
Ally movía sin muchos ánimos la cuchara dentro del plato.
Habían pasado algunos días desde que se incendiaron las redes sociales y, sin poder evitarlo, ella entró a la suya solo para ver cómo fanáticas le decían hasta del mal que se iba a morir únicamente por unos rumores. Estaba tan cansada de todo, que únicamente deseaba irse de ese país y dejarle la vida a Druso tal como estaba.
—Debes comer…
—No tengo hambre. —Ally levantó la mirada y lo vio vestido con ropa deportiva—. ¿Te toca jugar?
—Sí, me voy a integrar hoy —él asintió—. ¿Tú estás bien?
—Sí, no te preocupes —ella sonrió apenas—. ¿Cuándo te irás a…?
—Me iré en dos días —Druso se sentó frente a ella—. Por favor, piensa en lo que te dije antes.
—Está bien. —Ally asintió con una pequeña sonrisa algo tensa—. Haré lo mejor que pueda, aunque no te aseguro nada…
—No quiero que hagas lo mejor que puedas, deseo que seas tú en todo momento —él tomó su mano—. Sé que te pido más de lo que puedes darme en este momento, pero quiero que sepas y tengas conocimiento de que estoy contigo en todo momento…
—Ojalá las cosas fueran tan fáciles —lo miró triste—. Willow no ha podido descansar y ahora…
—Ahora yo estoy contigo y te prometo que vamos a salir de todo juntos…
—Gracias —fue todo lo que pudo salir de eso; sin embargo, eso parecía sorprender al hombre frente a ella—. La verdad es que no sabría qué hacer con mi vida si no estuvieras conmigo y la verdad es que estoy muy cansada últimamente para tener que lidiar sola con las personas.
—Te dije que haríamos las cosas bien ahora y no te preocupes —Druso asintió—. Se sabrá todo en su momento y nadie quedará impune.
—Eso espero —Ally hizo una mueca—. Supongo que ya tienes que irte…
—Sí, en cuanto acabe el partido vendré.
—De acuerdo.
Druso dejó escapar un pequeño suspiro antes de ponerse de pie y darle un beso en la frente. Astrid estaba tomando su siesta de la tarde después de llegar de la escuela. Una vez que se quedó sola, fue leyendo los comentarios que le iban dejando en cada publicación y cada uno era peor que el otro en ese momento.
Ally no podía siquiera asimilar del todo por qué las personas que no conocía la odiaban de ese modo, mucho menos las razones por las cuales a ella la trataban como si fuera una mujer de la vida alegre cuando la relación que se suponía que tenía con Druso era de dos.
Estaba por ponerse a llorar otra vez cuando recibió una videollamada grupal de sus amigas. Respiró hondo antes de aceptar la llamada con la poca dignidad que le quedaba. Era momento de que ellas supieran todo acerca de su vida y de lo que por más de cinco años intentó ocultar.
—Te ves fatal —Sariel hizo una mueca al verla—. Dios mío, amiga.
—Gracias, tú te ves hermosa —quiso bromear—. ¿Cómo han estado?
—Sin duda mejor que tú —Nancy frunció el ceño al verla—. Te ves horrible.
—Han sido días difíciles, no te preocupes —sonrió apenas—. Veo que estás radiante y en una casa que brilla por los lujos…
—Sí, Niklas mandó a construir esta casa por mis gustos —las mejillas de su amiga se tiñeron de rojo intenso—. Está haciendo el mercado con nuestro hijo, por lo que vamos a tener un buen rato de chicas.
—Créeme que seguro ya anda viendo las grabaciones de tu hogar. —Sariel rio un poco, y ella no pudo evitar hacerlo también—. Cuéntanos sobre ti y por eso quiero decir que cuentes todos los detalles.
—Lo de la prensa es falso, obviamente —apoyó su mentón en la rodilla—. Pero que sí tuve algo con Druso, sí es cierto… hasta tuvimos una hija.
—¿Qué? —Nancy abrió los ojos a más no poder—. ¿Cómo es eso…?
—Sabes ya cómo es que se hacen los bebés, porque en tu luna de miel no fuiste a jugar cartas —puso los ojos en blanco—. Fue en el tiempo que comenzamos a estar en las prácticas —continuó—. Ya sabes, me ausenté por mi embarazo y casi pierdo mi empleo.
—Yo no tenía idea de esto. —Nancy se sintió mucho peor.
—Nadie podía saberlo, puesto que lo oculté bastante bien —Ally suspiró—. Mi relación con Druso comenzó, mejor dicho, cuando estaba en la cafetería… Celia me hizo lo mismo que a ti con Joshua, solo que conmigo funcionó.
—¿Ella…? —su amiga se llevó ambas manos a la boca y Ally no tuvo más remedio que asentir—. Esa mujer merece el infierno.
—Ni que lo digas —Ally se pasó la lengua por los labios—. Mi padre murió al poco tiempo de la muerte de mi madre, tenía deudas, un embarazo en proceso y mi única solución era buscar a Druso y acabé siendo una indocumentada en Estados Unidos…
—Es por eso que no podías salir del país —Sariel frunció el ceño—. Recuerdo que fue un tremendo lío hasta que Niklas te ayudó, según recuerdo.
—Sí, Niklas me ayudó; sin embargo, sé que lo hizo más por Nancy que por otra persona —una sonrisa se asomó en sus labios al ver a su amiga avergonzada—. Siempre ha estado enamorada de ella y con cada cosa que hacía…
—Me pregunto por qué tardó tanto en decirlo si a leguas se veía la tensión —Sariel subió y bajó las cejas—. No obstante, y volviendo al tema, ¿qué harás?
Ally tomó aire y les explicó a sus amigas acerca de lo que pasaba, desde la muerte de su hija hasta el hecho de que Celia y el entrenador querían joderle la existencia misma. No dejó ni una sola cosa que no les contara. Sus amigas se mantenían en silencio, tratando de no hablar mucho del tema, pero el odio creciente que comenzaron a sentir por culpa de Celia era mucho más de lo que podían ocultar realmente.
Celia había sembrado tanta discordia en su familia, que ninguno de sus hijos quería tener algún contacto con ella y, peor aún, la única que había sufrido por un poco de amor era la pobre de Lys, que se encontraba en una clínica de rehabilitación.
—Sin duda alguna, esa mujer se merece la peor de las muertes —Sariel comentó con un tono asqueado—. ¿Cómo es que sigue con vida?