Desastre en el hielo

29. Una pequeña ayuda extra

Un abogado fue a verla el lunes por la mañana después de haber dejado a Astrid en la escuela con Druso al volante. Incluso, vio que la mujer esa los estaba esperando en la entrada de la puerta como si nada hubiese pasado, algo que la dejó fuera de su zona por unos segundos antes de tener la compostura como antes. Detestaba bastante tener que lidiar con personas así en su vida, pero le daba lo mismo. Siempre y cuando no se metieran con ella, pues las cosas serían bonitas y hermosas.

—Tengo entendido que usted actualmente está buscando la forma de que el cuerpo de su hija sea ahumado a la brevedad posible —el abogado sacó unos documentos—. Como el señor Lemann ya me había informado acerca de esto antes, quiero decirle que ahora usted debe firmar estos documentos y, a la brevedad posible, podrá llevarse los restos de su hija hacia su ciudad natal.

—¿Así nomás?

—Sí —Druso tomó su mano—. Estuve trabajando desde hace un tiempo con él —le explicó—. Como es hija de ambos, fue fácil lograrlo y más porque le enseñé tu expediente y ahí está todo en orden.

—¿Y con mi trabajo? —Ally tenía un nudo en la garganta—. Soy una desempleada actualmente, y mi visa solo era para el trabajo actual que tenía con la aerolínea…

—Bueno, en ese aspecto, tengo que decirle que es algo que estoy trabajando también —el hombre frente a ella le mostró otros documentos—. Aquí está su visa de trabajo, por lo que en su contrato no estipula que deba regresarse, solo que debía hacerlo antes de los noventa días si no tenía un sustento —sacó otras hojas—. Este es otro contrato, solo necesita su firma y listo.

Ally le echó el ojo al contrato y era específicamente uno en donde ella dejaba de ser azafata para ser niñera a tiempo completo de Astrid. La paga era buena, eso sin duda, aunque lo hacía más porque amaba a esa pequeña; sin embargo, necesitaba el dinero por si las cosas no resultaban bien con Druso en el futuro.

Todo estaba dando justo en el clavo, nada de cosas de cien hojas, solo tres páginas y listo. Ella tomó el bolígrafo que el hombre le estaba dando; sin duda alguna, era lo mejor por el momento.

—Es mucho dinero lo que me vas a pagar por horas —Ally miró a Druso—. Son…

—Es poco para todo lo que haces —él estiró su mano para acariciarle la mejilla con cuidado—. Sé que tú necesitas mucho más de lo que crees.

—Por favor, no hagan esas cosas conmigo presente —el abogado los miró ceñudos—. Me siento excluido y la verdad es que ahora mismo no quiero sentirme como un cero a la izquierda o el tercero en esta mesa.

—Sí, lo lamento. —Ally hizo a un lado la mano de Druso—. Solo será eso, supongo.

—Eso es correcto —el abogado hizo una pausa mirándola—. Sé que esto para usted es complicado; sin embargo, es lo mejor según lo que me dijo mi cliente.

—¿Lo mejor?

—Escucha lo que tiene que decirte, porque es una estrategia estupenda —Druso se aclaró la garganta—. Esto es mejor que nada.

—Comprendo…

—Cómo están en un proceso de querer escaparse de todos sus males; este proceso de nuevo trabajo se va a mantener oculto —informó el abogado—. Existe un medio en el cual, aunque esté trabajando, su expediente se queda igual en secreto por un tiempo, a menos que el empleador quiera que su nombre salga en el sistema —explicó—. De igual modo, se hace debido a que usted quiere mantener la seguridad de su hija por posibles terceros.

—Así es —ella asintió—. No sé si él lo dijo, pero intentaron robarse los restos de mi hija después que llegué al país; salieron muchas cosas en la prensa y también perdí mi trabajo de azafata.

—Entiendo —el abogado sacó otra carpeta más que era un poco más grande que las otras—. Su visa iba a ser revocada debido a que era de trabajo y está suspendida; literalmente, estaba como una indocumentada en el país.

—¿Qué?

—Sí, es la regla que se debe cumplir; automáticamente la despiden o suspenden de un trabajo como el suyo —le comentó—. Mi cliente y yo tuvimos que buscar alternativas para su caso.

Ally abrió la boca para decir algo, pero solo pudo cerrarla de golpe y sentirse miserable. No cabía duda de que estaba jodida sin Druso y que salir a la calle era un peligro. El abogado le dijo un par de cosas más que tenía que tener en cuenta, pero ella solo podía pensar que sin Druso estaría perdiendo otra vez su visa y su hija estaría sola en ese país.

Cuando terminó esa pequeña reunión, ella tuvo chance de firmar todo lo que tenía que firmar y Druso acompañó al hombre hasta la entrada y ella se quedó con la mirada perdida sobre los documentos en la mesa.

Su vida se volvió tan patética desde que conoció a Druso, que cuando tenía un momento de felicidad, al segundo siguiente se encontraba teniendo cien momentos caóticos que arruinaban eso.

—Hey —Druso se sentó a su lado otra vez—. ¿Qué tienes ahora?

—Estaba como hace años —murmuró con voz cortada—. Sin trabajo, deportada y…

—Ahora estoy aquí —él colocó un dedo en sus labios y luego la hizo girar hacia él por completo—. Esto que dijo el abogado es solo el inicio de todo, no te preocupes por nada.

—Lo sé —Ally asintió—. Gracias por estar conmigo otra vez.

—Sabes que te lo debo —le dio un pequeño pellizco en la nariz—. Vamos a hacer algo de comer, porque iremos después de la escuela a buscar cositas para poner el árbol.

—¿No es muy rápido para ponerlo? —Ally se levantó de su lugar—. Sé que inició el invierno y que tú no celebras Halloween…

—No me gusta Halloween debido a que Astrid se asusta bastante por algo que le sucedió y las personas de este barrio no es que sean muy unidas —le explicó él—. Sin embargo, no quita que más adelante mi hija quiera salir por otros lugares a disfrutar un poco de la vida.

—Es comprensible.

Después de hacer algo de comer, Druso le explicó que se iba a tomar ese día y otros más para descansar en la casa debido a los partidos que serían en Minnesota. Ally no podía asimilar todavía que su vida se sentía como en el pasado con él. En esos pequeños momentos que le hacían sentir de la mejor forma que existe.




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