Después de esperar varios minutos, finalmente pasó el autobús y pudimos tomarlo. Ya adentro, notamos que no había mucha gente, por lo que había bastantes asientos disponibles. Decidimos sentarnos en la parte de atrás. Pagamos al conductor y caminamos hacia los asientos.
Una vez sentados, empecé a sentirme demasiado nerviosa; tanto, que a cada rato me miraba en mi espejo de mano, observándome detenidamente. Hugo lo notó, a pesar de que fingía dormir en su asiento. Lo miré con los ojos entrecerrados y vi que me observaba; de inmediato giré el rostro para mirarlo mejor.
Jamás lo había visto tan detenidamente. Hugo no era realmente un tipo agraciado físicamente, algo que había notado desde el primer día: lo delgado que era, sus ojeras oscuras y su barba, que en realidad no le favorecía para nada. No era larga, pero la textura de su vello no le iba bien. Eso sí, era bastante alto.
Seguíamos en el autobús: yo nerviosa y Hugo siendo Hugo. El viaje se me estaba haciendo eterno y no sabía si era por mis nervios y las ganas de llegar de una vez, o porque realmente quedaba lejos. Para distraerme un poco, me puse a escuchar música.
De pronto, Hugo se levantó y yo hice lo mismo; al parecer, ya nos íbamos a bajar. El autobús se detuvo cuando Hugo le gritó al conductor, y descendimos. Llegamos a lo que parecía ser un pueblito. Hugo me indicó que lo siguiera y caminé detrás de él.
En la calle paralela a donde nos dejó el autobús, nos encontramos con una señora y la que parecía ser su hija. Hugo las saludó, mientras yo solo observaba. Por un segundo miré a la señora: me pareció realmente hermosa. Hugo me indicó que me acercara y se apresuró a presentarnos.
__Mira, Naho, ella es mi mamá y mi hermana.
__Ah, qué bien. Hola, mucho gusto, soy Nahomi -dije.
__Ah, mucho gusto, mijita. Soy Brenda -respondió la señora.
Su hija, por otro lado, me saludó con la mano y una sonrisa en el rostro.
__Mamá, ¿no la quieres como suegra? -dijo Hugo de repente, haciéndose el bromista.
Su madre solo sonrió y dijo que iba de salida con su hija. Antes de irse, les advirtió que no hicieran desastres en la casa. Luego se marcharon, y nosotros seguimos nuestro camino.
Después de caminar un par de minutos, llegamos a la tan esperada casa. Al llegar, Hugo llamó a Juan para que nos abriera, y mi corazón solo pudo latir cada vez más fuerte.
La casa era bastante bonita. Estaba enrejada y tenía una pequeña terraza; en ella había una mecedora y un par de sillas. La puerta estaba abierta, así que se podía apreciar un largo pasillo que conducía hasta un pequeño patio al fondo.
Desde las rejas, a lo lejos, pude ver cómo una persona comenzaba a acercarse por el pasillo. Lo reconocí al instante: era Juan. Nos abrió la puerta, me invitó a pasar y me saludó con amabilidad. Luego me ofreció sentarme en la mecedora.
Hugo entró a la casa para guardar su bolso y sus cosas. Por otro lado, Juan me pidió un momento, ya que parecía estar cocinando algo cuando llegamos. Yo me quedé observándolo desde la terraza, pues la cocina estaba ubicada junto a la sala.
La casa, en realidad, era pequeña; más bien parecía casi que un departamento. Aun así, era bastante acogedora.
......
Al cabo de unos minutos, vi que Juan se acercaba hacia mí con un plato en las manos.
__Hola nuevamente, Naho. Disculpa, estaba preparando algo para comer -dijo-. Mira, toma.
En ese momento vi que me ofrecía el plato; había unas empanadas, pero la verdad me daba pena recibirlo.
__No, tranquilo, no tengo hambre.
__No, nada de eso, Naho, recíbelo.
__Pero no, por favor, no tengo hambre -le dije, casi haciendo pucheros.
__Bueno, Naho, está bien, pero entonces te las voy a empacar para que te las lleves.
__Bueno, está bien -respondí, aún sintiendo un poco de vergüenza.
Lo vi regresar a la cocina para guardar el plato y servirse algo para él. Mientras tanto, Hugo ya se había sentado frente a mí en la terraza para acompañarme. Al rato llegó Alex, un amigo de ambos, de Juan y de Hugo, y al parecer también su cuñado, ya que era el novio de su hermana. Pude notar que era bastante bromista, igual que Hugo.
No hubo un solo momento en el que Juan no estuviera presente en el que ellos dejaran de molestarme con Luke; y, claro, Hugo no sabía guardarse nada. Al poco rato, Juan se acercó y se sentó a mi lado en una de las sillas. Yo me sentía demasiado nerviosa, tanto que no lo había mirado realmente desde que se había acercado. Para mi sorpresa, él tampoco me hablaba.
Habíamos estado varios minutos conversando entre todos, pero Juan no se dirigía directamente a mí. Y, por si fuera poco, me habían tenido de burla con lo de Luke casi todo el tiempo.
__ ¿Ya? Sí, deja de joder con eso, Hugo -dije, ya un poco molesta.
__ JAJAJA, cuando seas novia de mi hermano, ahí sí te voy a dejar de molestar -respondió en tono burlón.
Decidí no responder. Simplemente me quedé callada. Literalmente, todos terminamos en silencio, por pura incomodidad. Juan seguía sin hablarme, y de cierta manera entendía por qué: Hugo y Alex realmente se estaban pasando, poniéndonos incómodos a los dos con preguntas y hasta con cosas que querían que hiciéramos, como darnos un beso.
-¡Beso, beso! -repetían Hugo y Alex una y otra vez.
__ ¿Ya, sí? ¿Cómo nos vamos a besar si ni siquiera hemos formalizado nada? -dijo Juan.
Yo, por mi parte, preferí quedarme callada.
Después de unos minutos, dejaron de molestar y finalmente nos dejaron solos. Pude notar que Juan ahora sí tenía intenciones de hablar.
__Bueno, Naho, ¿cómo vas?
__Pues bien, bien... ¿y tú?
__Bastante bien. Qué bueno que estés aquí.
__Mira, Naho, en sí... ¿cómo están las cosas? ¿Cómo te sientes?
__Pues la verdad ya me siento bastante bien.
-O sea, ¿pero te sientes realmente lista para una relación?
__Bueno, realmente lista no. La verdad quiero darme mi espacio. Además, el problema también son mis padres; por todo lo que pasó anteriormente, no quieren que lleve ningún novio a la casa, y se entiende porque ha pasado muy poco tiempo.