Los últimos días de la semana habían sido algo complicados. Había estado muy ocupada con un proyecto de clases y, además, mi madre se había mostrado bastante insistente con lo de mi enfermedad. Pero, sobre todo, me tenía inquieta el hecho de no haber podido darle una respuesta definitiva a Juan sobre si realmente podría acompañarlo al partido.
Había estado tan distraída con todo lo demás —el proyecto, mi lucha constante con la comida— que casi no había tocado el tema de la cita con Juan. Ya mañana era domingo y no sabía qué hacer. No tenía idea de qué podría decirle a mi mamá para que no pusiera tantos problemas, y no se trataba solo de inventar una excusa, sino de convencerla de dejarme ir a la ciudad.
Si bien allí estaba ubicado el instituto, esta vez era muy diferente, ya que Juan vivía mucho más lejos de donde normalmente iba. Eso hacía que todo se sintiera más complicado y riesgoso, y mis nervios no me dejaban pensar con claridad.
Pero, ¿realmente deseaba ir? ¿O por qué me costaba tanto tomar una decisión al respecto? Si de verdad lo quería, el hecho de que mi mamá fuera una persona difícil no debería importarme; haría lo que fuera por hacerlo si realmente era lo que deseaba.
Sin embargo, si su decisión era negativa, tampoco podía irrespetarla. Al fin y al cabo, estaba en su casa y debía respetar sus reglas.
Y sí, también era cierto que había dejado pasar los días sin comentarle nada. Quizás, si hubiera avisado antes, mi madre habría tenido un poco más de tiempo para pensar mejor las cosas. Pero también sabía que ya había salido esa semana, por lo cual, si volvía a salir, podría parecerle bastante sospechoso, ya que no era algo a lo que estuviera acostumbrada a ver en mí.
Siempre había sido la chica que se quedaba en casa; casi nunca hacía planes para salir. Con quienes estaba empezando a salir más a menudo era con mis amigos del instituto. Con mis amigas de toda la vida no acostumbraba a salir tanto, sobre todo porque nos veíamos todos los días, ya que vivíamos en el mismo vecindario. Por ende, pasábamos tiempo juntas casi a diario, y la mayoría de veces solo salíamos para celebraciones especiales.
…..
Luego de varios minutos pensando en qué debía hacer, en mi habitación, mientras comía una porción razonable de pastel de chocolate, llegué a la conclusión de que ya no me complicaría más. Le hablaría a mi madre, le comentaría el plan —que, por cierto, le diría que era con mis amigos del instituto— y le preguntaría si le parecía bien dejarme ir. Dependiendo de su respuesta, sabría qué hacer.
Rápidamente envié el mensaje desde mi teléfono y luego lo guardé en el bolsillo de mi pantalón.
Continué comiendo el pedazo de torta hasta terminarlo. Cuando me iba a levantar para llevar el plato con el tenedor a la cocina, que ya sostenía en mi mano, sentí vibrar mi teléfono. El miedo y el nerviosismo se apoderaron de mí. Con manos temblorosas, lo saqué del bolsillo y, como temía, ya tenía un mensaje de mi mamá como respuesta.
___ Naho, ¿y esa salidera? Si es para mañana, la salida no creo que se pueda, porque no avisas con tiempo. Mañana ya teníamos compromisos, Nahomi: íbamos a visitar a tu abuela. Y, por otro lado, ¿con qué dinero ibas a ir, si esta semana ya habías tenido varios gastos?
Y sí, era cierto: ya no me quedaba mucho dinero. Además, como era en la ciudad, se gastaba bastante en los pasajes. Realmente, todo estaba jugando en mi contra, así que no había más opción que aceptar la realidad. Solo quedaba hablarle a Juan para comunicarle lo que ya era evidente.
___ Está bien, mamá —respondí—, para luego ir directo al chat con Juan y contarle la situación.
___ Hola, ¿cómo estás? Ya tengo respuesta. Disculpa no haberte contestado antes, pero estos últimos días habían sido un poco complicados. La verdad es que no voy a poder ir, pues surgieron algunos inconvenientes que me lo hacen imposible. Pero muchas gracias por la invitación.
___ Sí, Naho, tranquila, yo te entiendo. Pero ¿se puede saber qué fue lo que se te complicó?
Realmente no quería contarle toda la situación, así que dudé unos segundos antes de responder.
___ En realidad no te aseguré nada, pero aun así quería pedirte disculpas, porque siento que te generé un poco de esperanza. Son varias cosas y, al final, pensé que, con todo en contra, quizás no sería buena idea ir. Además, realmente no podía. Pero bueno…
___ Entiendo, entiendo. Bueno, Naho, está bien, ya veo. Pero dime, ¿cómo estás?
___ Pues bien, ¿y tú?
___ Yo ando bien, Naho.
___ Me alegra.
___ Gracias, y no te preocupes por lo de mañana, podemos salir otro día. Pero te había preguntado antes cuál era la razón por la que no fueras y prácticamente no me dijiste nada. ¿Se puede saber?
La verdad era que Juan, a veces, podía ser muy insistente. No quería decirle que era por los pasajes, y tampoco sabía muy bien qué responder.
___ O sea, Juan, son cosas que pasan. Además, ya eran muchas cosas negativas juntas y pensé que quizás no era buena idea. Tampoco tenía cómo ir, así que no se podía —escribí finalmente.
___ Entiendo, Naho.
___ Pero bueno, como tú dices, podemos salir otro día. Solo que para mí sería mejor salir entre semana, cuando viajo allá por las clases, porque se me hace un poco menos complicado que un fin de semana.
___ Sí, Naho, realmente me parece bien.
___ Bueno, está bien —escribí, para luego enviarle otro mensaje despidiéndome, ya que tenía algunas cosas del proyecto que debía terminar.
.......
Días después, me encontraba en la sala de mi casa buscando alguna película para ver en la televisión. Ya eran cerca de las diez de la noche cuando recordé que no había hablado con las chicas en todo el día. Además, que hoy era sábado 8 de marzo, el Día de la Mujer y no nos habíamos felicitado.
Fui yo quien inició la conversación, enviándoles un mensaje bonito por el chat, felicitándolas. Al instante, todas respondieron haciendo lo mismo. Entre risas, corazones y mensajes largos, la conversación se volvió bastante animada.