
A Druso se le atacó la respiración cuando vio la dichosa caja en la cama; no obstante, recordaba la manera en la cual la había dejado anteriormente, la forma en la que mantenía todo y ahora a lo mejor ella lo había visto. Quiso cerrarla, pero al estar algunas cosas fuera de su lugar, obvio no lo haría.
—Leyó lo que había aquí —Druso sacó las notas—. Debí saber que ella tendría curiosidad por saber acerca de la caja que dice Astrid…
Druso guardó todo tal cual estaba y fue hacia su closet, donde movió un par de cosas y quitó otras antes de poner esa caja en su lugar. La había sacado para ver fotos antiguas, pero no se imaginó que Ally tendría la valentía de entrar a su habitación a buscar la caja que su hija siempre decía que él tenía desde hace tiempo.
Movió el cuello de un lado a otro y supo que tenía que completar un par de cosas antes de que Ally se diera cuenta de que él estaba usando sus métodos compartidos con su hermano para buscar información requerida.
Estaba por tomar la perilla de la puerta cuando su celular sonó y vio que era el número de Niklas. Le puso el seguro a la misma, puesto que sentía que su corazón se iba a salir de su pecho en cualquier momento después de tanto tiempo.
—¿Diga?
—Hola, hermano —Niklas sonaba serio y eso no le gustó—. Tengo lo que me pediste…
—Dime que son buenas noticias, por favor…
—No te tengo buenas noticias —Niklas hizo una pequeña pausa—. Ally no tiene nada de su pasado en ningún lado… es como si nunca hubiera existido.
—¿De qué me estás hablando? —tuvo que sentarse en la cama—. ¿Cómo que no hay nada de ella?
—Después de lo que pasó contigo y esas fotos… —Comenzó explicándole—. El comité dio el aviso de que harían una evaluación exhaustiva por los posibles daños; sin embargo… no encontraron nada de la vida de Ally. Es como si ella jamás hubiera existido.
—Pero si ella está aquí conmigo ahora y desde antes ya sabía de Ally…
—Lo sé, yo también la conozco de lleno y tuve que intervenir para que no continuaran investigando más —su hermano suspiró—. Al parecer, alguien lo eliminó de la faz de la tierra, literalmente hablando… Eso solo le puede traer problemas, porque van a pensar que…
—Pertenece a algún grupo criminal —completó por él—. Sé que ella no es nada de eso, fui su novio durante meses y su familia…
—Murieron todos, porque las familias de sus padres ni siquiera tuvieron la decencia de ayudarles cuando fallecieron —resopló el otro—. Me temo que buscaré otros medios para investigar, porque los que he estado usando no tienen remedio alguno.
—Pero en el hospital en el que fueron atendidos sus padres…
—No hay nada, ni siquiera en el hospital donde ella nació se encontrará algo —Niklas cortó sus palabras—. No sé en qué lío están metidos los dos, pero quien hizo esto es claro que no desea saber de Ally.
—Entonces… —Las palabras se le atoraron en la garganta—. ¿Me estás diciendo que no puede siquiera salir a la calle?
—Habla con ella —fue todo lo que le dijo su hermano—. Busca la manera de que ella pueda sobrellevar lo que se viene, porque no es para nada fácil y te puedo asegurar que la única que saldrá perdiendo es ella.
Druso terminó la llamada antes de que su hermano pudiera darle otro consejo. No tenía la más remota idea de lo que pasaba realmente. Estaba seguro de que había estado haciendo las cosas bien, que podía lograr su cometido de salir adelante con Ally, pero lo único que había en su camino eran callejones sin salida.
Fue al baño a echarse agua en la cara para calmarse un poco y luego salió de la habitación para darse cuenta de que su hija había terminado de comer.
—Tardaste en bajar —Ally arrugó la frente—. Pensé que te estabas bañando…
—No, estaba haciendo un par de cosas —Druso levantó su celular—. Me iré mañana temprano con los del equipo hacia Carolina del Norte…
—Oh, entiendo…
—Sí, lamento no haberme quedado más tiempo con ustedes, pero tengo que irme con los del equipo y regreso en tres días —informó—. Dejé tu nombre entre las personas que pueden ir a buscar a Astrid a la escuela y les dije que eres su niñera.
—Está bien, no te preocupes —Ally acarició el cabello de la pequeña—. ¿Quieres que vaya contigo a llevarla temprano antes de irte?
—Sí —Astrid respondió antes que su padre—. Yo sí quiero que tú vayas conmigo.
—No se diga más entonces… Iremos los dos mañana a llevarte.
—Bien —la pequeña se puso de pie—. Iré a hacer mis deberes. Espero verte allá, papi, para que me ayudes.
Druso observó a su hija perderse rumbo a las escaleras y perderse en las mismas antes de que él pudiera decir otra cosa. Se giró hacia la mujer que trataba de escaparse de él, pero no era muy rápida y la siguió hasta la cocina.
—Siento que no estás muy cómoda…
—Es un paso enorme que estoy dando ahora mismo, así que no puedo darte una respuesta coherente —dejó el plato sucio en el fregadero—. No sé qué pasa allá afuera y tengo miedo hasta de ir…
—Puedes usar mi auto —Druso propuso—. Me imagino que vas a necesitar también una licencia de conducir…
—Sí, necesitaré eso para moverme por estos lados —Ally asintió—. Iré a buscarlo mañana. Espero que me la den pronto.
—Si gustas, podemos ir a mi regreso y usar los taxis que te voy a suministrar en un buen horario. —Druso acarició su mejilla—. Sobre que ya no estés trabajando como azafata…
—Me tengo que acostumbrar a eso de una u otra manera —asintió un poco—. Espero que todo se resuelva rápido, porque no sé cuánto tiempo pueda soportarlo.
—Verás que sí, no te preocupes —Druso la abrazó—. Y acerca de lo que viste antes… —la sintió tensarse—. No tenías que ver esa caja.
—¿De qué caja estás hablando? —Ella lo rodeó con sus brazos y él conocía bien esa técnica que ella usaba para que olvidara lo que estaba haciendo—. No entré a tu habitación…