De Vuelta A Mi Vida De Mierda

Capítulo 14 — Promesas en la oscuridad

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Capítulo 14 — Promesas en la oscuridad

Día desconocido / Mes desconocido / Año XXXX

Edad de Zane: 7 años

Rodrigo…

Esta vez no voy a fallarte.

Esta vez estaré a tu lado hasta el final.

No te dejaré solo. No te abandonaré.

Te lo prometo con cada cicatriz que aún llevo por dentro.

Las partidas fueron tan aburridas como esperaba. Gané todas sin esfuerzo real. Ni siquiera tuve que pensar demasiado. Al fin y al cabo, solo eran niños.

Las siguientes rondas fueron más de lo mismo. Gané todas las mías. Abby, Lía, Ariel y Eizen también consiguieron victorias. Eizen, en particular, jugaba con una precisión sorprendente para su edad; casi parecía un jugador experimentado. Tal vez no exageraba al pensarlo.

Después de varios emparejamientos, nos tocó enfrentar al grupo donde estaban ellas.

—Bien —anunció la profesora—, el siguiente grupo será contra el de Evely. El orden es el siguiente:

Ariel y Ortega.

Abby y Clara.

Lía y Eric.

Rodrigo y Kate.

Por alguna razón, Rodrigo ocupaba el lugar de Eizen. Este último había dicho que le aburría seguir jugando y que lo único que quería era enfrentarse a mí.

No lo culpaba. Todo esto era tedioso.

—Y por último… Zane y Evely

Hehehe.

Esa risa.

Esa risa suave e infantil resonó en el aula como una cuchilla disfrazada de campana. Sentí cómo mi interior se helaba. No era furia caliente. Era un odio antiguo, profundo y molesto.

Mis manos se cerraron lentamente bajo el pupitre. No con fuerza descontrolada, sino con una calma helada. Ya sabía lo que venía.

Lía me miró de reojo, preocupada.

—¿Zev? Otra vez te quedaste callado…

—Lo siento —respondí suavemente, forzando una sonrisa—. Te prometo que esta vez miraré tu partida.

Su collar brillaba con inocencia. Por un instante, esa pequeña luz logró calmar la oscuridad que crecía dentro de mí.

Las partidas previas transcurrieron sin importancia. Mi atención estaba fija en el tablero del fondo.

Zane vs Evely

Cuando llegó nuestro turno, me senté frente a ella. Evely sonreía con esa dulzura falsa que conocía demasiado bien. La misma que usaba en mi vida anterior. La misma que usaría en esta.

—Zevy —dijo en voz baja, inclinándose ligeramente—, quiero ver de qué estás hecho. Juega en serio… no me decepciones.

Desde el primer movimiento usó su manipulación con maestría: miradas intensas, sonrisas sugerentes, roces “accidentales” con los dedos al mover las piezas y comentarios que buscaban meterse en mi cabeza.

—Qué interesante eres… —murmuró mientras yo avanzaba mis piezas—. Mucho más maduro de lo que aparentas. Me gusta.

Yo jugué con una frialdad quirúrgica. Bloqueé cada intento de distracción. Presioné sin misericordia. Cuando capturé a su reina y di mate poco después, Evely se quedó mirando el tablero en silencio.

—Zevy, ¿No serás amable conmigo? —preguntó inclinando la cabeza.

—No —respondí con frialdad—. No suelo serlo.

Avancé con un gambito agresivo, presionando su centro sin piedad. Evely empezó a cometer errores pequeños. Su sonrisa se fue tensando. En el movimiento 14 capturé su torre con un sacrificio de alfil que la dejó visiblemente frustrada.

—Zevy es muy malo~ —dijo con voz juguetona, intentando recuperar el control.

No contesté. Solo la miré. Frío. Vacío. Como quien observa a una víbora dentro de un frasco.

Poco a poco su sonrisa se fue debilitando. Para el movimiento 18 ya estaba claramente perdida. Intentó un contraataque desesperado, pero lo bloqueé con facilidad.

—Jaque mate —dije en voz baja.

Cuando di jaque mate en el movimiento 23, lo hice con absoluta calma. Evely se quedó mirando el tablero, pálida. Por primera vez, vi odio real asomando detrás de su máscara.

—…Qué bueno eres —murmuró forzando una sonrisa.

Yo solo incliné la cabeza.

—Gracias —respondí sin emoción—. Tú también lo serás… algún día.

Rodrigo vs Kate

Kate se sentó frente a Rodrigo con esa expresión angelical que dominaba a la perfección: ojos grandes y vulnerables, mejillas sonrojadas, sonrisa tímida y voz temblorosa.

—Rodrigo… por favor ve despacio —susurró con dulzura—. Soy muy mala en esto… me da nervios jugar contra ti.

Usaba su inocencia como un arma afilada. Cada mirada, cada pequeño suspiro, cada vez que se mordía el labio, parecía una niña frágil e inofensiva. La misma máscara que destruyó vidas enteras.

Rodrigo jugó en silencio, con el rostro serio. Kate intentaba distraerlo con comentarios dulces y miradas de falsa humildad. Sin embargo, Rodrigo la venció con un ataque directo y contundente.

Cuando cayó en jaque mate, Kate abrió mucho los ojos, parpadeó varias veces y luego bajó la mirada con una sonrisa triste y resignada.

—Eres muy fuerte… —murmuró con voz quebradiza—. Me ganaste fácil. Felicidades, Rodrigo.

Parecía humilde. Inocente.

Pero ambos sabíamos la verdad.

Rodrigo no dijo nada. Solo se levantó y volvió a su asiento. Nuestras miradas se cruzaron. En sus ojos vi el mismo reconocimiento oscuro que yo cargaba.

Después de clases

Cuarto de Zane

Cerré la puerta con llave, apagué las luces y me senté en el suelo, en la misma posición en la que tantas veces me había roto en mi vida anterior.

Los recuerdos llegaron como cuchillos calientes, desgarrándome por dentro.

Hoy volví a ver a mi antiguo mejor amigo. El único que me tendió la mano cuando todo el mundo me escupió.




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