Está fresco, pero no tanto para usar polera. Sin embargo, ¿cómo vas a ocultar tus moretones del sábado sin una? No podés usar el pañuelo que tenías ese día, Luciana va a pedir que te lo saques para hacer ejercicio.
Tenés que entrar a gimnasia, te guste o no. Desde lejos ves a Malena con las Novias de Quinto. Ella ya no te necesita, tiene mejores amigas que vos. Y sí, cansás a cualquiera: tu papá, tu hermano, Lucio. Seguro que cuando te independices ni tu vieja te va a visitar.
¿Por qué Alan se queda? ¡Encima vos lo echás! Es el único que te soporta. ¿Te podés dar el lujo de dejarlo ir? ¿Más sola te querés quedar?
Decidís dar la vuelta y buscarlo para arreglar las cosas. Entrar a gimnasia o no te da igual.
—¡Cuidado, mirá para adelante! ¡Justo te la tenés que encontrar a la Milplis! Está sola, por suerte.
—¿A dónde vas?
—No te importa.
—No… Pero si no entrás a gimnasia, vas a ser la única en diciembre, porque con Luciana no va a faltar nadie más.
No es un mal plan. Vas a estar sola, solo vos y el calor. Acostum brate a estar sola.
—¿Y Guille?
—Es mi novio, no mi sombra.
¿Por qué preguntás por él? ¿Qué te importa? ¡Está mejor sin vos! Sí, pelearte con él es un golpe duro, pero no te va a perdonar después de todo lo que le dijiste. Y tiene razón, entre Helena y vos…
—Tendrías que hablar con él.
—¡Ni se te ocurra meterte en esto!
—Alicia, Guille está mal. Él las extraña. Y seguro ustedes a él también.
—¡Callate! ¡Vos te robaste a mi mejor amigo!
—No te entiendo, Alicia. ¿Te gusta Guille?
No podés creer lo que estás escuchando. ¡Obvio que no! Imaginarte con él es como imaginarte con Lucas. Pero es un amigo leal, y de pronto viene tu rival y te lo saca. ¿Esa es su venganza por quedarte con Alan? ¿Fue un buen trueque?
—¡Guille es mucho para vos! —decís.
—¿Cómo sabés? ¡No me conocés, nena!
—¡Sí, te conozco!
—¡No, no me conocés! ¡Y yo a vos tampoco!
—Sí, nos conocemos hace rato. Son muchos años.
—¡Basta! Sí, en la primaria fui una tonta con vos, pero no fui la única.
Tiene razón. Sus pecas ya no están, pero en un momento la apodaste “colador”. Siempre se ponían apodos entre ustedes. Pero claro, ella se puso más linda que vos. Entonces ya no pudiste ponerle más apodos. ¿Ves cómo sos? ¡Por eso te detesta todo el mundo! ¡Te merecés estar sola!
—Guille es un repibe, así que no voy a dejarlo por tu berrinche. Solamente te pido que no lo dejes solo porque eligió a alguien que no te agrada. Después de todo, a él no le agrada Alan y nunca te dejó de hablar por eso. Y él sí tiene motivos.
—¡No te metas!
—Mirá, no te soporto pero voy a darte dos consejos: primero, hablá con Guille. Segundo, por tu bien, ¡alejate de Alan! En serio, se va a poner peor. Se va, así nomás, dejándote con mil respuestas a medio decir.
¿Cómo se atreve a meterse en tu noviazgo? ¿Por qué habla por Guile? ¿La mandó él? ¡Qué bronca te da! Encima ahora no te podés ir; la profe te llama desde la puerta del gimnasio. Es hora de empezar la clase.
Cuando llegás al colegio, notás que ni Helena ni Guille están. Suponés que se ratearon juntos; a vivir su relación en la mejor época: el principio, el enamoramiento, antes que aparezcan todos los defectos. Malena se lastimó la muñeca en gimnasia, así que no va a venir. Pensás en escribirle, pero dudás que te conteste. No querés arriesgarte a que te haga lo que hace Lucas, así que borrás el mensaje.
Ahora te toca soportar a Emilio y Segundo. Sospechás que saben la verdad, Alan ya no va a poder ayudarte, no tenés a tus amigos. ¿Quién te va a ayudar ahora?
¿Cuánto tiempo más vas a dejar que te humillen? ¡No podés dejar que te sigan pisoteando! No hay salida, no podés huir. Te están humillando frente a todo el salón y nadie va a saltar.
—¿Saben qué? ¡Hagan las cuentas que quieran! ¡No me importa! ¡Me va a dar gusto tener más likes que ustedes! ¡Porque ustedes dos no juntan las reacciones que yo sí junto! ¡Porque ustedes no sirven ni para el chiste y nunca podrían tener por sí mismos esa cantidad de seguidores! ¡Por eso suben fotos mías y de todos los “raritos” del colegio! ¡Porque nadie los quiere! ¡Háganse un favor y consíganse una vida!
De un momento a otro, te están aplaudiendo. Mientras tanto, los otros dos se quedan mudos. Franco te mira y te sonríe.
—¡Ya era hora!
El día empieza a mejorar. Sin embargo, te hubiese gustado que tus amigos estuvieran ahí.
Cuando la tarde llega a su fin y salís, escuchás esa voz que extrañás desde el sábado. Ahí está, con su bici y esa mirada de arrepentimiento. Sus ojos rojos te dicen que tampoco es fácil para él esto.
—Amor, perdoname. ¡Te juro que voy a cambiar! Esta vez es en serio.
No podés evitarlo y lo abrazás. Lloran juntos, ambos se aman. Tenés la corazonada de que esta vez es distinto. Lo ves en sus ojos, no pueden mentirte: ahí hay amor. De esto van a salir juntos