Parecidos
Una vez que los recuerdos parecieron detenerse, Haniel comenzó a caminar hacia Andras, y como la mayoría de los descendientes, o al menos los que estaban allí, habían nacido mucho más adelante en el tiempo y no sabían nada de la historia de los primeros años de Andras y Haniel, pensaron que lo mejor era detenerlo, pues aunque nunca habían sabido de un pleito entre ellos, sabiendo lo que sabían de Haniel y teniendo en cuenta lo que acababa de decir Heylel, sin duda le evitarían un encierro seguro. Sin embargo, Araxiel los detuvo a ellos; aunque nadie sabía por qué no podían moverse y hasta pensaron que era obra de Deliel que había heredado de su padre la habilidad de la manipulación de la materia, el asunto fue que quedaron imposibilitados para hacer nada.
Pero los años de ver a casi todo el mundo como un enemigo, lo hicieron juntar las cejas ante la mirada horrorizada de Haniel, la cuestión era que la expresión de éste no obedecía a su presencia, sino a las heridas que estaba viendo.
- ¿Tú le hiciste eso, Galiel? – preguntó en un tono que todos habían aprendido a temer
- ¿Qué? ¿Acaso has perdido el juicio? ¡Por supuesto que no! – dijo el chico con indignación
- ¿Quién le hizo esto? – preguntó en un tono que destilaba veneno, algo que no entendió casi nadie
- Eso no se lo hizo nadie – escucharon a Dahariel – se trata de una hipodermitis bacteriana – dijo acercándose como para ver mejor y luego miró a Andras – ¿Has estado en contacto con algún tipo de alga o…?
- No es asunto tuyo lo que hago o a dónde voy, niño
Aquello les dejó claro a Haniel y a Deliel, que fuera lo que fuesen aquellas úlceras que estaban viendo en los brazos y el torso de Andras, tenía que estar relacionado con sus frecuentes paseos a mar abierto.
- Solo queremos ayudarte – dijo Galiel
- Tú mejor no hables – le dijo en tono desagradable y Galiel rio
- Sé que estás molesto por lo que te hice, pero…
- ¿Y qué fue eso exactamente? – preguntó Haniel, aunque nadie le prestó atención
- …lo estoy reparando y…
- ¡A un lado! – dijo Andras intentando incorporarse – Me largo
- ¡No! – exclamaron Haniel, Deliel y Dahariel
- Escucha, si no tratamos eso – puntualizó Dahariel – vas a tener muchos problemas
- ¿Qué tan serio es? – preguntó Haniel
- Pongámoslo así, si no fuese un nephilim, esas de ahí – y señaló las úlceras del brazo – lo conducirían directamente, a perder el brazo
- ¡Por la espada de Lucifer! – exclamó Deliel
- Gracias por la ayuda, pero ahora aléjate de aquí, Dari – dijo Sarakiel que se había acercado junto con él
- No fastidies, Sara
- Quien no queremos que resulte fastidiado, eres tú. Así que largo
- Este es mi trabajo, Sara ¿O es que crees que donde estoy habitualmente solo coloco antiséptico y reparto analgésicos?
Andras se llevó una mano a la cabeza por dos motivos diferentes; el primero, porque en verdad le dolía, y el segundo, porque estaba en una posición análoga a la de Kellen con relación a los descendientes y los veía como niños revoltosos y sumamente irritantes. Haniel no necesitó que pusiera aquello en palabras, pues lo conocía lo suficiente, así que tomó una decisión y sujetando a Andras, se lo llevó a una habitación, algo prudente en opinión de Deliel, o Andras comenzaría a apalear a las criaturas. Una vez que Haniel se había llevado a Andras, Deliel cargó con Galiel para que continuase su trabajo.
- No te preocupes, linda – dijo Araxiel al ver a Limeriel a su lado
- No estoy preocupada
- Bien, porque si alguno de nuestros chicos decidiera desobedecer a Virgil, Hani se encargaría de…
- ¿Virgil? – preguntó ella que acababa de llegar y no había presenciado lo primero, así que Araxiel le pasó la información – ¿Crees que se vaya a…?
- No lo sé, Leah – la interrumpió él – Hace muchos años que se marchó y esto no necesariamente debe ser un regreso como tal.
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Heylel se había ido con Bastiel y con Anjari hasta un salón que tendría el aspecto del estudio de trabajo de un abogado por la cantidad de libros, de no ser porque también había un piano y en un rincón un caballete con un lienzo a medio trabajar, cosas todas las anteriores, que identificaban el lugar como personal y privado de Heylel. De manera que a los chicos les extrañó ser conducidos allí, pero Anjari estaba mirando el lienzo cuando sintió la mirada de Heylel.
- ¿Qué estás haciendo tú aquí?
- Eh…bueno…estaba… Creo que mejor… ¿me marcho? – finalizó mirando a Bastiel quien tenía una cruel batalla con la risa
- Quien da las órdenes aquí soy yo, entrometido – le dijo Heylel – Y no, no tienes que marcharte, después de todo eres la sombra de este payaso – agregó y Anjari sonrió, aunque dejaría de hacerlo al verlo acercarse – Pero si tengo cualquier motivo de queja de ti, voy a hacerte pedazos