
Ally se despidió de la pequeña Astrid en la entrada de la escuela, viéndola saludar a algunos compañeros; sin embargo, para ella no pasó desapercibido el hecho de que cuando se presentó para que vieran que ella era la persona que iría a buscarla durante los días que Druso no estaba, pues la observaron mal.
Quiso ponerse a llorar en ese mismo lugar, puesto que a lo mejor habían visto las fotos y comentarios horribles de ella. No le dijo a Druso acerca de su incomodidad, pero le daba igual ya.
Druso la acompañó a la central de licencias para conducir para que le dieran la licencia de conducir. Fue un proceso del cual ella, por obvias razones, pasó el examen que le dieron ese mismo día y que Druso pagó un extra para que ella pudiera tener el carnet a la brevedad posible. Incluso, pensó que no se lo daría debido a que ella no estaba en una vivienda propia, pero el trámite fue mucho más fácil de lo que pensó.
—Ya es hora de que te vayas… —Ally entrelazó sus dedos detrás de su espalda—. Espero verte en tres días…
—Nos vamos a ver en unas horas, porque voy a llamarlas de todos modos —se burló él—. El tiempo pasará rápido y estaré aquí para que coloquemos el árbol de Navidad…
—Bueno, no vamos a poner esa cosa tan pequeña que tienes en el sótano —frunció el ceño—. Iremos a comprar uno de esos enormes que venden y…
—¿Y vamos a…?
—Vamos a decorarlo de forma bonita —abrió los brazos—. Será lo mejor de lo mejor que haremos —chasqueó los dedos—. Ya verás que será el mejor árbol del universo.
—Ya me imagino —él rio entre dientes—. Supongo que debes estar muy feliz ahora que vas a tener tu licencia de conducir…
—Sí, pensé que serían muchos documentos los que tendría que llevar…
—Bueno, ya ves que solo tuvimos que llevar pocas cosas y, como tienes poco tiempo en el estado, pues no molestan demasiado —Druso asintió—. Nos vemos…
—Claro… se te hace tarde para ir con los de tu equipo…
El silencio que se hizo en la sala fue tan incómodo que ella podía escuchar su propia respiración porque no podía siquiera pensar en otra cosa que no fueran los labios carnosos del hombre que tenía enfrente. Druso era la misma reencarnación del mal, un ser que deseaba por sobre todas las cosas, pero ambos estaban muy orgullosos y el paso de los años tampoco era algo que ayudara mucho.
Lo vio despedirse con un ademán de manos para ir hasta su auto, el cual ella usaría en los próximos días cuando le dieran su licencia de conducir, y el impulso por querer besarlo no se hizo esperar.
—Oye… —Lo agarró del brazo—. ¿No se te olvida algo?
—¿Que se me olvida algo?
Ally asintió y se puso de puntitas antes de dejarle un pequeño beso en los labios que lo dejó sorprendido.
—Ten un buen juego y gana por nosotras —le dio otro pico—. Hasta pronto.
Druso se sintió un poco aturdido, sin poder creer que ella se había tomado el tiempo de besarlo después de todo.
Una pequeña sonrisa se instaló en sus labios al darse cuenta de que Druso no se esperaba ese beso de su parte y que ella tampoco se hubiera atrevido en el pasado a besarlo. Hasta que no escuchó el típico sonido de las alarmas de la casa cuando este colocaba las claves, no se alejó de la sala. Se fue a prepararse algo de comer y más tarde le haría algo a Astrid, ya que la pequeña le había pedido que fuera a hacerle la comida.
Revisó la hora y supo que su amiga debía estar preparándose para tomar la ruta hacia su casa o algo así. Marcó el número de Nancy mientras se hacía algo de comer y esta lo tomó al segundo toque.
—Vaya, imaginé que estarías haciendo de las tuyas —murmuró Nancy—. Me quedé preocupada por tu llamada.
—Sí, es que Druso llegó de repente con Astrid y hasta ahora es que puedo llamarte —Ally buscó algunas cosas en la nevera—. Ahora estoy sola en la casa.
—Bien… —Nancy hizo una pequeña pausa—. ¿De qué quieres hablar?
—Quiero hablar de algo que vi en la habitación de Druso —ella se aclaró la garganta—. No sé por qué, pero me dio un poco de miedo leer y ver todo eso.
—¿Qué viste exactamente?
—Digamos que vi unas fotos mías que no sabía que alguien me había tomado en su momento —le explicó—. No sé a qué se deba eso, pero tuve miedo. La verdad es que Druso por un momento me asustó y no sé qué hacer exactamente ahora con esto.
—Vaya…
—Sí, es algo loco, por así decirlo, pero por eso mismo te llamé, quiero saber cómo fue que tú pudiste salir adelante con todas esas locuras…
—Bueno, yo no supe nada de que Niklas me acosaba, que el taxista que iba a buscarme a mi casa todos los días era en realidad su chofer y que él fue el hombre que me ayudó hace años cuando escapé de mi país natal, hasta tiempo después —Nancy le contó con calma—. No te lo negaré, me asusté de una manera que quería irme lejos, porque eso de ser obsesivo lo dejo en las novelas y libros.
—A veces ni en los libros es algo bueno —metió bajo el grifo un par de verduras—. Decía cosas que en ese entonces solo las había escuchado de mis compañeras porque eran más maduras que yo… y bueno —su rostro se puso caliente—. Las hicimos y creo que en una de esas salí embarazada o qué sé yo.
—Uh, te asusta que te guste —Nancy afirmó—. Descuida, si Druso tiene el mismo temperamento que Niklas, te aseguro que estarás bien.
—No lo sé…
—Bueno, si tanto te molesta eso, puedes hablarlo con él y decirle lo que piensas —propuso su amiga al otro lado de la línea—. Quizá lleguen a un acuerdo.
—Astrid está en el medio —chasqueó la lengua—. Me gusta mucho pasar tiempo con ella y, durante este tiempo, han sido unos días difíciles para mí; sin embargo, la miro y me digo que todo vale la pena estando a su lado.
—Vaya, le tomaste mucho cariño a la hija de tu ex.
—Sí, es una cosita preciosa y a veces hace algunos gestos parecidos a los míos y eso me asusta, pero me encanta —rio un poco—. Aun así, no puedo encariñarme mucho con ella.