Tener que dejar primero a Ally en el aeropuerto para que fuera a prepararse con los otros de la tripulación le dejó un pésimo sabor en la boca. Ella tampoco es que deseara volver a hablar con él después de lo de anoche. Incluso, se quedó a una distancia prudente cuando ella y su hija comenzaron a despedirse entre abrazos y promesas de que se verían otra vez.
—¿Vamos a vernos otra vez? —Astrid se secó las mejillas—. Quiero volver a estar contigo.
—Claro, solo si tu papá nos deja —le acarició las mejillas—. Hasta podemos hablar por videollamada; ya tienes mi número.
—Sí, está bien…
—Es hora de irnos —Druso llamó a su hija—. Vamos.
—Adiós, Astrid. —Ally levantó la mano para despedirse—. Hasta luego, Druso.
—Nos vemos en unas horas. —Druso asintió.
Hasta que ella no entró al área que correspondía para ponerse al día con los del vuelo, él no se alejó en lo absoluto. Abrió la puerta trasera de su auto para colocarle el cinturón a su hija y emprender el camino a la escuela, donde ya tenía bastantes horas de atraso. Por suerte, le creyeron cuando dijo que iría a una cita médica y que por eso llegaría tarde.
—Papi —lo llamó Astrid en el asiento trasero—. Quiero saber si Ally volverá a estar con nosotros en la casa.
—No lo sé, cariño —respondió con seguridad—. Ella tiene que trabajar…
—Ojalá que Ally decida quedarse a vivir con nosotros —movió sus pequeños pies—. Me gusta hablar con ella.
—A mí también…
—¿Es verdad que ella es una mala persona por todo lo que te hizo en el pasado? —indagó su hoja—. Ally se ve tan buena…
—Es cosa de adultos y no lo entenderás por el momento —se detuvo en un semáforo—. Aunque me hubiese gustado que las cosas entre los dos fueran distintas, pasaron por un motivo.
—Creo que ella pensará que no la quieres porque me adoptaste y mis verdaderos papás andan por ahí…
—¿Quién te dijo eso?
—Yo escuché una conversación que tuviste una vez con mis tíos —ella se encogió un poco en su lugar—. Lamento haber escuchado sin tu permiso…
—Hablaremos de eso más adelante —prometió—. No quiero que pienses que no te quiero o algo por el estilo. Eres mi hija —se giró para verla—. Desde que te vi, supe que tenías que quedarte conmigo…
—¿Y si después aparecen mis otros papás?
—Pues ellos no tienen derecho a querer quedarse contigo, por el simple hecho de que ya eres mi hija —la calmó—. No dejaré que nadie te lleve o te haga daño.
—Muchas gracias, papá…
—No es nada, mi amor.
Astrid se calmó lo suficiente como para que Druso y ella no volvieran a tocar más el tema de la adopción o algo parecido. Dejó a su hija en la escuela, diciéndole que iría su nana más tarde a buscarla y que no se fuera por nada del mundo de ahí.
Cuando llegó al punto de encuentro con sus compañeros de equipo, fueron llevados al camerino donde los esperaban para iniciar con el maquillaje y después una serie de entrevistas en las cuales debían ser los más amistosos del mundo. Sin embargo, se hablaban mal entre ellos y eso era algo que sin duda ninguno pretendía dejar de hacer por mucho tiempo.
Druso se sentó en la parte de atrás con los brazos cruzados y únicamente cruzó un par de palabras cuando fue meramente necesario, aunque no quería hacerlo.
El partido pasó de igual modo, con él deseando ver a Ally y de vez en cuando se cuestionaba seriamente si se estaba volviendo realmente loco o qué demonios pasaba por su mente. Estaba seguro de que ella era mucho más de lo que pensaba y, si lo que Ally decía era cierto, pues le tocaría hacer mucho y de rodillas.
Terminaron ganándoles a los del equipo de Los Ángeles. Habló con su hija ya de camino al aeropuerto y esta se mostró feliz porque ganó y podría ya irse a dormir como era debido.
Su corazón latió con fuerza al ver a Ally con el personal moviéndose de un lado a otro por el avión para atender a los jugadores.
—Te estuve buscando en tu hotel, pero me dijeron que te habías ido a otro lado. —Alariel tomó de la mano a Ally—. Veo que estás muy bien.
—Me quedé en casa de un conocido y por esa razón es que no pude quedarme en el hotel por más tiempo —ella le explicó con calma—. Fue algo repentino.
—¿Puedo saber qué pasó exactamente?
—Digamos que alguien de curioso fue a romper las tuberías de mi habitación, pero ya se pagó por el daño.
—Comprendo…
—¿No ves que ella tiene que seguir trabajando? —Druso miró al hombre que estaba hablando con Ally—. Déjala en paz.
—Oye…
—Sí, disculpe —Ally casi pone los ojos en blanco al escucharlo hablar de ese modo—. Con su permiso.
Druso la vio caminar rápidamente hasta la otra parte del avión. Sus compañeros se le quedaron mirando extraño, pero regresaron a las conversaciones. El tiempo que le quedaba de vuelo fue tan incómodo que lo único que deseaba era meterse debajo de las sábanas y cerrar los ojos por el resto de la noche si era posible.
El hotel en el cual se iban a hospedar en Dallas los recibió con una oleada de fanáticos que tenían, en su mayoría, su nombre escrito, y no tuvo más remedio que firmar uno que otro autógrafo en el proceso. Se despidió de sus fanáticos y tomó la llave de la habitación que le correspondía. Estaba por irse a dormir cuando la puerta de su habitación fue tocada varias veces.
—Soy Ally —dijo la otra persona antes de que él pudiera preguntar—. Abre, por favor.
No se lo pensó dos veces antes de quitar el seguro para dejarla pasar. Ella se notaba extremadamente nerviosa y él lo estaba mucho más. Vestía un suéter un poco grande para su tamaño, un pantalón de dormir y unas sandalias del mismo color que el pantalón.
—¿Sucede algo? —cerró la puerta con cuidado—. ¿Se rompió…?
—¿Puedo saber por qué estás enojado conmigo ahora? —Ally tenía la mirada seria, quitándose la capucha—. Sé que soy una empleada, pero eso no te da el derecho a querer también mandar en lo que hago.
—¿De qué me estás hablando?