Extrañé mucho a Alan esas vacaciones, pero agradecí no haber ido. Malena tuvo problemas y me necesitaba.
Todo empezó en la segunda semana del receso. Male nos había contado que el tipo alto del turno mañana le había gustado y se vieron un par de veces. Terminaron teniendo relaciones días después. Esa vez había sido diferente, le había gustado. Él problema empezó cuando los dos con los que había estado hablaron entre ellos. Entrenaban juntos y en una de sus charlas surgió el nombre “Malena”.
Al principio ella no se enojó, solo eran dos tipos hablando de una chica (y ella había hablado sobre ellos con nosotros). Pero pronto sus redes se llenaron de imbéciles, le decían que no se hiciera la difícil, que sabían que le gustaba.
Hasta ese momento, no fue un gran problema, fueron bloqueados y ya. Lo peor ocurrió el día que la llamó Felipe. Estábamos los tres en su casa y nos pareció raro que él la llamara. Malena contestó y, después de hablar un rato, se quedó en silencio. Estaba más blan ca que de costumbre, noté que su respiración se había acelerado. La ayudamos a sentarse y le preguntamos qué pasaba. No le salían las palabras, así que le saqué el celular y puse el altavoz.
—Escúchame, yo… no sé qué se hace, ¿cómo te ayudo?
Malena me lo sacó de la mano y cortó. Después se agarró la cabeza. En ese momento, el teléfono de Guille sonó. Le había llegado un video con el mensaje: Mirá a tu amiguita. Él no lo abrió, pues imaginábamos qué era.
—Fue el del otro quinto, ¡lo voy a matar! —dijo y usó su teléfo no para hacer una llamada.
Aunque, más que una llamada, era una catarata de insultos de los que él no se hacía cargo.
—Se lo mostré a los pibes nomás, les dije que no lo mandaran.
—¡YO TE LO PASÉ A VOS!
—No me dijiste que no lo compartiera.
—¿¡Sos joda!? ¿¡QUÉ HAGO SI LO VEN MIS PAPÁS!?
Él cortó enseguida. En su voz no había rastro de responsabilidad alguna. De todas formas, aunque asumiera la culpa, nada podía hacerse; el video ya circulaba y los comentarios hirientes ya estaban en las redes. Lo peor para ella no fue que le dijeran fácil y todos los sinónimos conocidos. El mensaje que más le dolió, y que más reacciones tuvo, fue: ¿Y qué podés esperar de una mina criada por dos trolos?
—¿¡Por qué metieron a mis papás en esto!? ¡Ellos no tienen nada que ver! Me criaron bien y… ¡mierda, solamente estuve con dos boludos y ya soy una fácil! ¿Ellos con cuántas estuvieron? ¿¡Y las pibas!? ¡Más de una de las que dieron like a esto coleccionan chongos! ¿Por qué yo soy un problema?
Mucho no se podía hacer, más que ir a la comisaría y poner una denuncia. Pero el que había difundido todo era menor de edad, así que no servía de nada. A la mañana siguiente, Alan me llamó y me preguntó si podía hacer algo.
—La verdad es que no vi nada porque tengo archivados los grupos del colegio. Pero ya me contó Felipe quiénes lo difundieron, puedo pegarles cuando llegue.
—Lindo, eso no sirve.
—Bueno, puedo romperles el celular, así aprenden. Creo que uno de ellos tiene el último IPhone, le va a doler más que una paliza.
—Alan…
—Bueno, ahora hablan de Malena y sus padres, en cualquier momento pueden empezar a hablar de vos.
—¡Ay, como si tuvieran fotos mías! No te mando ni siquiera a vos.
—Ya sé, pero…
—Mi amiga está mal. No quiere volver al colegio. Se está por cambiar de escuela. ¿Y lo que a vos te preocupa es que hablen de mí? ¿¡Me estás jodiendo!?
—¡Pensá cómo me siento yo! ¡¿Qué voy a hacer si te empiezan a tratar de fácil?!
—¡Golpear a quien lo haga, si es lo único que sabés hacer!
Me enojé y corté. Él no me importaba, en ese momento mi prioridad era mi amiga. Preferí ignorarlo e ir a verla. Me abrió Lito, su papi. Pregunté por Malena y me dijo que estaba durmiendo, pero igual me invitó a pasar. Estaba tomando mate mientras trabajaba. Sabía que, con todo lo que había pasado, se había atrasado en el trabajo. Parecía enojado, así que no quise hablar, solo le cebaba mate. Fue él quien rompió el silencio.
—Me acuerdo de que, cuando tenía la edad de Malena, estaba de moda Fotolog.
—¿Qué es eso?
—Vos subías una foto y la gente la firmaba. Ya en esa época podían subir fotos privadas y hostigarte. Claro que podías denunciar la cuenta, pero el mal momento quedaba.
—¿Te pasó?
—No, en mi escuela era un problema de mujeres más que nada. Pero me hace pensar… Jamás pensé que le iba a pasar algo así a mi hija, nunca se me ocurrió hablarle de eso. ¡Trabajo en el rubro y no supe cuidarla! En mi mente todavía tengo la imagen de una nena asustada que recién llegaba a casa… y no me di cuenta de que esa nena ya es una mujer. Siento que le fallé.
—Malena siente lo mismo.
—¿Qué?
—Cree que los decepcionó porque se metió con cualquiera.
—¿Cómo que nos decepcionó? ¡Si es nuestro orgullo!
En ese momento, Lito se puso a llorar y yo me sentí incómoda. Nunca lo había visto vulnerable. Cuando éramos chicos, siempre sabía qué hacer para solucionarnos un problema. Parecía tener clara la vida y, de pronto, estaba perdido sin saber qué hacer.
Por primera vez, fui yo quien brindó un consejo.
—No estaría mal que se lo dijeran —aconsejé.
Se limpió la cara y se quedó pensativo un rato.
—Gracias. Y, con esa respuesta, siguió trabajando.
Un rato después, entró Pepe, el papá de Male. Me agradeció que fuera y me invitó a almorzar. Acepté, obvio, y le ofrecí ayuda con la comida. En ese momento, Malena bajó y me abrazó.
—Tranquila, Alicia, yo me encargo. Suban. Malena, podés invitar a Guillermo, hay suficiente comida —dijo Pepe.
En la pieza hablamos de cómo había pasado la noche. En ese momento, como si se hubiese sentido invitado, Guille llamó por vi deollamada. Male atendió y vio que estaba junto a Esteban y Felipe.
—¡Tenés que volver al colegio! ¡No puede ser que ellos vuelvan y vos no!
—Felipe, no lo entendés, ellos quedaron como campeones, yo soy la zorra.