Desastre en el hielo

19. Espanta mamás

Ally se puso unos pendientes y, con los nervios que tenía encima, no podía concentrarse lo más mínimo. Iba ese día a buscar su expediente al hospital y tenía más tiempo de sobra para poder disfrutar de un buen día, por así decirlo. Se acomodó el cabello con cuidado de que no se le arruinara. A su mente llegaron esos recuerdos de cuando era novia de Druso; no podía sacarse de la cabeza el hecho de que él era demasiado guapo y que llamaba mucho la atención.

Bajó al primer piso con un bolso y ya estaba Druso ahí con Astrid. La pequeña tenía el uniforme de la escuela, por lo que la dejarían allá y listo.

—Buenos días —Ally los saludó—. ¿Cómo están?

—Estamos bien —Astrid sonrió—. Iremos a mi escuela y papá me dijo que ustedes dos irán a otro lado.

—Sí, iremos a solucionar unos problemas que tenemos, es todo —ella tomó asiento a su lado—. Espero que te vaya bien en la escuela.

—¿Te vas a quedar siempre con nosotros?

—No creo que me quede por mucho tiempo, ya que tengo que hacer algunas cosas fuera de la casa, pero haré mi mejor intento —Ally sonrió y acarició con cuidado su cabello—. No puedo quedarme todo el tiempo aquí debido a mi trabajo.

—Pero puedes hablar para que te dejen vivir aquí —Druso dejó un plato humeante frente a ella—. Es una casa enorme y tienes muchas cosas cerca.

—No creo que aquí haya muchas cosas cerca a menos que sea algo fuera de lo común —Ally dejó salir un pequeño bostezo—. Mi trabajo necesita de mi presencia cercana y estando aquí no podré hacerlo.

—Bueno, no creo que a tus jefes les importe mucho, a menos que te quedes por más tiempo. —Él fue en busca de los demás desayunos—. Es una casa y puedes quedarte en la habitación…

—No me quedaré en la habitación que me ofreces, porque me iré en cuanto pase el año nuevo —le recordó—. Vendrá otra persona a quedarse con el equipo, así que no puedo.

—Puedes hacer lo que gustes…

Ally sonrió a medias y vio el delicioso desayuno que tenía enfrente. Druso dejó un poco de jugo frente a las dos mujeres y después tomó asiento en la mesa para disfrutar un poco de la comida.

—¿Sigue en pie que me acompañes al hospital? —averiguó Ally—. Quiero saberlo por si las moscas…

—Sí, te acompañaré y después estaré entrenando un poco con el equipo —él asintió—. Para pasar el tiempo…

—Sí, de acuerdo.

El desayuno fue con una terrible tensión entre ambos; sin embargo, Astrid parecía muy feliz de tenerlos a los dos en la mesa y eso era algo que le alegraba. Un rato más tarde, Ally tenía en sus manos la lonchera de la pequeña, puesto que Druso había colocado también su almuerzo, merienda y algunos refrigerios por si tenía algún tipo de antojo durante su día de clases.

—Espero que vayan los dos a la reunión de padres —Astrid comentó desde el asiento trasero—. Seré la envidia de todas las chicas y mi papá al fin podrá respirar en paz.

—¿En paz? —cuestionó Druso desde el asiento de piloto—. ¿Cómo es eso?

—Pues ya las mujeres no irán contigo todo el tiempo a verte solo a ti, ya que les vamos a decir que mi mami regresó de su viaje y ahora ya no tiene caso que te sigan molestando —Astrid se encogió de hombros—. Ahora será divertido verlas mirar mal a Ally…

—No sabía que las madres me miraban de ese modo…

—¿Por qué crees que nunca ves a los esposos en las reuniones?

Ally tuvo que apretar los dientes y mirar hacia otro lado. Esa niña siempre resultaba ser una caja de sorpresas. Ahora tenía que ser una espanta esposas infieles, solo porque le molestaba que su padre fuera el centro de atención en todo momento. Unos pocos minutos más tarde, estaba viendo cómo Druso bajaba del auto para dejar a la pequeña en la puerta y estrecharle la mano al personal que los esperaba en la entrada.

—Con razón esas madres siempre lo esperan —murmuró mordiéndose el pulgar—. Solo hay que verle el trasero para darse cuenta de tremendo hombre.

Cruzó los brazos en su pecho al ver la conversación tan amena que tenía con la profesora, al punto de que esta le tocó el brazo, por lo que no se lo pensó dos veces antes de tocar el claxon del auto para que fuera lo antes posible.

Druso se despidió de la mujer con una pequeña sonrisa y Ally puso los ojos en blanco al ver eso.

—Imaginé que te ibas a quedar con esas mujeres ahí —murmuró sin mirarlo cuando se subió al auto—. Ahora con eso de que eres una persona famosa…

—Solo estaba saludando a la profesora de mi hija. —Druso se colocó el cinturón de seguridad y encendió el auto—. Vas a acompañarme al entrenamiento. Podrás sentarte en un lugar similar al que estabas con Astrid.

—No quiero ir —torció los labios—. Ve a decirle a la profesora o a alguna de esas madres que quieres compañía. No voy a pasar mis horas libres contigo en ese lugar.

—Vamos, no me digas que estás celosa porque saludé a algunas personas. —Él le agarró el mentón para que lo mirara—. Es solo un saludo, es todo.

—No estoy celosa, no te creas la Coca-Cola del desierto porque no lo eres —Ally chasqueó la lengua—. La verdad es que no tiene sentido alguno que me ponga celosa por algo que no tiene caso entre los dos.

—Dices que no estás celosa, pero te acabas de rascar la ceja y arrugar la nariz —Druso le apretó las mejillas, haciendo que sus labios se fruncieran en un puchero—. Mira que te pareces a mi hija en eso.

—Sí, nos parecemos tanto que ahora tenemos en cuenta el hecho de que tú eres un ser que ama que las mujeres estén todo el tiempo sobre su cuerpo —golpeó su mano—. Digamos que eres una persona muy cruel.

—Qué va, soy una excelente persona que ama ser el centro de atención…

Ally rodó los ojos y le dijo que se diera rápido para ir al hospital. En su rostro se podía notar que Ally estaba realmente enojada, al punto de que lo iba a golpear por ser un gigoló en potencia y amaba ser el guapo de sus hermanos que andaba soltero.




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