Decidimos no entrar al colegio y fuimos a una plaza que no conocía. Era muy linda: toda una manzana con lugares para sentarse. Había poca gente, se notaba que la mayoría estaba en clase. Aprovechamos y fuimos a las hamacas. Hicimos una competencia para ver quién llegaba más alto. Después me desafió a ver quién llegaba más lejos con un salto. Yo me negué a saltar porque siempre me había dado miedo. Él lo hizo y cayó parado. Yo bajé la velocidad y me quedé mirándolo.
—¿Qué te pasa? —me preguntó.
—Es que… No sé, estoy confundida. ¿Por qué dijiste que no estabas defendiendo a Malena y miraste a Felipe? Vino nuevamente al lado mío.
—Bueno, no digas nada. A Felipe le gusta Malena. Pero ella lo rechazó las dos veces que la invitó a salir. No podía creer lo que decía, Malena nunca me había con tado nada.
—Le empezó a gustar cuando fuimos saliendo los seis juntos y… bueno, es la rompecorazones de esa familia, porque ya había rechazado al primo. La cuestión es que, en el vestuario, escuchó a esos dos con los que estuvo Malena hablar sobre ella. Sabía del tipo alto, pero del otro no. Felipe juró que era imposible que una chica como ella le diera pelota a un idiota como él. La verdad es que nunca nos cayó bien. Y el pibe decía que sí, Felipe que no… Al día siguiente difundió el video. Se sentía culpable y… ¡Por favor, no le digas a nadie que te conté esto!
—¡Lo voy a matar!
Cuando esa noche fui a la casa de Malena, no pude guardar esa información. Ella estaba alterada. Yo quería tranquilizarla, pero no tenía éxito.
—¡Por favor, no digas nada! Era la primera vez que faltaba a mi palabra con Alan. Y si Malena le decía a Felipe que sabía lo que había pasado, Alan se iba a enterar. Eso era un problema muy grande para mi relación. Después de insultar un rato y gritar, se calmó.
—Por vos, no digo nada.
—¡Gracias!
—No me imagino de lo que sería capaz de hacer si se entera de que hablaste. Malena estaba confundida, no sabía qué pensar. Felipe no co nocía ese video, pero le molestaba esa idea que él tenía sobre lo que ella hacía o dejaba de hacer.
—Se me hace que es por una cuestión de no entender qué le viste a ese tipo. Claro, él lo conoce mejor, entrenan juntos. Y nosotros no tenemos ni idea de…
—¡No lo defiendas, Guille!
Ella estaba muy molesta, pero yo me sentía traicionada. No me había contado nada, y era mi mejor amiga.
—¿Por qué no nos dijiste nada?
—Yo sí sabía. Me contó —dijo Guille sin apartar la mirada del celular.
—¿Te podés callar?
—¿¡Qué!? ¿Por qué? —me ofendí más—. Además, Felipe es muy buen pibe. Malena suspiró.
—Es por eso que no quería contarte. Parece buen pibe, pero es amigo de Alan.
—¿Y qué? ¡Mejor, saldríamos los cuatro!
—No pienso salir con Esteban para que tengamos una cita triple —advirtió Guille sin dejar de mirar el celular.
—Vos no lo querés ver, pero Alan es violento. ¿Y si Felipe es igual? Digo, por algo son mejores amigos.
Yo estaba muy enojada, no sabía qué decir. Después de todo, Felipe era el que mejor sabía controlar a Alan cuando se alteraba. A él y a Esteban los escuchaba y sabían cómo llevarlo, así como yo estaba aprendiendo. Pero lo que más me fastidiaba era que Guille sí estaba enterado y yo no.
—Ya dejen eso. Miren, Helena va a hacer un directo —dijo y se acarició el pelo que se había acomodado para el costado.
—¿Y desde cuándo nos importa? —preguntó Malena.
—Hoy me dijo que lo miremos.
—¿Hablaste con la Milplis?
—¡Si me dejaron solo hoy! Tuve que hacer grupo con las tres.
—Perdón… —dije.
—Shh… escuchen. Nos reunimos alrededor del celular. Como siempre, iba a pintarse. A cara lavada, empezó por ponerse una base blanca.
<<Bueno, hoy voy a incursionar en algo nuevo. Maquillaje artístico. Estoy terminando un curso y quiero ver qué tan bien me va cuando me maquillo a mí misma. Antes que nada, es clave preparar la piel para que reciba todos los productos. ¿Qué hice para preparar mi piel hermosa así? Primero…>>
No habían pasado ni diez segundos y ya me había aburrido. Sin embargo, me llamaba muchísimo la atención que no estaba dando los nombres de marcas que la patrocinaban. Y, lo que más me llamaba la atención era que nos pidiera ver su directo. Tenía más de veinticinco mil visualizaciones, no necesitaba de nosotros.
<<Siempre hablo de tendencias, ya me conocen. Y saben que no ha blo mucho de mi vida. Pero hoy va a haber una excepción: voy a hablar de lo que está pasando en la escuela. Una compañera faltó al colegio porque un imberbe difundió un video que ella le mandó solo a él.>>
—¿Imberbe? ¿Qué es? ¿Peronista?
—Shh… —me calló Guille.
<<¡Lo peor de todo es que él vino y tuvo clases normalmente! En un momento nos reunieron a todos los cursos y hablaron sobre la privacidad. A él lo aplaudieron mientras que de ella se reían. Y lo que me molestó más que nada es que había chicas que se reían. No sé si se dan cuenta, pero podemos estar de la vereda de enfrente de un momento a otro. ¿Quién nos asegura que en un descuido nuestras fotos no se filtren? ¡Publicamos de todo en nuestra red! ¿Sabemos realmente quiénes son nuestros seguidores? Además, ¿saben lo vulnerable que es una computa dora con acceso a Internet? ¡Cualquier cosa se puede filtrar! Por eso yo tengo una que nunca conecté a ninguna red, con Window XP.>>
No entendíamos qué estaba pasando. Nadie le había pedido ayuda, sin embargo, ahí estaba. Los comentarios estaban divididos. Algunas personas le decían que tenía razón, otras decían que la iban a dejar de seguir por feminazi. Muchas comentaban que habían sufrido eso y que tuvieron que cerrar sus redes, cosa que Malena ya había hecho. Me llamó la atención que había hombres contando sobre su intimidad vulnerada. No sabía que eso les pasaba a los chicos también.
Ella respondía algunos mensajes cuando paraba de maquillarse. Después seguía: