Definitivamente es complicado

PRIMERA PARTE - CAPÍTULO 28

Volver a gimnasia me sacaba tiempo para estar con Alan, y eso me fastidiaba. Lo bueno era que la nueva profesora me caía bien; además, mis compañeras ya no molestaban tanto. Después de lo que había pasado con Malena, se tranquilizaron bastante.

—¡Alicia, doblá las rodillas! —me gritó Helena.

—¿Qué?

—Saltás con las piernas muy estiradas.

—Tiene razón —intervino la profesora—. Chicas, si quieren saltar alto, tienen que doblar las rodillas. ¿Por qué creen que las hago hacer sentadillas?

—Tortura —dijo Malena.

—No; técnica. Deben fortalecer esas rodillas. ¡Guerra, la pelota! —gritó.

Le pasé la pelota y, por primera vez, pude hacer un pase derecho. Lo que Alan me había explicado funcionó. Sin embargo, le faltó fuerza.

La profesora me enseñó técnicas para que la pelota tuviera velocidad, y me hizo practicar con Eva hasta que mi tiro salió fuerte y, sin problema, llegó hasta ella. Luciana me felicitó y las chicas me aplaudieron. ¿Qué estaba pasando? Tanta amabilidad me confundía.

Después, la profesora nos explicó que flexionar las rodillas nos permitía aprovechar la elasticidad de los músculos. Mostró cómo era su salto flexionándolas y cómo era con las piernas estiradas. Yo rezaba para que González no volviera hasta que terminara el año. La nueva profe era muy buena. Me había caído bien desde la primera clase, en el momento que pasó lista y le pedí que me lla mara “Guerra” en vez de “Echeverri”. Pero no era solo eso, con ella sentía que estaba aprendiendo. Nos estábamos yendo, pero me llamó aparte, quería hablar a solas. Yo suspiré, me temía toda la charla que iba a tener.

—La clase que viene te voy a tomar todo el reglamento para que intensifiquen el primer cuatrimestre. Se nota que lo tuyo es más la parte teórica que la práctica.

—Eh… sí, es verdad. Aunque es más fácil cuando alguien te explica.

—Para eso me pagan. Me miró con detenimiento el brazo derecho, supuse que le había llamado la atención.

—¿Qué te pasó? Tuve que explicarle lo mismo que les dije a mis amigos.

—Mi novio y yo quisimos probar un poco de… rudeza en… ya sabe.

—Son muy chicos, pueden lastimarse. ¡No hagan esas cosas! —aconsejó y se fue.

Era la única que me había creído. Malena no lo hizo y, cuando se lo comentó a Guille, juró por La Copa que yo estaba mintiendo. De todas formas, eran los únicos que se habían dado cuenta. El invierno me ayudaba a esconder esa marca, pero en gimnasia no resistía usar mangas largas. Suplicaba que ese moretón se fuera antes que el frío.

Ellos nunca lo iban a entender, pero yo también había tenido algo de culpa. Después de todo, yo le dije de vernos una vez que terminara el partido contra Honduras. Su tío nos había invitado a su casa de El Tigre en la mañana del sábado. Él quería que yo fuera a dormir el viernes para salir temprano. Me sugirió que los chicos y yo fuéramos a ver el partido a su casa, pero nosotros teníamos nuestra cábala. Y funcionó: celebramos la victoria 3-0.

El problema fue que llegué más tarde de lo que le había dicho. Él estaba enojado y antes de decirme “hola” me empezó a gritar: que no entendía cuál era el problema, por qué lo abandonaba por un partido, que lo tenía podrido, todo eso me gritaba mientras me torcía el brazo. Yo le suplicaba que parara, que se calmara, hasta que bajó el padre y nos separó.

—¡No podés tratarla así! ¡Además, tengo que dormir, mañana manejo! —dijo, y después, Roberto me miró y habló directamente conmigo—. ¡Vos también, nena! ¡Esta no es hora de llegar!

—Quiero irme a casa —les dije llorando.

En ese momento, Alan empezó a pedirme perdón. Me dijo que quería que estuviera con su familia y eso lo puso nervioso. Quería que todo saliera bien y eso significaba salir temprano. Entendí que estaba ansioso. Hablamos un rato y lo arreglamos.

—¿Ya está? ¿Me puedo ir a dormir? —preguntó Roberto.

—Sí, tranquilo. Ahora subimos —respondí.

Cuando estuvimos solos en su pieza, Alan empezó a besarme, pero yo estaba enojada. Sin embargo, quería sentir lo bien que me trataba cuando teníamos relaciones. Era su momento más dulce. Se ponía muy cariñoso y amoroso. Si había algo que yo buscaba era tener a ese Alan en nuestra relación cotidiana, pero cada vez era más difícil. Así que, extrañando esa dulzura, cedí. La verdad era que sí habíamos hecho el amor, pero la rudeza fue antes.

Cuando la profesora y yo terminamos de hablar, volví a encontrarme con Male y Guille. Les conté la propuesta de Luciana y les pareció una buena idea. Ellos exageraron, juraban que me iba a sacar un diez por primera vez en gimnasia. Yo lo dudaba, era raro que pusieran números en los exámenes.

Al salir del gimnasio, el grupito de Milplis se acercó para felicitarme por haber mejorado en gimnasia. No entendía qué estaba pasando. Con Male nos miramos extrañadas.

—Bueno, ya no van a poder grabarme para pasarlo por los grupos.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Frida.

—¡A principio de año me grabaron cuando me caí en gimnasia!

—Ehm… no —afirmó Helena.

—¿Cómo “no”? ¿Y quién fue? Porque Segundo y Emilio no esta ban para hacerlo. Y Loli no hizo gimnasia ese día.

—Alicia, no sos tan importante como para que gaste mi tiempo en vos —aseguró Loli.

—Es verdad —agregó la Abanderada—. Yo denuncié el perfil y la publicación. Y lo difundí para que mis seguidores más fieles hicieran lo mismo. Siempre denuncié los grupos de escraches del colegio.

No tenía sentido, yo las había escuchado reírse. Me acordaba bien de ese día. Y los apodos que aparecían eran los que me habían puesto en la primaria.

—Bueno, sí, nos reímos un poco. Es que vos siempre te hacés la superada en las otras materias. Que en UNA te vaya mal y no puedas hacerte la importante… ¡Al menos podemos reírnos de eso! Además, la cara de Frida cuando la chocaste fue muy graciosa… —dijo Helena y se empezó a reír con Loli.

—¡Ay, cállense! —se quejó Frida.




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