dead in life

N✨️

Esto era la felicidad. Se sentía tan bien volver a sentirla después de tanto tiempo, después de tanto dolor. Eso pensaba mientras me encontraba acostada en una de las sillas playeras que había alrededor de la piscina.

A mi lado se encontraba Juan, quien me miraba con cierta curiosidad al verme tan pensativa.

—¡naho! Ey, ¿pasa algo? —dijo Juan,
sacándome del trance en el que estaba.

—Sí, estoy bien —dije, tratando de sonar lo más tranquila posible para que no se preocupara por mi horrenda melancolía.

—Está bien, pero ¿en qué tanto piensas? —preguntó.

—Juan, tranquilo. No es nada de lo que tengas que preocuparte —respondí.

—Está bien, mi naho.

—Claro.

—Bueno, ¿qué te parece si hacemos algo? ¿Qué quieres hacer? —dijo con cierto entusiasmo.

—Quiero respirar aire fresco fuera de aqui. ¿Hay algún pueblo cerca?

Pregunté, porque cuando veníamos de camino no presté demasiada atención al recorrido.

—Sí, amor, hay un pueblo cerca, y hay muchas mas cabañas al rededor de aquí.

—Entiendo, ya veo —respondí, quedándome algo pensativa.

—¿Quieres salir de aquí, mi bonita? —preguntó de repente.

—Sí, amor. ¿Me llevas?

—Sí, claro que si, Por eso te preguntaba. Si quieres, podemos ir al pueblo un rato.

—Sí, está bien, . ¿Pero está lejos?

—No, para nada. Está como a unos diez minutos de aquí —respondió.

Me quedé observándolo durante unos segundos. Pensaba en lo lindo que era conmigo y en cómo siempre buscaba la manera de hacerme sentir cómoda y segura a su lado.

—¡Naho! Tierra llamando a Naho —dijo Juan de repente, haciéndose el divertido y sacándome nuevamente de mis pensamientos.

—Sí, sí, amor. Discúlpame. Solo he estado algo pensativa esta mañana y, pues, algo aburrida también. Jajaja, a decir verdad.

—O sea, ¿te aburro? —dijo, haciéndose el ofendido.

—Jajaja, no. Solo pensaba en ti.

—¿En serio?

—Sí, así es —dije claramente.

—¿Qué pensabas, Naho? —preguntó con curiosidad.

—No lo sabrás —dije divertida.

—¿Por qué no? —preguntó mientras giraba su silla y se acercaba un poco más a mí.

—No te lo voy a decir.

—¿No me dirías, mi bonita?

—No. ¿Y qué harás? —dije, retándolo.

Juan me miró durante unos segundos con una sonrisa divertida.

—¡Te haré mía! —dijo así, sin más, para después acercarse aún más y robarme un beso.

Me quedé completamente sorprendida. Otra vez había conseguido dejarme sin palabras. Lo peor era que ya comenzaba a acostumbrarme a esa manera suya de hacerme perder el hilo de mis pensamientos.

—Eres un tonto —murmuré cuando finalmente se separó.

—Pero soy tu tonto —respondió con una sonrisa.

Rodé los ojos, intentando ocultar la sonrisa que inevitablemente comenzaba a aparecer en mi rostro.

—No te emociones demasiado, Juan.

—Demasiado tarde, mi princesa.

No pude evitar reírme. Definitivamente, aquel día estaba resultando muy diferente de lo que había imaginado. Había llegado nerviosa, llena de dudas y pensando que probablemente no sabría cómo comportarme con él.

Y ahora estaba allí, riéndome a su lado, sintiéndome tranquila y, sobre todo, feliz.
Quizás por primera vez en mucho tiempo, podía estar tranquila, al estar a su lado.

......

Horas más tarde, me encontraba arreglándome en la habitación que nos había tocado, ya que finalmente iríamos al pueblo.

Llevaba puestos unos pantalones anchos de color negro, una blusa corta de manga larga, con cuello en V, de color morado, y mis zapatos blancos favoritos. Una vez vestida, procedí a arreglarme el cabello para luego comenzar a maquillarme.

Justo cuando estaba terminando de arreglarme el cabello, sentí de pronto que mi teléfono vibraba. Lo había dejado sobre la cama, así que me balanceé desde la silla en la que estaba sentada hasta alcanzar el teléfono. Después de estirarme todo lo que pude, finalmente logré tomarlo.

Cuando lo tuve en mis manos, vi que se trataba de un mensaje de un número desconocido. Eso me pareció bastante extraño, pero lo que realmente me desconcertó fue leer el mensaje:

—Hola. ¿Creíste que no volvería a aparecer? Estoy más cerca de ti de lo que crees.

Me quedé completamente estupefacta. Sentí cómo el aire se me escapaba de los pulmones y, por unos segundos, fui incapaz de moverme.

No podía ser.

¿Otra vez?

Creí haber sido bastante clara con ese tipo, aunque ni siquiera estaba segura de quién era realmente. En su momento creí que con bloquear el número todo estaría solucionado.

Pero aquel mensaje acababa de demostrarme todo lo contrario.
....

—¡Déjame en paz! Sea quien seas —respondí así, sin más, aunque por dentro estaba bastante intranquila.

—No. Créeme, esto apenas empieza —respondió el desconocido.

Dios santo. De verdad tenía tan mala suerte. No salía de una cuando ya estaba metida en otra.

¿Quién carajos era este tipo y por qué me hablaba?

Bueno, eso era algo que dejaría para pensar después. Tenía que apresurarme.

Procedí a maquillarme. Me puse corrector en las ojeras y lo difuminé. Luego me apliqué rubor en las mejillas y un poco de polvo. Delineé mis labios y después procedí a pintarlos de rojo, ya que ese color me lucía muy bien por mi piel morena.

Después de unos cuantos minutos, finalmente estaba lista. Tomé mi bolso, salí de la habitación y me dirigí hacia la palapa que estaba cerca de la piscina. Allí había una mesa con varias sillas, y los chicos se encontraban platicando entre ellos.

Cuando llegué, saludé a todos y me acerqué a Juan.

—Ya estoy lista —le dije.

Él simplemente asintió, pero pude notar cómo sus ojos recorrían mi rostro por unos segundos.

Llevaba puesta una bermuda de jean, una camiseta tipo polo azul oscuro y unos zapatos deportivos. Era un atuendo muy habitual en él, bastante sencillo y descomplicado. Aun así, realmente se veía bien.



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En el texto hay: romace, historia, dolor

Editado: 30.09.2026

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