Los días posteriores al juego pasaron con Ally esquivando cada intento de querer hablar de Druso. El viaje a Dallas, luego a Washington y por último Philadelphia le estaba dando serios dolores de cabeza. Las giras con el equipo en diferentes lugares los dejaban agotados, pero sobre todo para ella solo eran unos buenos días en los que pasaba el tiempo y ya tendría al fin el expediente.
Ajustó el abrigo lo suficiente para irse a caminar un rato por las calles de Washington antes de partir a New York al día siguiente.
Ni siquiera quiso ir al estadio donde se estaría llevando a cabo el juego; únicamente deseaba quedarse dormida en algún sitio y listo. Estaba realmente cansada de tener que lidiar con Druso los siguientes días.
Regresó al hotel antes de que los jugadores lo hicieran y, por lo que supo, perdieron el partido. Había tenido en cuenta que ese equipo andaba perdiendo demasiados partidos últimamente y quedaría fuera de la temporada si continuaba de ese modo. Fue al restaurante del hotel para comer algo, ya que su estómago lo exigía por la caminata que dio anteriormente, y cuando ya estuvo lista, se escucharon algunos gritos de fanáticos, por lo que supo que ya habían llegado los del equipo.
Esperó pacientemente a que fueran ingresando a los elevadores los jugadores, los cuales estaban muy entretenidos en sus charlas. Cruzó los brazos observando el elevador que volvía a bajar y entraban los otros jugadores en el mismo como si ella no importara. Sus compañeras ya estaban con los ojos puestos en algunos, algo que les iba a traer serios problemas si continuaban así.
Ni cuenta se había dado de que alguien más no entró al elevador; no vio a la persona que se encontraba detrás de ella.
—Continúan saliendo a solas durante la noche. —Druso presionó el botón para cerrar las puertas antes de que alguien entrara—. Buenas noches, Ally.
—Buenas noches, Druso —ella se pegó lo más que pudo de la pared—. Vi que perdiste el partido… me alegro.
—Vaya, se supone que aquí es donde debes decirme que es una pena que haya perdido un juego —él sonrió socarrón—. ¿No era eso lo que decías cuando éramos novios?
—Mentía —le restó importancia al asunto—. Me daba lo mismo si ganabas o perdías en esos juegos.
—Vaya, ya veo que solo vives para romperme el corazón…
—No es que tengas uno, el cual romper después de todo —ella lo vio de reojo—. Sin embargo, no te mentiré respecto al juego, puesto que me da lo mismo si pierdes o ganas algún partido realmente.
—Bueno, en ese caso…
—No harás que cambie de opinión ahora acerca de tus juegos perdidos. —Ally espantó las palabras con una mano—. Ten una buena noche.
—Estás siendo un poco errónea al tratarme de esa forma —Druso se llevó una mano al pecho—. Soy un hombre que tiene sentimientos…
—Sentimientos dices tener y te la pasas espantando a cualquier amigo que quiero tener —observó que los pisos iban pasando poco a poco—. Es más, ni siquiera sé por qué razón estamos los dos hablando en este momento.
—Puedes fingir un poco que te caigo bien…
—¿Así como lo haces conmigo? —Ally negó con la cabeza—. No te caigo para nada bien, los dos lo sabemos y créeme que prefiero mejor mantenerme alejada de ti debido a nuestro pasado.
—Nuestro pasado quedó atrás…
—Hay cosas que no se olvidan de la noche a la mañana —sonrió con desgana—. Tú no olvidarás que me viste besar a un chico; tampoco crees del todo que yo en verdad nunca te fui infiel y que solo se trató de una mentira por parte de tu madre.
—Solo necesito algo de tiempo para asimilar todo —Druso cambió su tono de voz a uno más comprensivo y serio—. No han sido años fáciles para mí, ya que en mí albergaba mucho odio hacia ti, al grado de que si te veía, sabía que te mataría con mis propias manos.
—Entiendo…
—No, no entiendes que por el simple hecho de que tú ya estés frente a mí, es complicado —las puertas se abrieron, pero ninguno de los dos se atrevía a salir—. La verdad es que han sido unos meses difíciles para mí; no sé qué haré si continuamos juntos.
—Serán seis meses en los que por obligación nos veremos las caras —murmuró—. Aunque, en unas semanas o tal vez más de la cuenta, vendrá alguien a sustituirme por un tiempo de ser necesario.
—¿Qué?
—Son horarios rotativos y la verdad es que prefiero pasar las festividades lejos de ti, aunque Astrid me encanta —confesó mirándolo fijamente y sin perder su tono cálido—. Es una niña hermosa y, créeme, que ella es todo lo que está bien en tu vida.
—Lo sé…
—Si vas a romperme el corazón, por favor no lo hagas —puso su mano en la puerta antes de que se cerrara—. Si vas a darme una oportunidad en tu vida, espera a que sanes por completo, porque sé que en unos días no podré sanar por completo la herida que tienes.
Druso no supo qué decir en ese momento, y ella lo tomó como algo para salir huyendo de ahí. Su corazón latía más de la cuenta mientras buscaba las llaves de su habitación. En cuanto estuvo dentro de la misma, se apoyó en la puerta dejando que el aire al fin saliera de sus pulmones.
Imaginó que iba a poder pedir servicio a la habitación en paz; no obstante, su celular tenía una videollamada.
—Hola, Astrid —saludó a la niña que le sonreía al otro lado de la línea—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, y acabo de terminar mis deberes —le mostró el cuaderno—. Quise hablar contigo antes que con mi papá y mi nana me dio permiso.
—Vaya, por lo que veo, eres una niña muy inteligente —colocó el celular en una buena posición para no perderse la llamada—. ¿No es el momento de hablar con tu padre?
—Creo que sigue jugando; él me llamará más tarde —Astrid se encogió de hombros—. Te ves muy bonita.
—Eres una pequeña cosita que le gusta adular a mujeres solteras y presiento que le estás buscando una esposa a tu padre —bromeó—. ¿Es eso lo que quieres?
—Tal vez sí, tal vez no, nunca se sabe —Astrid rio—. Solo quiero que mi papá esté feliz y tú eres una mujer muy hermosa.