Alan, sos un tipo con suerte, Alicia volvió. Es increíble que vuel va. No hay reproche alguno. Está en tu casa, te da tiempo para hablar de tu experiencia con tu mamá, no te recrimina nada, no pregunta más de lo que querés hablar… En serio, no la merecés.
¿Por qué creés que podés cambiar? ¿Por ver unos videos sobre el control de ira en Internet? ¿Por hablar con tu vieja y pedirle ayuda? Si el consejo que te dio no lo vas a tomar, porque la palabra “terapia” te da miedo. ¿Cómo le vas a decir a tu viejo que la terapia te va a ser vir para poder estar con tu novia? ¡Se te va a cagar de risa! Además, ¿qué vas a decirle a un extraño? ¿La porquería que sos?
—¿Cómo te sentís? —pregunta.
—Raro. No pude decirle mucho. No… No sabía qué decirle. Son muchas preguntas y me dan miedo las respuestas. No me dijo por qué se fue sin mí. Le pedí que no lo hiciera. No estoy listo para escuchar eso.
Ella te da la mano y la acaricia. ¡Es una dulce! No podés permitirte perderla, es lo mejor que te pasó en la vida. ¡Tenés que cambiar! Por ella, porque es la única que te puede hacer sonreír.
—Este mes voy a tener una hermanita. Se llama Daniela.
—¡Felicidades!
—La casa es chica. Les está yendo bien en la peluquería y ahora quieren alquilar algo más grande, así que los voy a ayudar a mudarse.
—¿Son peluqueros?
—Mi mamá, sí. ¡Es muy buena! ¡Me mostró fotos, yo le mostré fotos mías y…! No pregunté qué hace su marido.
Tu mamá es peluquera y no lo podés creer; es como si estuvieran conectados. La idea de trabajar con ella es viable. Eso sí, tenés que terminar la escuela, órdenes de tu futura jefa.
—Por favor, no le digas a mi papá. O sea, se lo voy a decir. Pero tiene que ser con cuidado. Él es… un poco nervioso. ¡Nunca me tocó ni un pelo! Pero no sé cómo va a reaccionar. Y no le gustó cuando se enteró que todavía hablo con la abuela.
—¿Querés que esté con vos cuando se lo digas?
—¡No!
Es obvio que le va a echar la culpa a Alicia. ¿Y si se violenta con ella? Vos no vas a responder bien. Lo mejor es que Alicia se quede al margen. Es algo que tenés que resolver solo. De pronto te das cuenta de que ella está roja. Pero no dijiste nada que le pueda causar ese color. Le tocás el pelo y está mojado.
—Estás transpirando.
—Recién salgo de gimnasia.
—¿Por qué no te sacás la polera? No hace tanto frío acá adentro.
—No, está bien, no hay problema. No tengo nada abajo.
—No veo el problema.
—¡Alan!
—Te estoy cargando. ¡Dale, te presto mi remera roja! ¡Me encanta cómo te queda!
Está incómoda; pensás que ya no te tiene confianza. ¿Por qué no quiere que la veas? ¿Desde cuándo se pone tan incómoda?
Insistís, le acercás tu remera y te hace caso. Entonces ves lo que le hiciste. ¡Sos una bestia! Tu ataque de bronca fue el sábado al mediodía y tus dedos siguen ahí. Sí, fuiste vos. Sos un peligro. ¿Por qué lo hiciste?
Besar los moretones no la va a curar. Eso no desaparece. Es fácil hacerlo, pero difícil de borrar. Los besos, tu llanto y el clásico pedido de “perdón” no borran lo que hiciste.