Naho, ¿quieres ser mi novia?
No sabía qué pensar ni cómo actuar ante esa pregunta. Me encontraba en shock, pero más que eso, estaba nerviosa. Sentía que el mundo me daba vueltas; todo esto me había tomado por sorpresa. Mientras tanto, solo lo miraba con mi expresión completamente paralizada, pero sabía que tenía que tratar de relajarme y darle una respuesta pronto.
___ ¿Naho, te quedaste muda?
Ay no, ¿por qué habló? Ahora tendría que responderle de una vez.
___ Eh... lo siento, no sé qué decirte -solté así, sin más.
Realmente no sabía qué decirle, pero creo que esa respuesta no era lo que él esperaba.
___ Oh, entiendo -respondió, escuchándose algo decepcionado.
De verdad era una estúpida, pero por suerte reaccioné a tiempo.
___ No, espera, no me malinterpretes. Realmente me tomó por sorpresa tu pregunta, lo siento por mi respuesta. Solo que me preocupa un poco mi mamá y cómo vaya a tomarlo. No es por ti, de verdad. Solo que ella esperaba de mi parte que me quedara sola un tiempo y, para mí, su opinión es importante. Además, vivo en su casa y todavía no me mando sola.
Y sí, realmente esa situación también era una de las cosas que me frenaban al momento de querer tomar una decisión acerca de nosotros.
___ Por mí, claro que sí, Juan, de verdad. Pero antes quisiera arreglar un poco las cosas por parte de mis padres.
___ Sí te entiendo, Naho. Ya veo por qué no te sentías segura.
___ Sí, esa es la razón. Pero sí quiero ser tu novia, Juan. Solo que, ¿te parece si no le decimos a mi familia por un tiempo? O por lo menos hasta que pueda hablar sobre esto con mi mamá.
___ Entiendo, Naho, pero si quieres yo también puedo hablar con ellos.
___ Sí, estaría bien, pero no en estos momentos.
En cuanto mi mamá no se ponga histérica por la situación, hablaremos.
___Está bien, preciosa. ¿Sabes algo? Ahora eres oficialmente mía.
___ Se vale soñar, Juan -dije entre risas-. Jajaja.
En ese momento pude notar que mi comentario no le había caído muy bien. Sin embargo, se acercó hacia mí, colocó su mano en mi cintura y después procedió a darme un cálido beso en los labios.
Me quedé estupefacta. No creí que me besaría. Bueno, quizás sí me lo imaginé, porque sabía que quería restregarme en la cara que mi comentario no le había afectado para nada y que incluso con ese beso confirmaría que sí era completamente suya.
Me costaba aceptarlo, pero era verdad. Tenía que admitir que sí estaba enamorada. Aunque fuera un golpe a mi orgullo, tal vez ya era momento de aceptarlo. Él había sido completamente sincero respecto a sus sentimientos.
Y era algo de admirar para una persona a la que todavía le daba pena dirigirme la palabra, pues eso me decía que, a pesar de cómo se sentía, hacía el intento de hacerme saber que estaba interesado, que seguía esperándome a pesar de todo.
___ ¡Hello, Naho! ¡Tierra llamando a Naho!
Habló Juan de repente, sacándome de mis pensamientos.
___ Ah, sí, hola -dije, viéndome algo aludida.
___ ¿Pasa algo? -preguntó preocupado.
___ No, no pasa nada, tranquilo.
Y era verdad, solo me encontraba algo pensativa respecto a todo lo que estaba pasando.
___ ¿Segura, mi amor?
___ Sí, claro que sí.
Después de resolver sus dudas, regresamos con los chicos, ya que nos habíamos tardado un poco y todavía teníamos que acomodar nuestras cosas.
Volvimos a saludar a los chicos y luego dimos un recorrido por la cabaña para ver dónde nos acomodaríamos. El lugar, a decir verdad, era bastante lindo. Estaba rodeado de naturaleza, con grandes árboles a su alrededor y un hermoso jardín. Por dentro, la cabaña era bastante espaciosa y tenía un estilo rústico muy acogedor. Contaba con tres habitaciones, dos baños, una cocina bastante moderna, una sala amplia y una piscina bastante grande en el patio.
Luego de unos minutos, hablamos con el encargado del lugar, porque solo había tres habitaciones con una cama cada una y nosotros éramos seis personas. Según los chicos, eso no era lo que habían acordado con él encargado al momento de hacer la reserva.
—Bueno, necesitamos que nos solucionen esto, porque no fue lo que acordamos —dijo Hugo mientras hablaba por teléfono. Al igual que los otros dos chicos, estaba bastante molesto.
—Sí, discúlpenos de verdad. Sé que ustedes habían reservado una cabaña con dos habitaciones amplias: una con dos camas y la otra con cuatro camas.
—Sí, así era. Era para que las chicas
estuvieran en una habitación y nosotros, los chicos, en la otra. Así habíamos quedado —respondió Hugo.
Mientras tanto, yo solo escuchaba atentamente, al igual que los demás.
—Sí, señor, tiene razón. Le ofrecemos una disculpa. Hubo un error al momento de hacer las reservaciones y su cabaña fue asignada a otras personas.
En este momento no tenemos ninguna disponible, estamos completamente llenos. De verdad, discúlpenos.
—Está bien, nos quedaremos con esta —dijo Hugo finalmente antes de colgar.
Todos lo miramos con la misma decepción, pero ya no había nada que hacer. Ya estábamos allí.
—Bien, chicos, lo que podemos hacer es dividirnos las habitaciones por parejas —propuso Juan.
Para mi sorpresa, todos estuvieron de acuerdo.
Al instante, Hugo recogió sus cosas, al igual que Javier, quien era amigo tanto de Juan como de él. Luego, Katia y su novio hicieron lo mismo y, al final, solo quedamos Juan y yo.
—Bueno, bonita, ¿vamos? —preguntó Juan.
—Sí, está bien.
Vi cómo Juan tomó mis cosas junto con las suyas, mientras yo sentía que apenas podía respirar. Estaba demasiado nerviosa.
Caminamos hacia la única habitación que quedaba, pues los demás ya se nos habían adelantado.
Entramos y, efectivamente, solo había una cama. La habitación era muy acogedora, a pesar de no ser lo que esperábamos inicialmente. Tenía un gran ventanal con una vista preciosa, un sofá junto a la ventana y un baño privado.