Desastre en el hielo

25. Caja de fotos y notas

Él le envió un mensaje de que si deseaba comer algo afuera, pero ella fue más rápida y le dijo que había hecho la comida a modo de despedida, puesto que él tendría que irse al otro día a otro lado a jugar. Había pensado mucho en eso de quedarse en Minnesota, pero con lo que le dijo Astrid, no iba a poder irse.

Esa niña era tan especial, que le daba la sensación de que ya la conocía de antes y, por momentos, se le olvidaba que tuvo a su pequeña Willow años atrás. Todavía no conocía del todo la historia de Druso con Astrid, solo que la encontró en un basurero en pleno invierno y se ponía a calcular; era exactamente por las fechas en las cuales perdió a su bebé.

Sacudió la cabeza cuando escuchó el auto de Druso estacionarse poco después de que ella terminara de limpiar la cocina y de organizar la mesa. Incluso, imaginó que regresaría con la pequeña Astrid, pero viendo la hora, todavía le quedaba un buen rato en la escuela.

—Hola. —Ally fue a su encuentro, algo que le sorprendió—. ¿Pasó algo?

—No, es que…

—¿Es que? —frunció el ceño—. Druso…

—Es extraño, ¿sabes? —cerró la puerta detrás de él—. Apenas tienes un mes que llegaste a mi vida y siento que han pasado años desde que…

—No sigas. —Ally lo detuvo sintiendo que en su pecho se instalaba un nudo—. Los dos nos hicimos daño, eso es seguro…

—Entiendo que no quieras seguir conmigo, pero…

—Aprendí a vivir con tus palabras —Ally suspiró un poco cansada—. Vamos al comedor.

Lo escuchó respirar hondo antes de seguirla hasta el comedor, no sin antes dejar el abrigo en el perchero.

—Huele muy bien —Druso aspiró el olor de la comida—. Es tu sazón…

—Sí, es comida que antes hacíamos juntos en la casa de mis padres. —Ally le indicó que tomara asiento—. Buscaré un plato aparte para sacarle un poco de comida a Astrid.

—Claro.

En realidad, lo único que deseaba era alejarse un poco de él, porque sentía que su corazón era muy traicionero y, aunque no estuvo con otro hombre después de su rompimiento con Druso, la verdad es que le daba la sensación de que sufriría más de lo debido por él.

Le sirvió con cuidado la comida de Astrid y ella hizo lo mismo con la suya, dejando que Druso hiciera lo propio.

—Pensé que ibas a servirme la comida.

—Nunca te la sirvo —Ally frunció el ceño—. No te creas la Coca-Cola.

—Al menos lo intenté —murmuró el pobre hombre—. Supongo a mi hija…

—A ella le sirvo con mucho cuidado, porque, como sabrás… es un ser de luz y tú un ser de oscuridad —se burló—. Astrid es una cosita preciosa.

—¿Y yo?

—Su papá.

Vio el rostro de enfado de Druso, el cual se veía bastante notable, a diferencia de lo que pensaba.

—Voy a tomarlo, pero me ofende —Druso susurró—. Cambiando un poco de tema —agarró una servilleta—. ¿Te vas a quedar con el trabajo?

—No me queda de otra —Ally hizo una mueca—. Tengo que enviarle dinero a Sariel para que contrate una o dos veces por semana a un servicio de limpieza para mi casa, puesto que me quedaré aquí hasta que se resuelva mi sanción… aunque lo más seguro es que determine que ya no seguiré siendo azafata.

—Continuarás siendo azafata.

—Sabes que es imposible eso, puesto que es un escándalo y ninguna aerolínea querrá contratar a una persona como yo. —Ella torció un poco los labios arreglando un poco más su servilleta—. No tienes por qué preocuparte.

—Me preocupo porque estamos tratando de encontrar una solución a todos los problemas que se nos están yendo encima —Druso tomó su mano por encima de la mesa y sintió que su corazón comenzó a palpitar más de la cuenta—. Un poco más y todo estará en su lugar.

—¿Dejarías a tu equipo si sabes que Richard estuvo detrás de todo lo que nos pasó? —Ally pasó un trago duro—. Es tu vida…

—No lo sé —él sonaba seguro con sus palabras—. Ha sido todo lo que he hecho durante los últimos años; no quiero arriesgarme a algo que…

—Al final del día pasará —quitó su mano—. No quiero que pienses que lo dije en serio, lo de dejar tu equipo —movió un poco la comida en su plato—. Sé que viniste hasta este país porque huyes de tu madre, al igual que tu hermano Azriel…

—Yo…

—Sí, tú mismo —sonrió un poco—. Eres un hombre increíble, un excelente padre y sé que si nuestra hija estuviera viva, de igual modo lo serías con ella.

—Tú eres una excelente mujer y cualquier hombre en la tierra no necesitaría verte varias veces para darse cuenta de que vales la pena.

Ally negó con la cabeza, sintiéndose ruborizada con sus palabras. Al menos estaban avanzando más de lo que se debería. La comida fue muy buena entre ambos; no se sentía la tensión que antes los dos percibían en sus miradas y gestos, algo que le alegró bastante a la pobre de Ally.

Cuando los dos terminaron de comer, decidieron ayudarse mutuamente con lo poco que quedaba en la cocina para limpiar y algunas cosas más de la casa en lo que llegaba la hora de ir a buscar a la pequeña a la escuela. No obstante, en más de una ocasión pudo notar que él quería decirle algo, solo que se detenía.

Druso, en un punto determinado del día, recibió una llamada y tuvo que irse a buscar a la pequeña a la escuela mientras hablaba con la otra persona a través del teléfono. Por curiosidad, se dispuso a subir al último piso de arriba, viendo un pequeño espacio que no había podido ver y que, gracias a Dios, las cámaras no estaban en esa parte. Aunque lo más seguro es que Druso más adelante las pusiera, ahora que ella sería la niñera de su hija.

Algo hizo clic en su cerebro y fue hacia la habitación del jugador para buscar la dichosa caja que Astrid había comentado varias veces que él todavía tenía en su poder y sonrió al verla sobre la cama.

Imaginó que él no pensaría que ella se metería en la habitación a husmear o que no recordaba las palabras de su propia hija. Tomó asiento en el piso, sabiendo que tendría a lo mucho una hora antes de su regreso a la casa.




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