Desastre en el hielo

24. Cosas que te gustan

—Bien hecho, chicos —el líder del equipo chocó los puños—. Estamos cada vez más cerca de llegar a las semifinales…

—Dices cerca y apenas iniciamos la regular —murmuró Druso, dándole un pellizco en el brazo—. Buen juego para ti también.

—Vaya, Lemann anda dando felicitaciones. —Alariel frunció el ceño, pero parecía ser más en un tono divertido—. Espero que ya tengas novia, porque no aguantábamos tus desplantes y mal humor.

—Lamento decirles que seguiré estando de mal humor por mucho tiempo —fijó su atención en el entrenador—. Me iré a duchar.

—Tienes una entrevista, Lemann —Richard se acercó a él—. No puedes aplazarla y la prensa quiere verte.

—Para nada. —Él se encogió de hombros como si nada—. Lo único que quieren saber es mi relación con la chica de las fotos que misteriosamente se filtraron…

—Lemann…

—Con su permiso —se dio la vuelta para largarse de ahí.

—Yo también me voy —Aalariel se adelantó antes que el resto—. Eso que hicieron con Ally no me gustó… Se ve que es buena chica y yo no voy a participar en esta treta para hacerla quedar mal.

—Yo me voy también —otro jugador se encogió de hombros—. Mi esposa me espera y la verdad es que la prensa hoy en día me tiene sin cuidado.

Druso notó que algunos más se hacían los locos y se marchaban poco a poco, hasta que solo quedaron los que siempre querían un favor del entrenador. Por su parte, fue a las duchas con los pocos que le siguieron, pero que no comentaron nada.

Esperaba que con eso su entrenador cayera en cuenta de que le daba igual lo que ocurría y que posiblemente no iba a estar renovando contrato con él en mucho tiempo.

Una vez que estuvo listo para irse, se despidió de sus compañeros, los cuales no tenían ni idea de que tenía a Ally viviendo en su casa y que esperaba que se quedara con el trabajo temporal de ser la niñera de su hija. Sabía que a Ally le encantaba estar de azafata, en las nubes y ayudar a algunas personas, y que estar en ese momento de una forma tan humillante para lo que estudió por meses…

Pasó primero por un puesto de comida, puesto que su familia quería comer comida de la calle.

Estacionó el auto en el lugar correspondiente y el calor de su hogar lo recibió como un manto único.

Escuchó la televisión de la sala y también notó que las luces estaban apagadas hasta cierto punto y que las cortinas estaban colocadas en una posición en la cual nadie podía ver nada por más que desearan.

—Hola, estoy en casa. —Druso caminó hacia ellas.

—Hola, papi —Astrid se levantó y fue hacia su encuentro—. Te estábamos esperando.

—Se nota porque ni siquiera veo emoción —rio un poco—. Traje la cena…

—Muchas gracias. —Ally se puso de pie para encender las luces—. Vamos al comedor…

—Pueden quedarse donde estaban —levantó las bolsas de comida—. No necesitan ir conmigo…

—Oh, entiendo, buscaré otra película para ver.

Druso asintió y dejó las bolsas de comida en la mesita del centro. Le dio un beso en la frente a su hija, para luego ir con ella a buscar las bebidas y los platos para servir la comida.

—Vimos tu partido —Ally le pasó la manta que había buscado—. Felicidades por un nuevo logro…

—Muchas gracias —Druso sonrió—. Me alegro de que te haya gustado el partido y espero verte pronto por ahí.

—Será difícil el hecho de que me veas por esos partidos, pero haré el intento —ella asintió—. Gracias por la cena.

—No es nada.

Trató de concentrarse lo más que podía en la dichosa película, pero le resultaba extremadamente difícil todo eso.

Tenerla tan cerca que su mirada fuera a parar a su rostro perfecto cada cierto tiempo; sin duda alguna, Ally era un ángel bendito. Incluso en sus sueños más oscuros, se imaginó esa escena en la cual llegaba de algún partido y la encontraba en la casa, o que ella llegara de sus largos viajes y él estuviera haciendo la cena junto con sus posibles hijos.

Solo que esos posibles hijos fueron alejados de sus vidas por culpa de su madre.

La noche transcurrió con una Astrid que se había dormido minutos después de cenar, la misma que le contó que había sido un día muy bueno y que recordara que debía ir al día siguiente a la reunión de padres. Con cuidado la dejó en la cama y le colocó del mismo modo su almohada favorita que usaba para abrazarla y le dio otro beso en la frente antes de volver a la sala.

—Me di cuenta de que no estuviste en la rueda de prensa —Ally levantó la mirada hacia él—. No tienes que ser tan obvio.

—Solo le estoy dando un poco de su propia medicina, no te preocupes —Druso espantó las palabras con un ademán de manos—. Iré mañana a la reunión de padres…

—Astrid me preguntó si quería ir por ti, por lo que le tuve que recordar que no es una buena idea que me vean llegar con ella a la misma escuela —sonrió triste—. Cada hora que pasa, presiento que no podré ejercer mi profesión y que será cada vez más difícil…

—Te dije que dejes todo en mis manos y toma esto como algo corto. —Druso acarició su mejilla y ella se dejó hacer—. De todos modos, ibas a irte a otro lado e imagina acaso que podrás tener mucho dinero…

—Me han dicho que se gana más siendo una niñera a tiempo completo que siendo una azafata —bromeó ella—. Si hubiese sabido que sería de este modo, desde hace años estaría siendo…

—No, porque no permitiría que estuvieras en este trabajo sabiendo que odias no hacer lo que te gusta —cortó sus palabras y vio su mirada vacilante—. Eres testaruda y mientes muy mal.

—Yo no miento…

—Sí, te rascas la ceja y tiendes a arrugar la nariz —le pellizcó la nariz—. Aparte de eso, por tu culpa me acostumbré a siempre bañarme en las duchas de los estadios, porque odias el olor…

—Detente…

—Son tantas cosas las que me gustan de ti, que maldigo el día en el cual no me detuve a investigar más acerca de lo que realmente pasaba…




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