Definitivamente es complicado

PRIMERA PARTE - CAPÍTULO 3

—¡Che, boluda!

Una voz familiar interrumpió mis pensamientos mientras miraba mi celular. Me di vuelta para comprobar la identidad de la voz y que el lunes empezaría excelente. Y sí, tenía razón: me hablaba Alan. Cuando lo miré a los ojos, me gritó:

—¡Atajá!

Él amagó a tirarme un paquete. Cuando puse las manos, se detuvo. Hizo media sonrisa y exclamó:

—¡Ah...! ¿Te la creíste? —Se acercó y me dio una caja de huevos—. Por los que rompí el viernes. Me sentí culpable por dejar a los nenitos sin comida.

Hablamos de ellos, de lo difícil que era para muchas familias llevar un plato de comida a su mesa y otras cosas similares. Esa conversación me sorprendió, no lo imaginaba hablando de otra cosa que no sean bicicletas.

—Igual, es Guille el que ayuda en el merendero. Tendrías que darle esto a él.

—Sí, pero creo que a tu amigo no le caigo muy bien. Y a tu amiga, menos. Pero creo que a vos sí, ¿verdad? —consultó mientras levantaba su ceja.

Me quedé muda, solo afirmé con la cabeza. Él sonrió y siguió hablando. En un momento, pude salir de mi mutismo y contestarle. Hablamos un rato. La semana empezaba diferente, excelente, pero todo lo bueno termina.

La Abanderada llegó para marcar su territorio y, mientras Alan le contaba lo que había pasado el viernes, se lo fue llevando. Quedé pensativa. ¿Estaba celosa? ¿De mí? No, no podía ser. Sin embargo, no pude evitar sonreír.

—¡Ey! ¿Por qué tan contenta?

A mi costado, con rastros de Morfeo en su cara, apareció Malena. Preferí no decirle nada y desviar la conversación a Guille y la Copa de la Liga. El domingo no había ido y jugamos horrible.

Ese lunes llegó, tarde y tranquilo, con una sonrisa que nos daba bronca. Empezamos a decirle de todo, pero él seguía contento. Me daba rabia que se hubiera perdido el partido por muchas cosas: porque no nos avisó, porque nos preocupó, porque prefirió salir con Cris y la gente de la facultad antes que estar con sus amigas viendo el partido como en cada campeonato de los últimos años. Sin embargo, algo me llamó la atención: su sonrisa. Se parecía a la que yo tenía el viernes.

—Perdón. Me invitaron a salir después del partido que organizamos en el merendero con los nenes. Y... —empezó a explicar, pero yo lo interrumpí.

—¡Saliste con alguna chica! ¿Tenés novia, Guille?No me contestó; lo salvó el timbre.

—Después les cuento, en el recreo.En el patio, me colgué mirando la espalda de Alan mientras la directora hablaba. Él estaba con sus amigos charlando. Se codeaban entre ellos y reían por lo bajo. En un momento, se dio vuelta y saludó a nuestra fila. Me llamó la atención que no tirara besos para la Milplis, solo movía su mano.

—¿Desde cuándo te saluda? —me susurró Guille.

¿A mí? No lo creía. Miré a mi alrededor, el grupo de chetas no estaba. Respondí el saludo tímidamente con la mano. Sonrió y siguió en lo que estaba. Yo no lo podía creer. ¡Alan sabía que existía!

Después del saludo de la directora, fuimos a nuestra aula y esperamos a Mery, la profe de inglés. Mientras tanto, Guille volvió a pedirnos perdón y nos dijo que iba a contarnos todo en el recreo.

—Me voy a sentir más cómodo cuando estemos los tres solos.

—¡No me hagas esperar, ya te esperamos ayer! —insistí.

Tuvimos que interrumpir la conversación porque Loli llegó llorando, acompañada por sus amigas y otras compañeras. No entendíamos nada de lo que pasaba. Las amigas la rodeaban y le decían que se tranquilizara. Vinieron las orientadoras con la preceptora y la llamaron aparte. Después entró nuestra profesora de inglés y preguntó qué pasaba.

Frida explicó que, a unas cuadras del colegio, un hombre la estaba siguiendo mientras le decía cosas. Ella se asustó y vino corriendo.Mery no se sorprendió, pero le molestaba que esas cosas siguieran pasando. Sugirió que, si estamos en una situación de peligro, gritáramos "fuego" y no "ayuda", ya que la gente era más curiosa que solidaria.

Mi relación con Loli era pésima, pero no pude evitar sentir pena por ella. Sabía muy bien lo que le estaba pasando y me trajo viejos recuerdos. Malos recuerdos.Fue durante la pandemia.

Al ser médica en un hospital, mi mamá tenía el triple de trabajo; así que casi siempre estábamos mi hermano y yo. Una tarde, fui a la carnicería, por una calle interna. Un auto blanco con un pibe de unos veinte años paró para preguntarme por una calle. Me acerqué para explicarle, hasta que vi que tenía los pantalones abajo y se estaba tocando. Grité y corrí hasta el departamento. Tenía un ataque de nervios. Walter me calmó, llamó a mi hermano, que fue a buscar al tipo, pero no vio a nadie.

Yo tenía miedo. ¿Y si me hubiera seguido? Quedé muy perseguida y no salí ni siquiera a comprar hasta que no volvieron las clases. Hasta ese día, cuando pasaba cerca de esa calle, podía sentir el asco y el miedo como si no hubiese pasado el tiempo.

La mano de Malena me hizo volver a la clase. Me di cuenta de que estaba temblando y transpiraba frío. Respiré hondo y seguí escuchando al resto.Algunas chicas contaban lo que les había pasado en su vida. Eran situaciones parecidas. Me dio confianza para compartir mi experiencia. Me llamó la atención que Helena, entre otras, había sufrido lo mismo el año anterior. Diferentes autos, diferentes tipos de diferentes edades, pero sentíamos el mismo asco.

—Chicas, yo sé que no se llevan muy bien en este curso, pero vean que tienen más en común de lo que piensan.

—¡No, profe! —se opuso Enrique, el eslabón que buscaba Darwin—. ¡No creo que a todas les haya pasado eso!

—Es más común de lo que cree —respondió Mery.

—Están mintiendo —afirmó Emilio.Segundo también dio su importante opinión.

—Que le digan algo a Helena, Loli, lo creo. Sobre todo a Loli, con esa ropa... Pero ¿en serio quieren que crea la historia de Alicia?

—¡Siempre tan desubicado! ¡Discúlpese!

—Profe —continuó Enrique—. ¿Qué tan necesitado estaba el tipo? Supongamos que es verdad, no entiendo por qué le molesta. Tendría que agradecer que, así como está, alguien la mire.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.