Definitivamente es complicado

PRIMERA PARTE - CAPÍTULO 13

En las siguientes semanas, estuvimos tan pegados que casi no veía nunca a mis amigos. Por eso aproveché que Alan tenía el cumpleaños de su padrino ese sábado para invitar a los chicos a salir. Sin embargo, Malena había quedado para ir al cine con las chicas del otro quinto.

—¿Desde cuándo te juntás con ellas? —preguntó Guille.

—Desde que vuelvo sola a casa —respondió.

—¡Pero si siempre somos nosotros tres! —dije.

—¡Hace rato que no somos tres! Ustedes están en la suya, los felicito, pero me dejaron sola.

—Tenés razón, pero ¿por qué no nos contaste? —preguntó Guille.

—Nosotras nos juntamos en muchos recreos. ¡Pero nunca me prestan atención! Ellas son novias, pero también tienen tiempo de tener amigas. Empecé a salir con ellas y las amigas que les quedaron de la primaria.

—Bueno, podrías salir con nosotros —sugerí.

—Ya quedé con ellas.

—Cancelales —insistí—. Ahora los tres tenemos un tiempo libre.

—¡No, ustedes dos tienen tiempo libre! ¡Yo tengo planes!

Sin darnos cuenta, empezamos a gritar y todo se puso muy incómodo. Cada uno volvió a su casa por su lado. Ese viernes no esperé a Alan. Me mandó un mensaje y le expliqué que estaba de mal hu mor y necesitaba estar sola. Entonces empezó a molestar.

—¿Qué hice?

—¡Nada! ¡Mi vida no gira alrededor tuyo

Me enojé y archivé el chat. Llegué a casa y me puse a cocinar. Estaba tan enojada que trituré la cebolla con una cuchilla, aunque no era mi intención. Unas horas después, llegó mi mamá. Ella se dio cuenta de que estaba enojada y me preguntó si había pasado algo con Alan.

Le respondí que no y me puse a llorar. Entre lágrimas, le conté mi pelea con los chicos; grité, insulté y me quejé hasta el cansancio. Mamá me dejó hablar hasta que me quedé sin aire.

Cuando terminé, me di cuenta de que todavía no se había sacado el bolso, estaba en la puerta parada, escuchando. Recién ahí habló.

—Hija, ¿estás saliendo con Alan porque querés cambiar a Malena por él?

—¿¡Qué!? ¡No! ¿Por qué?

—¿Y creés que Malena tiene nuevas amigas para reemplazarte?

No pude responder porque no lo sabía. En mi cabeza, eso eran las Novias de Quinto, ya que se juntaron con Malena porque estaba sola. Sin embargo, recordé que en el cumpleaños de Felipe los cinco la habíamos pasado bien y nunca hicieron diferencias entre nosotros tres. En ese momento reaccioné. Me había portado de una manera muy infantil.

—Están creciendo, su círculo se va a abrir. Se tiene que abrir. Ahora estás conociendo a alguien y Malena tiene nuevas amigas. En dos años van a ir a la facultad, diferentes carreras, incluso son diferentes departamentos. Ni siquiera saben si van a coincidir en los horarios. ¿No van a hablar con otras personas porque solo son ustedes tres?

Fue ahí cuando me di cuenta de lo que realmente me pasaba: tenía miedo. Siempre éramos nosotros tres, nos criamos juntos e inseparables. Pero eso iba a cambiar. En dos años, Guille iba a estudiar Ciencias Políticas, así que iba a ir al departamento de Políticas Públicas. Malena quería hacer la licenciatura en Sistemas, así que iba a estar en el departamento de Desarrollo Tecnológico. Mientras tanto, yo iba a estar en el departamento de Salud Comunitaria estudiando la licenciatura en Nutrición. No íbamos a tener los mismos horarios ni los mismos compañeros. Ya no íbamos a ser “la triada”, nos íbamos a separar. Yo pensaba que teníamos dos años más, pero ya nos estábamos separando.

No quería dejar de verlos. Antes estábamos juntos todo el tiempo, pero en un mes eso cambió muchísimo. ¿Qué iba a pasar después de las vacaciones de invierno? ¿Y en un año?

Me acordé de mi hermano y mi papá, ellos no tenían ni un solo amigo de la infancia. Mi mamá solo conservaba una amiga de la primaria y gracias si la veía una vez por mes. Me di cuenta de que estaba temblando.

—¡No, no quiero que eso pase! ¡No quiero otra ausencia en mi vida!

Mi mamá me abbrazó mientras me acariciaba la cabeza.

—Hija, tranquila. Por mi mente pasaban todos los recuerdos con ellos; cuando nos conocimos, nuestro primer día en la escuela, las primeras vacaciones juntos, todas las veces que me habían apoyado ese año. Me acordé de lo que siempre me decía Guille: “Disfrutá el ahora”. De a poco me calmé.

—Sabés lo que tenés que hacer, ¿no?

Fui a mi pieza y agarré el celular. Había un mensaje sin leer de Guille que decía: “Creo que nos fuimos a la mierda”. Mandé tres emojis de teléfono al grupo para saber si estaban disponibles. Guille llamó, yo contesté primero. Malena entró última.

Empezamos los dos pidiéndole perdón. Luego les confesé lo que sentía, todo lo que había entendido después de hablar con mi mamá. Ellos tenían el mismo miedo. Eso me sorprendió.

Al final hablamos toda la noche. Nuestras familias parecían haberse preocupado por nuestra pelea porque nadie nos llamó a cenar. Por el contrario, esa noche nos llevaron la comida a la pieza y hablamos hasta las cuatro de la mañana.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.