Definitivamente es complicado

PRIMERA PARTE - CAPÍTULO 11

No pasó ni una semana cuando en la escuela se enteraron de que Alan y yo teníamos algo. Él no lo disimuló en ningún momento. Siempre estaba conmigo: me acompañó a gimnasia, llegábamos juntos al colegio, nos íbamos juntos, solo nos separaban las clases.

El jueves de la primera semana en que estuvimos saliendo, Alan y sus amigos llegaron más tarde. Me explicó que había tenido un inconveniente, nada grave, pero que no había podido llegar antes. Por primera vez en la semana, nos encontrábamos solas Malena y yo. Guille no había llegado.

Estábamos las dos esperando que abrieran la puerta. Las chicas de nuestro curso murmuraban y me miraban. Cuando llegaron las Milplis, los murmullos aumentaron. En ese momento llegó Guille; estaba muy contento. Sin embargo, no pudo contar nada; Enrique se acercó a fastidiar.

—¿Qué querés? ¡Es muy temprano para escuchar tus boludeces! —dijo Malena.

—No estoy hablando con vos. —Me miró de arriba abajo y siguió—. ¿Cómo hiciste para sacarle el macho a Helena?

No sabía qué decir, porque yo también me lo preguntaba. Él llamó a la Milplis, que estaba un poco más lejos.

—Che, ¿qué se siente que tu novio te cambie por Peppa Pig? Yo me moría de vergüenza, pero ella contestó rápido.

—No me cambiaron, ella buscó en mi tacho de basura.

Después se alejó. Lamentablemente, Enrique no la imitó. Malena se estaba poniendo nerviosa. Yo le agarré el hombro para calmarla y Guille empezó a hablar.

—¡Boludo, es temprano! ¡No molestes!

—No es con vos, Blancanieves, andá a buscar a tu MILF, mejor.

—No, si es con alguno de nosotros, es con los tres. Y si tan linda es Helena, ¿por qué no la invitás a salir? Está soltera, Alan no te va a pegar porque ya está en otra, invitala a salir. ¿O es que te da miedo que te diga que no? Sí… ¿quizás le tenés más miedo al “no” de ella que a una piña de Alan? ¿Quizás no sos tan chad como decís?

—¡Uuuhh…! —dijeron un par de personas de sexto que esta ban cerca.

Otros se rieron, incluso Las Milplis. Enrique no supo qué decir. Apretó los puños y los dientes, pero no se animó a hacer nada. Tal vez se quedó sin palabras, tal vez fue porque la auxiliar abrió la puerta y todavía tenía que pasar desapercibido, tal vez se sentía solo porque sus amigos no estaban, tal vez pensaba que Guille tenía razón. Tal vez era un poco de todo. La cuestión es que se abrió paso entre nosotros para entrar al colegio. Dejamos que un par de personas se nos adelantaran y entramos.

Durante la formación, la directora empezó a hablar sobre los acuerdos de convivencia y que las muestras de afecto dentro del colegio no debían “excederse”. Mientras lo explicaba, me miraba a mí. La vergüenza que sentí no tenía nombre.

Después entramos y empezamos a insistirle a Guille para que nos dijera lo que quería contarnos en la entrada. Él sonrió. Era obvio, se le había dado. Para los padres, se había quedado a dormir en lo de Malena, pero la verdad era que Lucero le pidió que se quedara.

—Eso explica por qué viniste sin mochila —comenté.

—Valió la pena. ¡Estoy muy contento! ¡No puedo creer que una chica así me haya dado pelota!

Lo entendía perfectamente.

—¡Fue genial! Ella… bueno, no voy a dar muchos detalles ahora.

Encima lo iba a venir a buscar a la salida. Parecía una niñera. Mucho más no pudimos hablar, porque entró el profesor. La clase fue muy aburrida, ese profe tenía la particularidad de dormirnos con su voz.

Apenas sonó el timbre, Alan apareció.

—Hola, hermosa. —Me besó y después habló con Guille—. Me contaron que la defendiste en mi ausencia. Gracias por hacer te cargo.

—¿Qué te pasa? ¡La defiendo desde antes de que aparecieras!

Alan pasó su mano por arriba de mis hombros y me besó la cabeza.

—Bueno, ahora estoy yo para hacerme cargo.

Después se acercó hasta la mesa de los imbéciles. Agarró a Enrique y Emilio del hombro y los acercó a él. Les susurró algo, nunca me enteré qué. Lo que sí, notamos que Emilio pasó de ser café con leche cortado a lágrima. Luego los llevó hasta nuestro lugar, hizo que nos pidiera disculpas y se fueron.

—Listo, no los van a joder más. A Segundo se lo explico mañana, hoy no vino. Nosotros estábamos atónitos, nunca habíamos visto a esos así. A mí no me gustaba que Alan se comportara de esa manera, lo podían cambiar de turno si seguía siendo problemático. Sin embargo, él parecía muy seguro de lo que hacía.

Salimos al recreo y seguimos con nuestra rutina. Mis amigos estaban un poco raros. Esteban se dio cuenta, pero fue Alan quien les contó lo que había pasado en el aula. Sus amigos dijeron que no se preocuparan, que él era así.

—En la primaria, a nosotros nos cargaban siempre hasta que, a mitad de quinto grado, Alan se cambió de escuela y se empezó a juntar con nosotros —contó Felipe.

—¿Por qué los cargaban? —pregunté.

—Porque no se defendían —respondió Alan.

Así me enteré de que él había ido a muchas escuelas, pero le costaba adaptarse. En la plaza de Temperley conoció a Felipe y Esteban. Cuando su papá vio que se llevaron bien enseguida y habló un poco con el padre de Esteban del colegio al que ellos iban, decidió cambiarlo a pesar de no estar de acuerdo con la educación pública.

—Mi papá lo convenció de que el nivel era bueno a pesar de los paros. Me acuerdo de que el señor Marques me preguntó las tablas para ver si era buen colegio. ¡Me sentí horrible! —contó Esteban.

No pude evitar reírme al imaginar a un hombre interrogando a un nene para saber si el colegio al que iba a mandar a su hijo era bueno. Pero mis amigos seguían callados, se miraban entre ellos y no decían nada.

En la siguiente hora, Guille tuvo suerte: la profesora que iba a pedir un trabajo práctico que él había dejado en casa no había ido. Sin embargo, teníamos que dejarlo para que el preceptor se lo diera a la mañana siguiente.

Él se acordó tarde que no tenía mochila, así que no había traído la tarea. Le presté hojas y una lapicera, pero de su tarea poco po día hacer.




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