Desastre en el hielo

21. No digas nada

Druso condujo con una Ally que se mordía las uñas luego de presenciar con sus propios ojos el hecho de que le querían robar a su pequeña de la tumba sin miramientos. Era inaudito el hecho de que quisieran hacerle eso a un infante que tenía años. Astrid se quedó con su niñera en la casa; a decir verdad, era mejor que se quedara que presenciar algo así.

Detuvo el auto en el estacionamiento y, con cuidado, tomó la mano de Ally para ir directamente hacia el área donde ya se encontraban unos policías.

—Buenas tardes —Ally saludó—. Soy la madre de Willow Cooper.

—Mucho gusto, señora —el oficial estiró su mano hacia ella—. Soy el oficial de policía Wells —se presentó el hombre—. Este es mi compañero Denver —dirigió su atención al hombre a su lado—. Recibimos la llamada del cuidador del cementerio de que en su rutina diaria, notó a varias personas escarbando…

—¿Y…? —Druso frunció el ceño—. ¿Qué más pasó?

—Los implicados están detenidos ahora en la estación a la espera de que la señora Cooper los identifique —el hombre les hizo una seña—. No se llevaron el ataúd, pero queremos que, por favor, responda algunas preguntas.

Ally caminó detrás de los oficiales sin soltar la mano de Druso y la mano libre fue a parar a su boca al ver el desastre que esos malhechores hicieron. La lápida la había destruido; solo quedaban los pedazos en uno de los extremos.

—El ataúd está intacto, así que solo sería reemplazarlo si usted desea…

—No, se quedará tal cual está por el momento. —Ally observó el espacio en el piso—. Coloquen todo como estaba…

El oficial le dijo que podía irse para que los peritos continuaran su trabajo, pero ella no se movió. Igualmente, el personal les buscó algo para sentarse. Ella ni consideró que Druso, al ser una persona de la farándula, podía ser reconocido; lo único que le interesaba en ese momento era poder ver a su hija y tener otra vez un poco de paz.

Cuando vio que colocaron hasta el último gramo de tierra, no se fue de ese lugar. Druso pagó por una nueva lápida que sería colocada a primera hora de mañana. Incluso, él tuvo que llevarla hasta el auto para ir a la estación de policía e identificar a los hombres que intentaron hacer el robo del cuerpo.

—Ven aquí. —Druso la abrazó y ella terminó por derrumbarse—. Está bien…

—No entiendo por qué hicieron eso —sollozó—. Es una bebé que no pudo ni respirar bien y querían robársela.

—Tranquila —besó su cabello—. Iremos a ver a esos sujetos, aunque sé que no podrás reconocerlos debido a que a lo mejor son personas de aquí.

—Lo siento…

—¿Por qué me dices eso? —él sostuvo entre sus manos su rostro—. No tienes por qué considerar algo como eso —paseó su pulgar para quitar la humedad de su piel—. Eres una mujer bastante fuerte. Esto es algo de lo que buscaremos la forma de salir.

—Cuando estoy tratando de que todo esté como antes, de la nada aparece esto —su voz se fue apagando poco a poco—. No comprendo.

—Después de la conversación que tuviste con mi entrenador…

—¿Crees que fue él? —se apartó abruptamente—. Es…

Con todo lo que me contaste y lo que escuché, sé que si no es él, es mi madre —Druso aclaró—. Me está costando tener en cuenta todo lo que pasó, pero vamos a salir de esto sí o sí.

Ally asintió lentamente, alejándolo de su cuerpo lo suficiente para colocarse el cinturón de seguridad. Druso condujo hasta la estación de policía para saber quiénes eran esos sujetos, pero la tranquilidad que quería tener parecía ser algo casi imposible en ese momento.

Ella pensó que Druso no iba a entrar, pero nuevamente le tomó de la mano para darle un poco más de valentía. Un oficial les indicó dónde se encontraban los hombres; no obstante, no reconocía a ninguno de esos sujetos, por lo que el caso estaba estancado en cierto modo.

—No sé ni quiénes son —murmuró, abrazándose a sí misma—. ¿Tienen antecedentes?

—Sí, antes estaban en el sistema por daños menores a la comunidad —el oficial golpeó el cristal y ella vio cómo estaban sacando a los implicados—. Haremos seguimientos, puesto que los encontramos con las manos en la masa; sin embargo, tiene que tener en cuenta que sería difícil encontrar al autor intelectual en caso de que alguno de esos no lo sea.

—¿Ellos dijeron que fueron contratados por otra persona? —indagó Druso.

—No.

—Entiendo.

—Por favor, venga conmigo a dar su declaración y podrá irse.

—No le digas qué harás con el cuerpo —le susurró Druso—. Te diré por qué cuando salgamos —dejó un beso en su sien.

Ally decidió confiar en ese momento y fue con los oficiales sin soltarle la mano. Respondió las preguntas que estos le hacían y podía ver que únicamente andaban haciendo garabatos en sus libretas.

Se despidió de los oficiales y, con Druso siguiendo sus pasos, salió de ahí.

Todavía se preguntaba hasta cuándo podía llegar la maldad de las personas, en qué momento todos se pusieron en su contra. Aunque su caída en picada comenzó cuando el hombre que no se le despegaba llegó a su vida.

Ya de camino al hogar de Druso, su mirada estaba tan ida que ni podía percibir absolutamente… solo hasta…

—¿Por qué me dijiste que no les dijera nada acerca del cuerpo de Willow? —fijó su mirada el jugador.

—Porque el hombre que te hizo las preguntas dijo que no estaba seguro de que encontraría al autor intelectual —Druso negó con la cabeza—. Dijo que no le habían dicho el nombre. Entonces, ¿cómo es posible que no digan algo que no han contado?

—Tienes razón…

—Si no fue mi madre, que estoy seguro de que fue ella, fue mi entrenador —comentó, regresando su atención al camino—. No sé por qué mi entrenador sigue mintiendo… haciendo esto.

—Sigue diciendo que eres su mejor jugador —Ally le recordó—. Tienes un apellido de peso en el globo terráqueo; los patrocinadores se irán contigo…




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