Definitivamente es complicado

SEGUNDA PARTE - CAPÍTULO II

Alan, levantate, tenés que ir al colegio. Mirando el techo no vas a conseguir nada. Y preparate, porque Malena y Guille te van a agarrar. Por más alejados que estén, te excediste. Así que ya deben estar hablando.

Además, te lo merecés. Alicia quiere lo mejor para vos, eso no lo ves. ¿Por qué sos así? ¿Por qué alejás a las mujeres? Todas se van, siempre.

No querés ir al colegio a enfrentarla, pero a tu papá eso no le importa. Después de todo, no es más que otra pelea con otra noviecita. ¿No? No, él no entiende. Nunca te va a entender porque no le interesa. ¿Y por qué le interesaría? Si ya casi sos un hombre, no tenés por qué estar causándole dolores de cabeza. Te cambiás, bajás y tomás tu desayuno.

Lo bueno es que el viejo te da tu espacio. Sabés que no va a preguntar por qué no salís de tu pieza desde el sábado a la tarde. ¡Encima te acerca un mate a pesar de que se hace tarde! Y no pueden faltar en la mesa las tostadas con dulce de leche.

Y pensar que desde el sábado no te podés sacar de la cabeza la imagen de familia feliz que viste. Pero tu viejo dándote un mate porque llegás tarde al colegio también es una familia, ¿quién puede decir lo contrario?

¿Por qué Alicia no puede entender eso? Vos estás bien con él. Ella conoce tu carácter, sabe que te sacás fácil. ¿Por qué quiere interferir todo el tiempo? ¡Si nunca le pedís su opinión! ¡Ojala nunca le hubieras dicho a Alicia lo que te pasa por la cabeza!

Pero ¿te acordás de su cara? ¿Te acordás de su llanto? ¿De su súplica? Por favor, soltame.

¿Te das cuenta de que vos le hiciste eso, no? ¿Por qué te va a contestar? ¡Si sos una basura! Hasta Felipe y Esteban lo saben y por eso ya no te hablan.

—¡Dale, comé esa tostada que se te hace tarde! No tenés ganas de comer, no lo merecés. Así que agarras la SUBE y vas hacia la puerta, pero tu papá te frena.

—¿No vas en la bici hoy? A esta hora no te va a frenar el colectivo.

—No estoy de humor. Si no viene, voy caminando.

—Vas a llegar tarde, ¿qué te pasa? ¿Te peleaste con tu noviecita?

A veces es mejor que el viejo esté callado. Para no pelear, es me jor agarrar las llaves del candado de la bici e irte.

—Siempre vuelven.

—Como mamá, ¿no?

¡Guau! Eso es nuevo, nunca le contestás así. Un viejo rencor aparece en su rostro.

—¡Ni me hables de esa perra! Cuando se embarazó, vino corriendo a decirme que sus padres la habían echado. No pudo contar ni con sus abuelos, ni hermanos. ¿Amigos? ¡Por supuesto que no! Pero yo sí estuve, igual que mi familia. ¿Para qué? Tres años des pués, nos dejó.

—Porque vos le pegabas a mamá.

De pronto se te ocurre decir un montón de cosas que tenías guardadas. ¿Para qué decirlas 14 años después? ¿Por qué buscar res puestas ahora? Si ya sabés la historia, tu mamá tenía razón en irse. Tu papá te mira sorprendido. En su rostro aparece una risa fami liar, como la que aparece en tu rostro cuando te sentís acorralado.

—¿De dónde sacaste eso?

—Me acuerdo.

—Es imposible, se fue cuando tenías tres años, ¿quién te dijo eso?

—¡Papá! ¡Yo me ponía en el medio para que no le pegaras! Tu papá está mudo. Ese dato solo lo saben ustedes y tu madre. Se te acerca y te acaricia la espalda.

—Ya es hora de que vayas a la escuela.

La necesidad de torturarlo te invade. Querés que sufra, ¿no? Está bien, vos sufriste todo el fin de semana, que sufra un poco él. ¿Pero cuándo viste a tu papá sufriendo? En cambio, el que ahora sufre en la bicicleta mientras va al colegio sos vos. Él está tranquilo y vos estás como una nenita chiquita.

Frenás a medio camino, no entendés todavía lo que pasa por tu mente. Sentís que tu corazón late más rápido de lo normal. Te das cuenta de que se te caen las lágrimas solas. Ni siquiera notaste que empezaste a llorar. Entonces decidís que no es un buen día para ir al colegio, en donde tenés que estar es en Escalada. Vas a interrumpir la felicidad que tu mamá tiene con su nueva familia. ¿Para qué? Te llamó en pandemia, ahí estaban todos mal y ella no tenía hijos; ya pasó el tiempo y no te necesita.

¿Qué querés hacer en Escalada? Bueno, si vos no sos feliz, ¿por qué ella sí? Te desvías para llegar a la estación. Tomás el tren y transitás las 4 estaciones que solés pasar los viernes, pero esta vez vas para el otro lado. Te metés por la lateral y llegás a la zona residencial. Otra vez estás en esa vereda, ahora solo, y tocás el timbre.

Sale el hombre que viste en el auto la tarde del sábado. Le preguntás por Maribel y te presentás solo como Alan. El hombre parece desconcertado, pero te invita a pasar. Sin embargo, no aceptás entrar. Hablar en la vereda es lo mejor.

Tenés suerte, ella está adentro. Él entra corriendo y vos querés correr para el otro lado. En unos eternos minutos, ella sale. Sin darte cuenta, tenés en frente a la persona que te dio a luz. ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer?




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