Druso elevó la mirada hacia donde se suponía que estaban Ally y su hija y no pudo evitar que una pequeña sonrisa adornara su rostro antes de continuar con el juego, al igual que los demás de su equipo. El estadio se encontraba lleno y se podían apreciar una que otra pancarta por todo lo alto con algunos nombres de los jugadores, pero los que más sobresalían eran los de Druso, los cuales algunos hasta fotos tenían.
El partido terminó con ellos perdiendo 3-2; aunque no era lo que esperaban, él se sintió horrible, puesto que deseaba que Ally lo viera ganar con su hija. Fue a los vestidores después de hacer la despedida del partido y tomó asiento cuando Alariel se le acercó.
—¿Triste?
—No. —Druso se quitó los patines—. Se gana en la vida. No queda otra.
—Tienes un punto —Alariel asintió—. ¿Sabes algo de Ally? —Él se tensó visiblemente—. No la he visto desde que llegamos y en el hotel me dijeron que ella tuvo que irse…
—No sé de qué me estás hablando. —Druso se aclaró la garganta—. Si me permites, tengo cosas que hacer en este momento.
—Claro, no te quito más tiempo.
Alariel se le quedó mirando confundido por su actitud antes de proseguir a ir a las duchas. Druso prefirió mejor marcharse con todo y el uniforme. En su casa se daría un buen baño, y también aprovecharía la oportunidad de que nadie viera a Ally.
Subió al lugar en donde ella se encontraba con su hija y tuvo que respirar hondo cuando las vio dormir en uno de los sofás. Al menos, esas dos no vieron el partido que perdió.
—Hey —Druso tocó el hombro de Ally.
—Hola. —Ally se sentó estrujándose los ojos con cuidado—. ¿Ya terminó el partido?
—Sí, acaba de hacerlo —él asintió—. Es hora de irnos.
—Claro.
Ally quitó con cuidado a la pequeña y fue por el bolso en lo que Druso la tomaba en sus brazos. No pasó desapercibido el hecho de que la pequeña arrugó la nariz al olerlo. Obvio, apestaba a sudor, pero daba lo mismo. Solo quería salir de ahí lo antes posible.
No había casi nadie en el estacionamiento, así que fue rápidamente hacia su auto, dejando a Astrid en el asiento trasero.
—¿Está todo bien? —Ally lo tomó del brazo—. No te has cambiado de ropa…
—Estoy bien —se pasó una mano por el cabello—. Quiero llegar a mi casa para que mi hija pueda descansar tranquila.
—Entiendo.
Ally subió en el asiento de copiloto. Druso tenía las manos apretando el volante; el silencio era tan tenso que se podía hasta sentir por la pesadez en el aire. Ella de vez en cuando lo miraba como si tratara de entender qué le estaba pasando realmente, pero nada pasó.
Llegaron a su hogar unos minutos más tarde y Druso volvió a tomar a su hija en brazos. Ally se despidió con que iría a descansar a su habitación. Se sintió tan mal por ese pequeño arranque de celos que estuvo en contra de Alariel que se cuestionó si estaba volviéndose loco o algo parecido.
Imaginó que Ally se encontraba dormida cuando bajó después de darse una larga ducha y de ver si su hija estaba durmiendo, pero se la encontró en la cocina haciendo algo de comer.
—Creí que estabas durmiendo —Druso habló y ella se giró para verlo—. ¿No pudiste cenar?
—Sí, pude cenar, descuida —ella dejó un plato en la encimera—. Es para que puedas comer algo.
—Gracias…
—No es nada —fue en busca del jugo para servirle—. Te vi muy tenso cuando nos fuiste a buscar; consideré que fue una idea horrible que me llevaras.
—Ya te dije que no es necesario que pienses eso —Druso suspiró—. Me sentía un poco sofocado por todo. No me gustan las personas cuando están todas en un mismo lugar.
—Eres la estrella de hockey de tu equipo, has ganado diversos premios de forma individual —Ally tomó asiento frente a él—. Aunque si gustas, puedes darte un respiro de todo.
—Ya me di un receso cuando Astrid llegó a mi vida —probó los camarones—. Saben deliciosos…
—Gracias, espero que sea de tu agrado, aunque tuve que calentar el puré de papa que tenías y así podías comer algo rápido —Ally sonrió un poco—. Creo que adiviné si te seguían gustando esas cosas así…
—Me sigue gustando, no hay problema —levantó ambas cejas e hizo una pequeña pausa durante unos segundos—. Antes de que te entreguen ese expediente… necesito saber que puedo encontrar en todo lo que me has dicho…
—Sé que no confías en mí y es por eso que quiero darte ese expediente, puesto que así puedo decir que sí hice algo bien y que tú tendrás pruebas —ella dejó salir el aire que tenía en los pulmones—. Con el expediente, se verán los nombres de las personas que me atendieron ese día y, aparte de eso, podré exhumar el cuerpo de Willow y me la llevaré a Londres.
—¿Qué?
—Era una indocumentada gracias a tu madre y al entrenador —le recordó—. Me prohibieron poder llevarme a mi hija, me pusieron en la lista negra y gracias a tu hermano es que pude salir de ahí —bajó la mirada hacia sus dedos, los cuales entrelazó sobre la encimera—. La verdad es que fueron unos años en los que pensé que no iba a poder salir adelante, hasta que Sariel y Nancy se instalaron en mi vida…
—Supongo que Nancy ya conocía todo de ti…
—Nancy no sabe nada, Sariel sabe algunas cosas a medias porque me preguntó las razones por las cuales te observaba en la boda de Niklas y Nancy. —Ally se encogió de hombros—. Sé que no me vas a creer, pero me imagino que sabes el nombre del chico y puedes buscar en las noticias acerca de su fallecimiento poco tiempo después de que nos viste en mi casa.
—No es que no te crea, es que para mí es difícil poder asimilar todo lo que me dices —Druso regresó a su comida—. Sin embargo, el hecho de que mi madre ahora esté pagando por todo el daño que hizo me alegra.
—Tu madre nunca pagará el daño que hizo por el simple hecho de que tiene a tu padre a su lado —ella apoyó la mejilla en la palma de su mano—. Sigo con la duda de por qué ustedes no sacaron nada de ellos… Son tan diferentes.