Desastre en el hielo

22. Abrir a medias los ojos

Druso se dio la vuelta en la cama y dirigió su mirada al techo de la habitación. No había podido dormir mucho esa noche y ni hablar de que tenía más problemas que vida en ese momento como para dejar pasar el hecho de que Ally deseaba quedarse con su hijo… Astrid era toda una cosita traviesa que le daba hasta miedo algunas veces.

Tampoco es que fuera una mala idea eso de que la quería como su niñera; serviría hasta para mantenerla vigilada por el momento.

Por más que tratara de dormir, no podía hacerlo.

Bajó las escaleras hacia la cocina, encontrándose con que la luz estaba encendida y la puerta del jardín abierta. Antes de que pudiera hacer algún movimiento para anunciar el ataque, vio a Ally sentada en el pasto con la mirada hacia el lago, que era compartido de una u otra manera con otras propiedades, pero sin molestar a los demás.

Al menos tenía una manta alrededor de su cuello y, sin duda alguna, era bien sabido que por esa época del año no iba a pasar mucho tiempo antes de que comenzara a nevar.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Druso se paró a su lado—. Es muy tarde y puede caer nieve…

—Hola. —Ally sonrió un poco—. Solo vine a despejar un poco mi mente —lo divisó debido al viento—. No tengo sueño.

—Hazte a un lado con la manta —se sentó a su lado, quitándola de sus hombros—. Tampoco puedo dormir.

—Supongo que es por lo que dijo Astrid —Ally se pegó un poco más a su cuerpo para que este la abrazara—. La verdad es que me tomó por sorpresa.

—Lo lamento…

—Me avisó mi superior que estaré suspendida por un tiempo. —Ally sacó de su bolsillo su celular—. Por lo que pasó en el hotel y esto.

Ally le mostró las fotos que estaban en el pequeño grupo de azafatas y pilotos.

Su respiración se atascó, su pulso se detuvo y todo a su alrededor parecía volverse algo tan denso que no podía descifrarlo. Lo más irónico de todo eran los comentarios de sus supuestos colegas que, en lugar de defenderlas, la estaban sacrificando a más no poder.

—Yo…

—Publicaron las fotos de los otros viajes en los cuales nos vieron juntos y ahora estoy en suspensión y sin derecho a paga —ella sonrió a medias—. A lo mejor no te interesa, pero esa noticia le está dando la vuelta al mundo.

—No lo sabía…

—No lo vas a saber, porque no estás en el medio. —Ally sintió que iba a llorar—. Cada vez que estoy contigo es un peligro para mí…

—Voy a arreglarlo…

—¿Es que no ves que es cosa de tu entrenador o tu madre? —ella le dirigió una mirada incrédula—. Desde que llegué a tu vida, lo único que ha pasado son desgracias y en dos días siento que me estoy volviendo loca con cada situación.

—No tienes que irte…

—Van a revocar mi visa de trabajo, ya no voy a poder regresar o tener algo mientras esté suspendida y lo más seguro es que ya ni trabajo tenga cuando regrese a Londres —Ally suspiró agotada—. Hace aproximadamente dos horas que las noticias comenzaron a correr, por lo que lo más seguro es que haya sido después de que fuimos al hospital.

—Debió ser mi entrenador, creyendo que mi madre lo va a respaldar —dejó salir al fin—. Celia está domesticada, aunque también puede ser una pantalla para mi padre.

—Da igual.

—No, no da igual, porque esto sigue comprobando cada vez que todo lo que me has dicho es real y más personas están tratando de quitar todo lo que has investigado. —Druso chasqueó la lengua—. Supongo que más que nunca ahora esto se les está saliendo de las manos.

—Lo dices de un modo tan fácil que ahora mismo no sé cómo tomarlo —murmuró ella negando con la cabeza—. La vida parece siempre estar en mi contra. Cuando creo que tendré algo bueno, sucede esto.

—Haré que todo se solucione, solo espera un poco más, por favor.

Ally levantó ambas cejas y se encogió de hombros.

Druso no le regresó el teléfono; se dispuso a leer los mensajes y, al poco tiempo, ella fue eliminada del grupo de trabajo. La pobre ni tenía bien un mes de estar con él en el mismo país y tenía rumores de haberse acostado con un jugador de hockey.

Fue una de las razones por las cuales su relación durante sus años juntos se mantuvo en silencio. Él viajaba lo suficiente para verla, se llamaba a diario y ninguno de los dos tenía problemas con eso debido a ambos trabajos.

Lo más seguro es que, en cuanto su familia viera esas noticias, él tendría que dar explicaciones. Solo le quedaba esperar que Niklas lograra conseguir las pruebas necesarias para así poder salir del lío en el que se encontraban.

—¿Has pensado en quedarte con el trabajo temporal de ser la niñera de mi hija? —preguntó en un susurro—. Estaré viajando y…

—¿Apenas nos hemos reencontrado desde hace un mes y me vas a confiar la vida de tu hija? —Ally se alejó un poco—. Debes estar bromeando.

—Mi hermano confía plenamente en ti y mi hija está muy a gusto contigo. —Druso agarró su mentón con cuidado para que lo mirara—. Y yo confío en ti.

—No es cierto…

—Si no fuera cierto que no confiara en ti, no estaría contigo ahora mismo o no te dejaría en mi casa después de lo que pasó —él pasó un trago duro—. La verdad es que han sido unos días complicados, días en los cuales solo deseo dejar todo.

—Y no puedes dejarlo todo por mí o alguien más. —Ella cortó sus palabras con una sonrisa triste adornando sus labios—. Tampoco te pediría que hicieras algo como eso, mucho menos que dejaras tus sueños por mí u otra persona.

—Ally, ninguno de los dos es capaz de dejar lo que realmente ama por el otro y eso nunca fue un impedimento —le recordó—. Incluso, aunque una parte de mí te odie porque jamás tuviste el deseo de contarme nada de lo que te pasaba, la otra parte quiere quedarse contigo…

—¿Me echas la culpa ahora?

—Sí, porque si hubieras confiado en mí, todo sería distinto y nuestras vidas estarían en su lugar correspondiente —le dio un golpecito en la nariz—. No es el momento para que estés viéndote como una persona que no necesita de mi ayuda.




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