El laboratorio del Proyecto Zero estaba iluminado con luces frías, verdes y azules, proyectando sombras que parecían moverse solas sobre el piso de acero. El comandante Stewart estaba inmóvil, sujetando las barras de la camilla mientras los técnicos ajustaban los múltiples arneses y cables que lo conectarían al procedimiento de transformación. Kayle Stefanović caminaba frente a él, su porte imponente irradiando autoridad.
—Comandante —dijo con voz firme—. Lo que está a punto de experimentar cambiará su vida. No será un soldado común. No será un humano ordinario. Serás Strongst Man, una fuerza que supera a tres Bloodshoots y a dos Deadshoots combinados.
Stewart asintió, tratando de contener la ansiedad que le provocaban las palabras de Kayle. Los técnicos comenzaron el procedimiento: primero, el suero de potenciación genética. Un líquido azul brillante fue inyectado en su vena central; el cuerpo de Stewart se estremeció mientras sus músculos, huesos y órganos se adaptaban al nuevo diseño genético. Dolor y fuerza se mezclaban en un caos que lo hizo gritar, pero el control mental de Kayle mantenía su mente en equilibrio.
Luego, llegó la fase de neuroestimulación y aumento cognitivo. Electrodos pegados a su cráneo enviaban impulsos que aceleraban su memoria, reflejos y capacidades de cálculo. Cada decisión, cada pensamiento, cada reflejo se amplificaba exponencialmente. Stewart sintió cómo su percepción del entorno se expandía: podía ver los latidos de su propio corazón, sentir la vibración de los motores a kilómetros de distancia, y anticipar movimientos incluso antes de que ocurrieran.
El siguiente paso fue la fortificación muscular y esquelética. Sus huesos se volvieron más densos, sus tendones más resistentes, y sus músculos crecieron de manera controlada hasta formar un cuerpo imponente, capaz de soportar impactos que destrozarían a un humano normal y lanzar a un Deadshoot con un solo golpe. Cada fibra de su ser estaba ahora lista para soportar combates extremos.
Finalmente, se le equipó con el traje de combate experimental, diseñado para resistir fuego, explosiones y ataques mutantes. Kayle ajustó personalmente cada arma y gadget: guanteletes que podían generar ondas de choque, botas capaces de impulsos de salto sobrehumanos y un casco con HUD integrado que aumentaba su percepción del entorno.
Cuando todo estuvo listo, Stewart se incorporó por primera vez. Sus piernas, reforzadas, soportaban con facilidad su peso inmenso, y sus músculos bombeaban con fuerza controlada. Se miró en el espejo del laboratorio y vio a Strongst Man reflejado: un titán listo para el combate, con un aura de poder que hacía temblar incluso a los más entrenados.
Kayle se acercó y le entregó un dossier con información crucial:
—Tu primera misión es encontrar a Deadshoot —dijo—. Y si te encuentras con los seis mutantes conocidos como The Smashers, elimínalos sin dudar.
Ella deslizó la carpeta hacia él y señaló cada nombre:
Sun Ho-Wong: uñas de metal capaces de atravesar casi cualquier material.
Ramadon: absorbe los golpes y los convierte en fuerza propia.
Titanium: su cuerpo puede transformarse en metal, impenetrable.
Phoenix: controla el fuego, capaz de crear explosiones devastadoras.
Speed: velocista extremo, movimiento imposible de seguir a simple vista.
Yan Yu Yong: cambiaformas, puede copiar apariencia, voz y habilidades de cualquiera.
—Recuerda —advirtió Kayle—, estos mutantes son peligrosos. Ninguno ha sido dominado. La ciudad depende de ti, Stewart. Y ahora eres más que humano: eres Strongst Man.
Stewart respiró hondo, sintiendo cómo cada célula de su cuerpo vibraba con el poder recién adquirido. Sabía que estaba a punto de enfrentarse a desafíos que ningún humano podría soportar. Y mientras miraba el horizonte de Washington desde la ventana del laboratorio, comprendió que su vida había cambiado para siempre.