La final hizo transpirar a más argentinos que el tren Roca en hora pico un día laborable de enero. Las horas no pasaban más, ¡el partido no llegaba más! Como cada cuatro años, el himno resonaba en las calles al unísono.
El partido estuvo cargado de emociones. Ese día los corazones latían al mismo ritmo y se esperaba una victoria más. Hubo muchas jugadas que dejaron en vilo a media Argentina. Tal vez la más recordada sea la pierna del Dibu que frenó un gol francés, el cual nos hubiese dejado en segundo lugar otra vez. Cuando los penales terminaron, Alicia y sus amigos salieron a festejar. Lomas se preparaba para recibir hinchas lomenses, aunque la verdadera fiesta estaba en el Obelisco.
Alicia hablaba con su madre por teléfono:
—Y mándame tu ubicación.
—Sí, mamá.
—Llevá tus cosas por delante.
—Sí, mamá.
—Y cuando vayan al Obelisco, quédate siempre al lado de los padres de Malena.
—Sí, mamá.
—Y ya te saqué turno para mañana.
—¿¡Qué!?
—Ganamos el Mundial, te toca cumplir tu parte.
Nunca le dijo a su mamá lo que había prometido, pero sus amigos habían empezado a hablar más seguido con ella.
—¡Qué rápidos que son!
—Ya los conocés. Tenés turno mañana a las 15.
—Ay... sí, mamá...
Fueron hasta la estación. El tren estaba lleno. La gente festejaba, gritaba. Cientos de banderas, gente de todas las edades se encontraba en un abrazo colectivo.
En la estación de Temperley había muchísima gente. Alan, Esteban y Felipe intentaban entrar. Los últimos dos cantaban y gritaban, el primero había parado en un puesto para comprar un choripán. En ese momento, una chica intentó empezar una conversación. Hablaron un rato.
—No, a mí no me gusta el fútbol. Pero bueno, mis amigos me pidieron que los traiga así después íbamos a dormir en lo de mi padrino que vive en Recoleta. A mi ex le gustaba mucho el fútbol. Estoy feliz por ella, se merece una alegría después de un año de relación conmigo. Ella estaba segura de que traíamos la tercera esta vez. Decía que el equipo...
—Amigo, ¿qué hiciste? ¡Se escapó! —interrumpió Esteban mientras se acomodaba al lado de su amigo.
—Ah, le estaba contando sobre Alicia.
—¿Qué te pasa? ¡Hablar de la ex espanta a las minas!
—¿Por qué creés que le hablé de Alicia?
Los amigos se empezaron a reír y siguieron su viaje.
En el Obelisco se montó una fiesta. Las calles se llenaron muy rápido. Cualquiera pensaría que se había organizado, pero no. La gente festejaba, se subía a lugares, incluso había gente arriba del Obelisco. Era el día de lo imposible. Y la fiesta duró mucho más.
Y durará toda la vida, como las experiencias que esos chicos pasaron ese año; donde todo se volvió muy complicado, pero se buscaba la vuelta para arreglarse. Después de todo, si se ganó un Mundial que empezó con una derrota contra un equipo que quedó eliminado en primera vuelta; si el país se juntó sin organización, de manera natural, para festejar; si hubo gente que trepó hasta la punta del Obelisco, ¿por qué ellos no podrían arreglar su cabeza.