A la escuela llegué un poco más animada de lo que pensaba. No estaba feliz, pero estaba contenta de haber conocido un poco más sobre mi mamá. Aunque también estaba nerviosa, no quería cruzarme con Alan. Sabía que él no tenía profesores ese día, pero quizás se aparecía de pronto y lo iba a tener que escuchar. Y no quería que se pusiera a cantar para ponerme en vergüenza en la calle. Nunca lo hizo, pero lo creía capaz.
Por suerte no fue así, aunque llegué tarde y quizás ya se había ido. Entré al aula y estaba Malena sola, Guille aún no llegaba. Ella quería saber qué tal me había ido, pero yo quería esperar a que estuvieran los dos, para contar todo una sola vez. Además, en cualquier momento podría entrar la profesora. Aunque eso no me impidió preguntarle cómo la había pasado ella. Se la veía decepcionada.
—No sé... O sea, estuvo bien, pero... Es como que esperaba... no sé, algo más, un cambio que sea... ¡Guau!
—Ay, amiga... y yo soy la que se deja envenenar con las películas románticas. ¡No pasa nada mágico después de la primera vez!
—Ya me di cuenta. ¡Qué mala publicidad! Pésimo servicio, una estrella.
Me reí por su ocurrencia y ella me acompañó. Estábamos muy relajadas por ser que, en ese examen, teníamos que tocar una canción frente a todos, con el teclado o la guitarra. Cuando entró la profesora con sus mulas y los instrumentos, pedí pasar primero.
No tenía idea de cómo iba a quedar "No me arrepiento de este amor" con el teclado; pero, después de mi charla con mamá, con más ganas quería tocar ese tema. Mi interpretación fue buena, incluso mis compañeros la cantaron. Aunque, si bien los clásicos no mueren, Malena improvisó "Muchachos" con la guitarra y ganó el protagonismo.
En ese momento me olvidé de lo que había pasado el día anterior; sentí que la fiebre del Mundial se me subía a la cabeza. ¡Faltaba tanto y nada para noviembre! Sin darme cuenta, estaba cantando abrazada con Emilio, pero me alejé enseguida.
Fue difícil calmarse y seguir con el examen, pero no imposible. Siguió Helena. Nos llamó la atención que eligiese el teclado, nunca la vimos practicar con él. Hizo una versión excelente de "Malo". Nunca la había escuchado, pero su voz era muy hermosa.
Esas fueron las canciones que destacaron, las otras fueron las predecibles. Las que estaban de moda: un poco de Biza, la infaltable Lali, algo de Chano y "Muchachos" sonó dos veces más. Ah, y Emilio tocó una de Serú Giran. Alguien había hecho la tarea y se acordaba de que a Sol, la profesora, le gustaba mucho Charly.
En fin, la clase pasó rápido.Como todos estuvimos muy bien, Sol nos dejó los últimos quince minutos libres. O eso intentó, porque llegó Guille.
—Guillermo, estas no son horas de llegar.
—¡Ya sé! —gritó.
Todos, incluso la profesora, nos asombramos.
—¡No son maneras de hablar! Cuando se tranquilice, pase al frente.
Después, Guille agarró el teclado y empezó a tocar "Ojalá" de Silvio Rodríguez. Yo estaba segura de que nadie conocía ese tema. La cantó con mucho sentimiento, se podía sentir la pena como si la hubiese escrito él.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
¡Ojalá pase algo que te borre de pronto!
Una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte
para no verte tanto, para no verte siempre.
¡En todos los segundos!
¡En todas las visiones!
Ojalá que no pueda...
tocarte ni en canciones.
Terminó de cantar con la voz entrecortada.Guille dejó de tocar con la dulce melodía del teclado que imitaba a Silvio. Entonces nos miró.
—Es una canción muy hermosa —observó Sol—. Te salió muy bien.
Se sentó, como siempre, detrás de nosotros. Y, como siempre, no necesitaba decirnos nada