Era inevitable vivir con dolor, por eso jamás permití que alguien entrara en mi vida lo suficiente como para conocerme. Por eso siempre me convencí de que estaría mejor sola. Sabía que si amaba a alguien y todo se derrumbaba, no podría sobrevivir a esa clase de dolor. Era más sencillo estar sola: sin ataduras, sin miedo a que me lastimen y con absoluta paz.
A decir verdad, siempre había amado estar sola.
Era una tarde lluviosa, y me encontraba viendo las incontables gotas que caían por mi ventana, mientras me ahogaba en mi melancolía, como ya se me hacía costumbre siempre que estaba sola.
Mientras reposaba en mi sofá al lado de mi ventana, me preguntaba si realmente me sentía bien respecto a Juan. Hasta el momento, se podría decir que todo marchaba de la mejor manera, pero realmente no me sentía del todo bien todavía como para empezar una relación con él. Pero, de cierta manera, también tenía que aceptar que no me disgustaba del todo Juan; de verdad, estaba empezando a sentir algo por él y era algo que debía aceptar.
Habíamos estado hablando ya por varias semanas, pero por la distancia no habíamos podido vernos como tal. Este fin de semana sería lo de la salida a la piscina, lo cual me ponía demasiado nerviosa, pues ese día todo iba a ser diferente. No sería como cuando salíamos con mis amigos: a ellos yo los conocía, así que si me ponía nerviosa estando con Juan, al menos podía hablar con las chicas. Pero a sus amigos yo no los conocía, y si quería huir de un momento así, no tendría con quién, ya que no tendría esa confianza con sus amigos, y menos siendo la primera vez que lo conocería.
Sin embargo, sentía que eso haría que nos acercáramos un poco más y convivieramos más, ya que eso era algo que me ponía aún más incómoda: que él no me hablara porque le daba pena dirigirme la palabra.
...
Al cabo de una hora, todavía me encontraba en el sofá. No había parado de llover y, por ende, me había quedado todo este tiempo allí. Hacía mucho frío, así que me levanté y caminé hacia mi cuarto, busqué mi abrigo favorito, color café, para protegerme del frío. Después de abrigarme, tomé mi teléfono de la mesita de noche y vi que tenía algunos mensajes de Juan, y me apresuré a responder.
__Hola señorita, ¿cómo está?
__ Bastante bien, está lloviendo. ¿Tú cómo estás?
__ Qué bien, Naho, me alegra mucho. Acá también está lloviendo. Yo ando bien.
__Qué bueno, Juan, me alegra mucho.
__ Por cierto, ¿siempre sí vas a poder ir conmigo al día de piscina? Me encantaría que pudieras.
__ Creo que sí podría ir; sin embargo, si pasa algo, yo te confirmo con tiempo.
__ Bueno, Naho, está bien, pero ¿es seguro? Dime, por fa.
__Sí, sí voy a ir, ya avisé en casa. Pero simplemente te lo digo así porque a veces pueden ocurrir imprevistos, uno nunca sabe. De mi parte, claro que sí, pero de igual forma hay que esperar que llegue el día.
__ Sí, claro, Naho, ya entiendo lo que quieres decir. Bueno, está bien, preciosa.
__ Está bien, Juan.
__ Por cierto, Naho, ¿te puedo hacer una pregunta?
__ Sí, claro.
__ ¿Qué has pensado de nosotros?
__ Pues, ¿qué te digo, Juan? No te voy a mentir, es una pregunta que pasa por mi cabeza casi todos los días. Y pues, yo siento que así como vamos está bien, nos estamos conociendo. Mira, sabes que yo había terminado aquella relación en enero, estamos en marzo... creo que necesito un tiempo más. Todavía nos falta mucho camino por recorrer, en el sentido de que realmente a duras penas hemos salido, y muy pocas veces y con mis amigos. Y pues, antes de avanzar más, me gustaría salir más, conocerte mejor y todo eso.
__ Sí, te entiendo, Naho. Ya sabes que yo te voy a esperar todo el tiempo que necesites. Tranquila, tómate tu tiempo.
__ Gracias, Juan.
__ No hay nada que agradecer, preciosa. Lo hago con mucho gusto.
"Preciosa"... ya era la tercera vez que me lo decía y se sentía bastante bien que lo hiciera.
__ Está bien, Juan, gracias por todo.
__ Ya te lo dije, no hay nada que agradecer. Lo hago con mucho gusto. De verdad me gustas, Naho, en serio
.
__ ¿Sí?
__ Sí, preciosa, te quiero mucho.
__ Yo también te quiero.
__ Me arreglaste la tarde, mi Naho.
__ Jajaja, ¿tanto así?
__ Claro que sí.
__ Eres un tonto.
__ Así me traes, mi Naho.
__ Bueno, Juan, te tengo que dejar.
Hasta mañana, te quiero.
__ Listo, mi Naho, yo también te quiero.
......
Después de una semana bastante complicada, hoy por fin era jueves, lo que significaba último día de la semana asistiendo a clases. Aunque había faltado un día porque me había sentido bastante mal, no contaba con que ese mismo día a Juan se le habría ocurrido la maravillosa idea de ir de sorpresa al instituto para pasar tiempo conmigo, sin preguntar antes si asistiría o no. La verdad, me sentí un poco mal por no haber asistido ese día, pero realmente no me sentía bien como para ir , además, todo se hubiera evitado si me fuese preguntado la noche anterior.
Pero por mi paz mental, decidí olvidar el tema durante el resto de la semana. Hasta hoy, que volvió a mi mente semejante suceso... pero estaba bien, igual nos veríamos este sábado.
Tras las tres horas de clases, nos reunimos con las chicas y Hugo en la panadería. Estuvimos pasando el rato y platicando como siempre lo hacíamos. Cabe recalcar que esas conversaciones siempre terminaban en discusiones entre Hugo y yo. Realmente ya teníamos acostumbradas a las pobres chicas a eso, pero él se lo buscaba; no sabía cómo podía decir tantas estupideces en unos minutos. Las chicas pensaban igual, solo que yo era demasiado frontal como para callármelo.
__ Hugo, ¿de verdad no has pensado seriamente en callarte siquiera una vez en tu vida?
Sé que estaba siendo demasiado tosca, pero de verdad que ya me estresaba con su palabrería.
—¡No, Naho! Y no lo haré. Te molestas porque digo la verdad —respondió él.