue aburrido. Hice un amigo interesante. Uno que parece llevar algo muy pesado dentro, igual que yo. Un peso que no se ve, pero que se siente en el aire cuando está cerca.

—Papi~

Corro hacia él. Sus brazos siempre me esperan, cálidos y seguros.

—¿Cómo está mi pequeña Abby? ¿Hiciste amigos hoy?

Asiento con fuerza.

—Shi~ Ise un amigoh muy diveltido.

Mi papá sonríe, pero su sonrisa cambia un poquito en las comisuras. Siempre lo hace cuando hablo de niños nuevos. Como si temiera que algo malo pudiera pasar. Como si supiera que hay cosas que ni siquiera él puede protegerme.

—Qué bien, cariño… Vámonos a casa.

Mientras caminamos, miro hacia atrás.

Zev está con su mamá. Ella es joven y bonita. Me pregunto si mi mamá también se veía así.

No lo sé.

Solo la veo en sueños. A veces riendo. A veces llorando. A veces diciéndome cosas que no entiendo, con una voz que suena como si viniera de muy lejos… de un lugar donde ya no está. Esos sueños me dejan una sensación rara en el pecho, como si algo dentro de mí estuviera recordando algo que aún no ha sucedido.

Sacudo la cabeza y aprieto más fuerte la mano de papá.

No quiero pensar en eso ahora.

Día 5 / Mes 05 / Año XXXX
Edad de Zane: 3 años

Los días siguieron pasando, suaves y engañosos, como agua que parece quieta pero arrastra todo por debajo.

La profesora decidió hacer grupos de cuatro. Abby ya estaba pegada a mi lado como una sombra sonriente y persistente. Lía se acercó tímidamente poco después. Solo faltaba uno.

Ariel estaba solo, mirando al suelo como si quisiera desaparecer.

—Hola Ariel… ¿Quieres estar en mi grupo?

Se sorprende tanto que casi da un paso atrás.

—¿No quieres?

Abby aparece de repente, como siempre.

—¡N-no! —dice Ariel, rojo como un tomate—. Vaih a leilos de mi nomble…

—¿“Ariel”? —pregunto con calma.

—¡N-no te lias!

Me río. No de él. De lo absurdo de la situación. De lo frágil que es todo. De cómo un nombre puede convertirse en una herida tan pequeña y tan grande al mismo tiempo.

—No me malinterpretes… Yo no me burlo de tu nombre. Ese nombre es importante. Puede significar “León de Dios”… algo fuerte. Algo bendecido.

Ariel me mira con los ojos muy abiertos, como si le hubiera entregado un tesoro que no esperaba.

—¿Quieres poder hablar correctamente con los demás?

Él duda. Luego asiente lentamente.

Siento el clic. Otra pieza moviéndose en el tablero invisible.

De repente, las palabras salen más claras. Más fluidas. Como si siempre hubieran estado ahí. Otra “carta trampa” del dios. Otro regalo con precio oculto.

Abby me mira con curiosidad brillante.

—Wow Zev… sabes muchas cosas~

No respondo. Solo observo al grupo que se ha formado: Abby, Lía, Ariel y yo.

Cuatro piezas.

Cuatro hilos tirando en la misma dirección.

Y en medio de todo, Abby seguía mirándome con esa sonrisa que no terminaba de ser infantil. Como si guardara secretos que ni ella misma comprendía del todo. Como si viera algo en mí que los demás aún no podían ver.

Los meses pasaron, suaves por fuera, pero cargados por dentro.

Mi relación con los tres cambió poco a poco. Ariel ya no se ponía tan a la defensiva. Lía hablaba con más naturalidad, aunque todavía se sonrojaba fácilmente. Y Abby… Abby seguía siendo Abby.

—Zev, ¿me pasas el rojito?~

—Claro, Abby. Ten.

Sigue llamándome Zev. Y por alguna razón absurda, ya no me molesta. Incluso me genera una nostalgia extraña y peligrosa, como si ese nombre equivocado fuera lo más honesto que tengo en esta vida.

Hoy nos sacaron al jardín para dibujar el paisaje en vivo. Flores de todos los colores, césped verde, un cielo azul casi perfecto.

El dibujo de Abby era caótico, lleno de energía y colores que parecían a punto de salirse del papel. El de Ariel era ordenado y técnico. El de Lía era… peculiar. Y el mío era tan genérico que perfectamente podría titularse “Título genérico”.

Mientras sostenía torpemente el lápiz con esta mano pequeña, no pude evitar pensarlo:

Esto es el paraíso comparado con aquella habitación blanca.

Ya no estoy condenado a ver cómo la vida pasa sin poder tocarla. Ahora tengo las riendas. Puedo decidir cómo quiero vivir esta segunda oportunidad.

O al menos… eso quiero creer.

Porque en el fondo, sigo sintiendo que alguien más sigue moviendo las piezas en el tablero.

Y que yo, una vez más, estoy exactamente donde quieren que esté.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.