La noche en Washington era un manto oscuro salpicado de luces amarillas y rojas que parpadeaban desde los postes de la ciudad. En las calles, los criminales se movían confiados, ignorando que algo imparable estaba despertando entre las sombras. Strongst Man avanzaba con pasos pesados, cada golpe de su cuerpo resonando como un trueno sobre el pavimento.
Los ladrones, asaltantes y pandilleros que se cruzaban en su camino no tenían oportunidad. Con sus manos desnudas, Stewart aplastaba cráneos, torcía extremidades y lanzaba cuerpos como si fueran simples muñecos. Cada movimiento era preciso, brutal y aterrador; los gritos de los criminales se mezclaban con el ruido metálico de la ciudad, y aquellos que sobrevivían solo podían correr mientras sentían el suelo temblar bajo su peso. Más de cien personas encontraron su fin aquella noche, y la ciudad, aunque horrorizada, sabía que algo estaba cambiando en las calles de Washington.
Al amanecer, el cielo teñido de naranja y púrpura iluminaba la silueta de Stewart mientras caminaba hacia el laboratorio del Proyecto Zero. La adrenalina aún corría por sus venas, pero su mente estaba inquieta: no había rastro de Deadshoot, ni señal de los mutantes que Kayle le había pedido eliminar. Al entrar en el laboratorio, el frío ambiente de acero y vidrio contrastaba con la violencia de la noche anterior.
Kayle Stefanović lo esperaba, sus brazos cruzados y una expresión de desconcierto en el rostro.
—No hay noticias de Deadshoot —dijo, su voz tensa—. ¿Cómo planeas encontrarlo si ni siquiera sabemos dónde está?
Stewart la miró, la luz del amanecer entrando por las ventanas reflejando en su armadura reforzada, y sonrió levemente, confiado.
—Sé cómo hacer que aparezca —respondió con calma—.
Kayle arqueó una ceja, sorprendida y un poco incrédula.
—¿Cómo? —preguntó, cruzando los brazos—. No me digas que tienes un plan.
Stewart no respondió de inmediato. Sus ojos brillaban con determinación y un toque de algo inhumano; la transformación de Strongst Man no solo había potenciado su cuerpo, sino también su mente estratégica.
—Solo necesito preparar el escenario —dijo finalmente—. Deadshoot vendrá a mí, y cuando lo haga, sabremos la verdad.
Kayle lo observó, desconcertada pero intrigada. Sabía que Stewart había absorbido el poder de un titán, y algo en su mirada le decía que ni los mutantes ni Deadshoot tendrían escapatoria cuando Strongst Man decidiera actuar.
Mientras Stewart se retiraba hacia las sombras del laboratorio, Kayle pensó: “Si esto funciona… Washington no volverá a ser la misma ciudad. Y si falla… todos estamos perdidos.”
La ciudad dormía todavía, pero un nuevo cazador había despertado. Y la caza estaba a punto de comenzar.