Druso le pidió a Ally que se fuera y lo dejara solo ahí, que él colocaría la ropa en la lavadora para que hiciera todo el trabajo de lavar y secar. Sin embargo, era más para que ella se alejara de él y así no lo viera derrumbarse, por lo que acababa de decirle.
Iba a tener una hija… Aun así, le parecía algo imposible de creer, puesto que ambos se cuidaban en ese entonces. Entendía en ese momento por qué ella le había pedido que esperara, por el simple hecho de que tenía que buscar las pruebas en el hospital en el que fue atendido.
Salió del área de lavado y la vio en el pasillo jugando con sus dedos de manera nerviosa y, en cuanto sus ojos se encontraron, ella parecía volver a respirar con normalidad.
—Voy a irme —Ally señaló—. Supongo que necesitas un poco de tiempo para asimilar las cosas y conmigo aquí no creo que sea posible.
—Vas a quedarte, no importa —él le pasó por el lado—. Tenemos mucho de qué hablar…
—Podemos ir si quieres al lugar donde está enterrada Willow —propuso siguiéndolo—. A lo mejor sería lo correcto.
—Necesito algo de tiempo para hacer eso y la verdad es que tengo Astrid y varios juegos seguidos aquí —suspiró—. Dame un poco más de tiempo.
—Comprendo, yo iré al hospital de todos modos para buscar mi expediente —jugó con sus dedos—. Sé que será beneficioso eso.
—Sí, tienes razón… —respondió un poco ido—. Debes tener hambre…
—No te preocupes por mí —ella levantó las manos—. Voy a estar en el área de lavado para…
—Vamos a conversar como personas civilizadas en este instante.
La agarró de la muñeca para llevarla a otro lado y poder conversar como era debido. Le indicó que se sentara y fue a ver la cena que dejó a medias cuando ella lo llamó.
—¿Cuántos partidos tendrás aquí?
—Tres, me iré después de que se terminen todos —volvió a encender la estufa—. Volveré a la ciudad a fin de mes para otros partidos… creo que estaré por estos lares como diez días.
—Veo que tienes tantas vacaciones así…
—Aunque no es del todo legal, prefiero tomarlas a fin de año para pasar tiempo con mi hija —levantó ambas cejas—. Aunque muchos lo hacen también…
—¿Es lo que firmaste en tu contrato?
—Sí, fue cuando lo renové después de que adopté a Astrid…
—¿Astrid es adoptada? —ella abrió la boca llena de asombro—. No lo sabía… Es tan parecida a ti que cualquier persona pensaría que es cierto.
—La encontré una noche en un callejón —comentó abriendo la nevera—. Fueron meses de duro trabajo y tuve que usar una que otra influencia para poder quedarme con ella, ya que por ser un hombre soltero, un jugador de hockey que se pasaba la mayor parte del tiempo viajando, no tenían mucha fe en mí.
—Astrid es una niña muy linda, es imposible no encariñarse con ella —Ally lo felicitó—. Voy a suponer que tuviste que detener por un tiempo la temporada…
—Sí, regresé a mitad de la temporada regular, entonces ya tenía a mi ama de llaves y le ofrecí el empleo de viajar conmigo de vez en cuando —asintió—. Algunos fines de semana o días feriados.
—Entiendo —la chica jugó con sus dedos mirándolo de reojo—. Sobre lo de antes… sé que suena mucho de ficción, pero es verdad…
—Está bien…
—No, sé que te estás mostrando como una persona que no cree en lo que le digo —Ally lo interrumpió—. Mañana a primera hora iré al hospital en lo que vas a tus entrenamientos.
—Te llevaré, me queda de paso y, como llevo a Astrid, no importa.
Ella hizo un sonido de afirmación y no se dijo mucho. Ella daba pequeñas vigilas en el área de la ropa para ver si ya estaba lista en lo que él terminaba de hacer la comida. Cuando ya todo estuvo listo, Druso llevó los platos al comedor con su ayuda y, aunque era un espacio enorme para toda una familia, no ocupaban mucho de la mesa.
—¿Qué fue lo que te dijo mi entrenador?
—Primero me dijo que lo esperara en su oficina; estuve ahí por unos minutos viendo a través del televisor… vi cuando ganaste —ella sonrió un poco—. Luego de eso, él mandó a alguien a decirme que tú me verías en un lugar, pero antes de llegar, perdí el conocimiento… y solo recuerdo que los paramédicos me sacaron del auto y rompí fuente…
—¿Cuántos…? —sus palabras parecían no querer salir—. ¿Cuántos meses tenías?
—Estaba en término —repitió—. Los médicos me dijeron que, por mi falta de alimentación, aparte de la falta de vitaminas del embarazo… fue imposible poder salvarla.
—No debiste venir…
—Lo sé, pero no podía hacer mucho con mi situación actual —Ally rio carente de humor—. Tu madre se encargó de que ni en los trabajos temporales me aceptaran; mucho menos tenía permitido llegar a este país por cosas sin sentido… Hasta intenté llegar a Canadá, pero también lo tenía intervenido…
—Celia con cada cosa que sale me sorprende más —dijo dejando a un lado el tenedor—. Mañana a primera hora iremos a ese hospital… hablaré con mi entrenador…
—Si hablas con él, seguro que te mentirá o te dirá que estoy loca —ella lo detuvo—. Sin embargo, él y yo tuvimos una conversación en el elevador en donde seguro podrás darte cuenta de que no miento… solo tienes que pedir esa grabación y te la darán.
Asintió estando de acuerdo y la conversación se quedó así. Continuaba siendo un duro golpe para él eso de que había tenido una hija que no pudo ver el mundo. Astrid no era un reemplazo y era algo que no sentía en ese momento. Era su única razón de vida, la que pensaba que no tendría luego de la supuesta traición de Ally.
Ally le contó acerca de todo lo que vio cuando cruzó la frontera y, aunque ya sabía todas las cosas que pasaban los inmigrantes, no pasó desapercibido el hecho de que le molestaba que se aprovecharan de ella en algunos aspectos.
—Mi habitación es la que está al final —le indicó—. Saldré mañana temprano; es sábado y Astrid va conmigo a los entrenamientos… —Tragó en seco—. Tu ropa estará lista al amanecer, creo.
—Entiendo. —Ally se abrazó a sí misma—. Gracias.