
Sin poder evitarlo, dejó salir un pequeño gruñido al darse cuenta de que Ally continuaba teniendo dudas acerca de cómo había sido su relación en el pasado. Ella no tenía por qué saberlo, al menos no hasta que él mismo tuviera la valentía de habérselo dicho, pero ella era demasiado quisquillosa en ese aspecto.
Bloqueó su celular al ver que se encontraba ya en otro estado y que la conversación que había estado teniendo Ally con la esposa de su hermano había acabado con que debían tener una buena charla sí o sí.
La noche anterior había tenido un juego, y por esa razón no pudo en sí escuchar o saber de qué estaba hablando…
—¿Está todo bien contigo? —Alariel frunció el ceño a su lado—. Tienes mucho rato observando ese celular y das miedo.
—No es algo que te importe —masculló irritado y abrió otra pestaña—. ¿No tienes cosas que hacer ahora?
—Solo quería saber qué te ocurría, hombre —el otro jugador levantó las manos—. Hace unos días te veías muy feliz, lleno de vida, pero justo ahora te muestras como un maldito cabrón.
—Lo que digas.
Alariel negó con la cabeza y a él le daba lo mismo. Porque sabía que esa conversación terminaría en querer saber algo de Ally que él no estaba dispuesto a decirle a nadie de ese maldito lugar.
Llegaron a su nuevo destino entrada la mañana, debido al pequeño cambio de horario que había entre Carolina del Norte y Chicago. Algunos fanáticos los estaban esperando en el aeropuerto; aunque eran rivales contra el equipo de Chicago, ellos estaban seguros de que eran más populares realmente que cualquier persona.
Incluso, hubo una chica que casi se desmaya de tan roja que se puso cuando Druso le firmó un póster que contenía su fotografía y otro más en donde los dos se encontraban juntos de meses antes cuando paseó por ahí con su hija.
—Eres genial —la chica chilló y él sonrió.
—Muchas gracias —le entregó el bolígrafo—. Regresa con cuidado a casa.
Se alejó de la multitud cuando alguien le hizo una señal de que ya era momento de irse de ahí. Druso verificó algunas cosas en su contrato mientras el autobús avanzaba hacia el hotel. Quería terminarlo rápido, mudarse de estado si era necesario, pero más tiempo ahí no podía quedarse si deseaba estar con Ally, porque ella al final de cuentas tenía razón. Siempre había algo que intentaba separarlos y él presentía que en cualquier momento ese pequeño momento de paz se acabaría.
Como tenía un poco de descanso, marcó el número de Ally para charlar un poco.
—Hola —ella no esperó mucho antes de que ambos se vieran a través de la cámara—. Astrid está en la escuela.
—Lo sé —él asintió y dejó el celular en un punto donde podían verse en lo que él se quitaba el calzado—. Quería hablar contigo.
—Yo también quiero decirte algo que sucedió ayer —Ally estaba realmente nerviosa y él detuvo sus movimientos—. Es acerca de la profesora nueva…
—¿Moore?
—Sí, ella misma —asintió la chica al otro lado de la línea—. Ella es familiar de tu entrenador.
Druso frunció el ceño al grado de que posiblemente podría hasta dolerle el rostro por eso. No recordaba bien quién era esa chica, mucho menos la había visto en el pasado o eso creía pensar.
—¿Cómo lo sabes?
—No sé si es una hija bastarda, si es no sé qué cosa, pero te aseguro que es su hija —afirmó Ally con seguridad—. La noche que fui a buscarte, ella estaba ahí con su padre. No sé qué cosas están tramando ahora, pero no es bueno.
—No tenía idea de que Richard tenía una hija de tu edad… siempre pensé que solo eran los adolescentes que tiene en su casa —frunció el ceño—. A menos que haya sido de otra relación, tiene mucho sentido.
—Sí —Ally asintió—. Me amenazó, me dijo que me alejara de ti por unos simples rumores; sin embargo, ella estaba tan segura de que debo alejarme que ya no sé.
—Descuida, sé que no me mientes y que esa mujer solamente busca molestarnos —Druso terminó por quitarse la camiseta luego del calzado—. No sé qué pretenden esas personas; no obstante, no van a lograr lo que tanto han buscado durante años.
—Espero que sea así, porque ya no sé qué hacer si me siguen molestando como hasta ahora —Ally jugó con sus dedos—. Hace un rato vi en las noticias que has desmentido que estamos en una relación y que somos amigos de hace años.
—Sí, lo hice —él asintió tomando el celular para acostarse en la cama—. No veo razón para que sigan jodiéndote en tu trabajo con algo que no es cierto.
—Cuando se termine el plazo, espero que tú ya tengas tu trabajo de regreso.
—Gracias por ayudarme.
—No es nada, te lo debo.
—Tengo que hacer un par de cosas ahora —Ally apretó los labios—. Me inscribí en un curso para aprender otro idioma y es casi la hora.
—De acuerdo.
Ambos se despidieron sintiéndose miserables por no decir todo lo que querían; aun así, Druso no perdía la fe de que más adelante ellos iban a lograr estar juntos sí o sí. A la hora acordada para ir al estadio, él ya esperaba en el estacionamiento del hotel, al igual que sus compañeros, para la gran noche que iban a tener.
Su entrenador hablaba de a saber qué cosa, pero él solo quería estamparle el puño en el rostro por ser tan mezquino. Con la información que Ally le había dado, tenía mucho por lo cual cortar sus lazos con ese hombre.
El partido pasó sin ningún contratiempo para ellos, solo algunos golpes de más que algunos terminaron, pero eran cosas a las cuales ya estaban acostumbrados. Amaba jugar hockey, pero muchas veces los jugadores se pasaban horas y horas matándose entre ellos y no era para nada divertido.
Dio algunas entrevistas, mostrándose de lo más feliz con sus compañeros para no levantar sospechas de que se llevan de puta madre.
—Muy bien, a descansar —les ordenó Richard—. Mañana a primera hora regresamos a St. Paul para los demás juegos —dio algunos aplausos—. Felicidades, quince días en nuestro hogar —todos festejaron—. Tendrán tiempo de ir comprando las cosas de Navidad.