Definitivamente es complicado

PRIMERA PARTE - CAPÍTULO 15

Una tarde fuimos a una plaza que estaba frente a la estación de Escalada. Ahí se juntaba con un grupo de chicos entre los que no había nadie del colegio. Había una rampa en el costado derecho y practicaban con sus bicicletas y patinetas. Hacia la izquierda, había una feria que vendía artesanías, ropa tejida, comida, de todo un poco. Esos puestos estaban sobre un camino que la separaba de los juegos para chicos. En comparación con el Finky, o la plaza de Lomas, era una plaza chica, pero muy linda.

Cuando llegamos a las rampas, se nos acercaron tres pibes. Uno de cresta se dirigió directamente a Alan.

—Esta debe ser tu nueva novia, ¿no?

Me quedé confundida, ¿era novia de Alan? Él respondió afirmativamente a la pregunta del chico, que se presentó como “el Gallo”.

Después de eso, se presentaron el Gato y la Rata. Sentí que estaba en un zoológico cuando escuché que a Alan le decían “el Cuervo”.

—¿Todos son animales?

Se empezaron a reír y me explicaron cada uno de sus apodos. La verdad, no escuché mucho lo que decían porque me empecé a fijar en unas chicas que estaban del otro lado de la rampa y nos miraban. Estaban con sus patinetas, parecía que habían terminado de practicar.

—… y tu novio es el Cuervo —explicó Gallo.

—¿También sos de San Lorenzo? —bromeé—. ¡Pero si no te gusta el fútbol!

—No, no es por eso —respondió entre risas—. Es que, cuando los conocí, estaba en mi etapa en la que me vestía de negro y… ¡Ay, qué vergüenza! Encima en verano…

Me acordaba de esa época. Fue la única semana que tuvimos clases en el 2020. Se lo veía tan lindo con su camisa negra y jeans ajustados, también negros.

De pronto, las cuatro chicas que estaban del otro lado aparecieron. La colorada me miró de arriba abajo. Se presentó como “la ex novia del Cuervo” y, con soberbia, me preguntó quién era.

—Es mi novia, Alicia —intervino Alan.

Me había llamado la atención cuando lo dijo Gallo, pero cuando lo dijo él fue más raro. Mi cabeza empezó a plantear muchas preguntas. La primera fue: ¿cuándo empezamos a ser novios? Nunca lo habíamos hablado, jamás nos habíamos puesto una etiqueta. Pero las preguntas que más me incomodaban eran: ¿todas las semanas se veía con su ex para andar en bici y patineta? ¿Por qué no me lo había contado? Y más importante todavía: ¿qué estaba haciendo yo ahí?

—Así que cambiaste de noviecita. La otra era más linda.

No pude defenderme, solo le agarré la mano fuerte a Alan, que habló muy tranquilo.

—¿Qué hacés a esta hora acá? Nunca te quedás hasta tan tarde.

Mientras él hablaba, me agarraba de la cadera y me apretaba contra él.

—Bueno, escuché que venías con otra y quería quedarme para conocerla.

No podía creer que la Milplis se había tenido que aguantar esa situación. Era algo que ni a ella se lo deseaba. Esa piba era muy desagradable. Sentía que me quería ir, pero eso era dejar a Alan disponible. Así que tuve que hablarle.

—Si los apodos de todos son de animales, vos serías Cobra, ¿no?

—¡Obvio! —dijo poniéndose derecha, con aires de grandeza, como si el nombre le diera estatus.

—Se nota. Por lo venenosa.

Ella me miró con odio, mientras se escuchaban a los chicos corear “Uh…”. Pude ver que preparó el puño derecho y Alan me tiró para atrás. Ella le habló de manera cínica.

—No te preocupes, no le voy a hacer nada —dijo y después me miró a mí—. Te deseo suerte, nenita; con Cuervo la vas a necesitar.

Sus amigas y ella se fueron de vuelta a la pista.

—¡Guau! ¡Estuviste brava! —dijo Alan y me besó.

Los chicos me felicitaron por cómo le contesté y la Rata sugirió dar una vuelta por la feria de la plaza antes de empezar a practicar. Imaginé que tuvo esa idea para salir de la incómoda situación, hasta que pidió que le comprara comida. Dimos una vuelta y, cuando volvimos, las pibas ya no estaban. Menos la Rata, que se quedó comiendo al lado mío, todos empezaron a hacer piruetas con la bici. Nunca había visto a Alan practicar así, se lo veía muy auténtico. Cada vez que se detenía, me tiraba un beso.

—Parecés buena piba. —La Rata me sacó el mate de la mano—. No le hagas caso a la toxi.

—¿Quién es?

—La Colo. Se juntaba con nosotros hasta que apareció Alan. Empezaron a salir en enero del 2020. Ella lo incluyó en el grupo. Se pelearon porque era insoportable con él. No sé bien qué pasó, él nos contó que entró a su Instagram y borró a todas las mujeres que seguía; incluso a su prima. Y cuando no le contestaba el teléfono enseguida, suponía que estaba hablando con otra. Según ella, el loco es él. Apareció con todo el cuello marcado y lo culpó. Igual no le creímos. Yo conozco a la Colorada, le falla.

En ese momento sentí un nudo en el estómago. La Rata se dio cuenta y me explicó lo que pasó.

—Che, tranquila. No fue la primera vez que apareció así. Unos meses antes había llegado con golpes que, en teoría, le hizo su novio de ese momento. Fuimos, lo agarramos entre todos, lo rompimos por cagón y después nos confesó, entre risas, que se había golpeado ella misma. Nos contó, con orgullo, que se dio la cabeza contra la pared para que pareciera real. Estaba contenta de lo bien que le había salido. ¡Al pobre pibe le rompimos un brazo! Ahí la tendríamos que haber alejado, pero no. Está loca, así que no le des bola. Desde que vio que el Cuervo tuvo otras novias, lo persigue y dice que quiere volver, ¿me vas a decir que si la intentó ahorcar va a querer volver?

—No creo.

—Por eso. Vos no le des pelota.

Seguimos tomando mate. La historia me pasaba una y otra vez por mi mente. ¿Cómo pudo estar con alguien así? ¿Podrían volver? ¿Cuántas novias había tenido Alan? Preguntarme eso me llevó a otra pregunta. ¿Con cuántas chicas se había acostado? Eso me dio miedo. Si estaba acostumbrado a tener relaciones, no me iba a esperar mucho. Él decía que no tenía problema en esperarme, pero ¿cuánto le duraría?

Me acordé de que mi mamá no estaba esa noche y me había dicho que no llegara tarde. Nunca me dijo que no llegase acompañada. Así que le sugerí a Alan que fuéramos al departamento, que estábamos solos. Sonrió y me respondió que sí.




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