Estaba de camino a lo que parecía ser la clínica en la cual se encontraba hospitalizada por cuenta propia la hermana de Druso. Lys era una chica tan hermosa que cualquier persona podría quedarse prendada de ella, pero lamentablemente, no estaba en condiciones para poder salir adelante sin ir a terapia.
Con lo poco que sabía de esa chica, fue la que sufrió de entre todos los hermanos. No es que no estuviera minimizando la vida de ninguno, pero el hecho de que su madre la estuviera vendiendo a hombres desde muy joven, que le quitara el poder tener hijos y que, sobre todo, la ocultara del mundo y solo la sacara para cerrar tratos, ya era demasiado para una sola persona.
Astrid le había dicho que ella era como un ángel y que a veces se quedaba con ella en la casa; sin embargo, Druso se empeñó en querer llevarla también. Pasó un trago duro después de ver el enorme edificio en donde se suponía que estaba Lys hospitalizada.
—¿Ella durará mucho tiempo aquí?
—No, de vez en cuando se le permite ir a mi casa y se queda con Astrid. —Druso estacionó en el lugar correspondiente—. Volverá a la escuela en el próximo periodo, aunque prefiero que ella esté mejor en casa.
—Es mejor que Lys vaya a la escuela —se quitó el cinturón de seguridad—. Créeme, es mejor ahora para que vaya cogiendo confianza y ya en la universidad sería otro tema de ser necesario.
—No quiero exponerla —abrió la puerta trasera para sacar a su hija—. Abajo, cariño.
—Puedes al menos pensarlo. —Ally ajustó su abrigo un poco—. Hablarlo con ella a ver que quiere, porque tu hermana jamás ha podido elegir algo por sí misma y, si también le vas a escoger su propio futuro, hay un enorme problema.
Druso tomó en sus brazos a Astrid y le indicó que podían ingresar a la clínica. Tuvieron que esperar un rato antes de que se les permitiera ingresar a las áreas de visitas, ya que los pacientes estaban en una festividad. Por su parte, Ally se dispuso a ver algunas cosas de la instalación y quedó asombrada por el hecho de que ninguno de los que estaban ahí parecían ser pacientes con diferentes problemas psiquiátricos, por así decirlo.
—¡Tía Lys! —Astrid se removió de los brazos de su padre para que la soltara—. ¡Estamos aquí!
Ally vio a la chica que se acercaba y que sin duda alguna sobresalía de entre todas las personas de ese lugar. Su cabello blanco era tan luminoso que parecía ser pintado minutos atrás antes de presentarse.
—Hola, buenos días. —Lys abrazó primero a su sobrina y después a Druso—. ¿Eres la amiga de Nancy?
—Sí, mucho gusto. —Ally estiró su mano para saludarla—. Soy Ally.
—El gusto es mío, aunque ya te había visto antes en…
—Vamos a dar una vuelta —Druso se aclaró la garganta—. Caminen…
Ally frunció el ceño, pero de todos modos estuvo de acuerdo con él. Lys tomó de la mano a su sobrina y ella pasó a un segundo plano. Sin duda alguna, debió irse a otro lado a caminar o a hacer cualquier cosa que quedarse con Druso.
—¿Estás bien? —Druso tomó su mano—. Te ves distraída.
—Es que fue una pésima idea venir hasta aquí en donde yo podía irme a otro lugar en lo que regresabas a la casa o simplemente buscaba un hotel donde quedarme —Ally hizo una mueca—. Sé que debe ser complicado verme…
—Te dije que es algo sin importancia —la jaló para que caminara hacia el patio—. De todos modos, seguro que te aburres estando encerrada todo el día…
—No creo que me aburra estando en el hotel cuando puedo irme a algún sitio —bajó la mirada hacia su muñeca—. ¿Cuándo le vas a dar la pulsera a Astrid?
—Ya no le sirve —el jugador se aclaró la garganta—. Se estiró.
—La arruinaste cuando te la pusiste —ella se la jaló un poco—. Cuando vaya a otro lugar donde las vendan, le regalaré una más bonita.
—Bien.
—Tenías que decirme que querías una y se compraba con tu dinero —delineó su nombre en la pulsera—. Se ve extraña en tu muñeca…
—¿Rara?
—Es que eres todo un hombre, macho, pecho peludo y…
—Se ven tan bonitos. —Astrid rompió la burbuja y Ally soltó la mano del hombre como si quemara—. Agárrense de las manos —tomó las muñecas de ambos—. Se ven hermosos y ya les tomé una foto.
—¿Qué dijiste?
—Sí, ya les tomé una foto y no me importa lo que digan —le pasó el teléfono a su papá—. La tía Lys me dijo que ustedes se ven bonitos y, como mi papá no se acordaba de que yo tenía su celular, les tomé una foto.
—Lamento eso. —Lys se acercó a ellos—. Vamos al patio.
Ally y Druso se aclararon la garganta, no teniendo de otra más que seguirlas hasta el patio. Lys los llevó hacia una parte que se suponía que a ella le correspondía, ya que Druso pagaba una buena suma de dinero para que su hermana estuviera en las mejores instalaciones del lugar.
—Veo que tienes muchas cosas por estos lares —Druso se acercó un poco más a su hermana—. ¿Te dieron los libros?
—Sí, tengo muchos libros de medicina. —Lys quitó algunas cosas de la mesa—. Creo que estudiaré medicina, solo que todavía no sé en qué rama o especialidad.
—¿No has pensado en alguna universidad?
—Tengo que completar el año escolar que inicia pronto… creo que podré hacerlo en enero o algo así —la peliblanca se encogió de hombros—. Solo si mis hermanos quieren…
Ally asintió y dejó el tema tal cual. Escuchaba el parloteo de las personas a su alrededor y prefirió mejor dejarle su espacio a esa familia para que se pusieran al día. Sin embargo, las palabras que Lys dejaba salir acerca de cómo estaba mejorando en sus terapias le pusieron la boca amarga.
Le daba una pena increíble el hecho de que tuviera que pasar por todas esas cosas por culpa de su madre, más aún que nadie en esa casa la hubiese ayudado en su momento al ver tanta injusticia. Sonrió hacia Astrid cuando esta dejó ver su hermosa dentadura. La pequeña tenía una de sus coletas flojas, por lo que, mientras los dos hermanos hablaban, prefirió mejor arreglarle el cabello y que estuviera más cómoda. Pasaron algunas horas en las cuales ella se mantenía alejada de los dos y se iba con Astrid a caminar por los alrededores y conocer más de las instalaciones.