Subió al avión para ir de regreso a su hogar; fluye mucho más de lo que imaginó. Ver a Ally servirles a los pasajeros durante un vuelo que tomaría a lo mucho tres horas lo sacaba de quicio. No era que no quisiera ser amigo de alguien; sin embargo, como tendría un par de días de descanso antes de volver a jugar, podía darse el lujo de estar con su hija.
—Aquí tiene. —Ally puso un vaso de jugo de proteínas frente a él—. Que lo disfrute.
—Gracias.
Druso lo tomó rozando sus dedos con ella, algo que no pasó desapercibido por más de una persona en el avión, que comenzó a murmurar a sus espaldas. Escuchó el carraspeo de la chica tratando de poder poner en orden sus pensamientos antes de que alguien más se diera cuenta de eso.
El avión despegó unos minutos después y todos se pusieron a hacer cualquier cosa desde sus dispositivos. Él le envió un mensaje a su empleada de que se quedaría un par de días con su hija antes de volver a jugar. Aunque podía quedarse más tiempo, le gustaba también estar sobre el hielo y que su pequeña lo mirara.
Llegaron a su destino a la hora acordada sin ningún tipo de inconvenientes y todos emprendieron el viaje a sus respectivos hogares para tomar un descanso. No obstante, Druso tuvo que estacionarse un poco alejado del resto cuando le envió un mensaje a Ally de que la estaría esperando para llevarla a su hogar.
—No tienes por qué llevarme a tu casa —Ally le explicó—. Puedo quedarme en el hotel…
—Ya te subiste a mi auto —Druso emprendió el camino—. Aunque creo que prefieres mejor quedarte en mi casa que ir al hotel.
—Es que tienes un lago muy bonito a unos metros —murmuró—. Aparte de que Astrid me pidió hace un rato que fuera a visitarla…
—Ahora mi hija se la pasa contigo todo el tiempo —Druso chasqueó la lengua—. Supongo que ahora tengo a una pequeña enemiga en mi propiedad.
—Es inevitable que una pequeña como ella no me quiera. —Ally pestañeó varias veces en su dirección e hizo un puchero—. Mira que somos casi idénticas y eso que es tu hija.
—Bueno, al menos ella es feliz, por así decirlo —él bostezó—. Mi hija es una cosita que hace lo que quiere, pero por alguna extraña razón jamás la ves metida en algún problema.
—Me recuerda a Joshua —sonrió un poco—. El hijo de mi mejor amiga, solo que él sí se mete en problemas. Aunque ahora no tanto.
—¿No tantos?
—Pues digamos que el único problema de él es que ya tiene un papá y ese es tu hermano.
Druso dejó salir un largo suspiro al recordar la historia que su hermano Niklas le contó de toda la travesía que hizo ese niño. Desde meterse en una maleta hasta el hecho de escaparse. Verificó la hora en su reloj y le daba tiempo de ir por su hija, así que le dijo a la nana que podía irse a casa si quería y que, de todos modos, él no jugaría en unos días.
—Mañana iré a buscar mi expediente. —Ally jugó con sus dedos—. ¿Quieres ir conmigo?
—No lo sé —fijó su vista en la entrada de la escuela—. Si algo sale mal, no sé en qué puedo pensar en ese momento.
—Entiendo…
—No quiero que pienses que no me haré cargo, es que por más que pienso en que…
—Druso, solo quiero limpiar mi nombre —Ally lo cortó—. Si quieres continuar siendo parte de mi vida, está bien; sin embargo, no quiero que, aunque Willow esté muerta, consideres algo erróneo…
—No, no voy a pensar en otra cosa —la miró fijamente—. Si no confiara en ti en esta parte, no dejaría siquiera que te acerques a mí —la encaró—. Incluso, te creí cuando me dijiste lo de ese chico, aunque para cualquier persona podría ser algo ficticio.
—Ni yo cuando te conté eso pensé que me creerías —sonrió a medias—. Es un tema un poco complicado… Sin embargo, solo uno tuvo un final trágico.
—En eso tienes razón. —Druso hizo una pequeña pausa antes de hacer una pregunta que le estaba molestando desde hace un tiempo—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—¿Cuál?
—Nosotros nos cuidamos antes, porque éramos muy jóvenes y esas cosas —él jugó con sus dedos en el volante como si fuera un niño pequeño—. ¿Cómo es eso de que quedaste embarazada?
—Fue esa vez en el parque… cuando estábamos medio borrachos —confesó la chica con las mejillas rojas—. Se acabó el plazo de la inyección y, bueno, pasaron algunas cosas entre los dos… yo no volví a tomarme en serio eso.
—Esa vez en el parque —se pasó una mano por el rostro—. Recuerdo que casi nos llevan a prisión esa noche.
—Sí, recuerdo que estábamos celebrando tu triunfo y vacaciones —Ally apretó los labios—. Según mis cálculos y la fecha que me dio el doctor, fue ese día.
Antes de que Druso pudiera pedirle más información, su hija salió de la escrófula en el momento en que el timbre hizo acto de presencia. Salió del auto para ir en su búsqueda, porque posiblemente su hija pensaría que la persona que había ido a buscarla había sido su nana.
—¿Papi? —Astrid se mostró asombrada—. Pensé que estarías en otro lado.
—Ya se terminó el partido y me tendrás unos días en casa —la cargó en sus brazos, quitándole la mochila del hombro—. Hay alguien que vino conmigo para quedarse.
Ally no podía salir por el momento del auto, debido a que si algún padre lo veía, lo más seguro es que este comenzara a vender la noticia a los medios.
—¡Ally! —Astrid se movió un poco para que Ally le diera un beso en la mejilla—. ¿Me trajiste regalos?
—Sí, compré algunas cosas en los diferentes lugares —ella le acarició con cuidado la mejilla—. No le digas a tu padre, pero también compré algo para él.
Druso fingió que no escuchó nada de lo que ella dijo, pero de todos modos, fue haciendo el asiento de piloto para ir a su casa. Al cabo de unos minutos, escuchó que ella tomaba la llamada del hospital para que fuera a primera hora del día a buscar el expediente.
—¿Por cuánto tiempo te vas a quedar aquí? —Astrid preguntó desde el asiento trasero—. Quiero saber si Ally se quedará en la casa.
—Ally se quedará en la casa y me quedaré, por caso, dos semanas contigo antes de irme —Druso le explicó—. Son unos días en los cuales podré ir contigo a la escuela y pasaremos tiempo juntos.