Desastre en el hielo

30. Prueba de dolorosa

Salir con Ally y Astrid fue demasiado para asimilar. Ellas dos se complementaban bastante bien como para ser simplemente niñera e infante. Su hija miraba a Ally como si fuera su centro del universo; bromeaban con que tenían el mismo rostro, el mismo cabello y hasta hacían los mismos gestos cuando tenían diferentes emociones.

Él estuvo de acuerdo con su hija en ese aspecto; Ally era mucho más de lo que pensaba y quería quedarse con ella todo el tiempo que fuera necesario. Sin embargo, Ally dejó en claro que no podía hacerlo debido a que amaba estar en las nubes como su hermano Niklas, y él amaba la pista de hielo. Cuando fue a parar a Minnesota, lo hizo para despejarse; aun así, terminó en un equipo que nunca en su vida había conocido lo que era ganar un partido de hockey desde que él entró.

Suponía que se debía a su desempeño, su apellido y el dinero que tenía encima, que eran las razones por las cuales su entrenador continuaba dejándolo ahí. Porque desde el primer segundo que Druso se fuera del equipo de hockey, todo se acabaría.

—Creo que es una pésima idea esto —Ally quiso quitar los nudos de las luces navideñas—. No puedo creerlo.

—Déjalas e iremos mañana temprano a donar todo eso. —Druso le quitó las luces y ella hizo un puchero—. No te pongas así, quedamos que haríamos esto con las cosas nuevas que compramos y no veo a Astrid enojada.

—Es que ya tengo a una mamá en la casa —Astrid le pasó la caja de las luces nuevas y Ally se quedó tiesa—. Tómalas, Ally.

—¿Qué dijiste antes?

—Que estamos hoy reunidos para poner las decoraciones, porque yo solo estaré unos días en casa —Druso le explicó—. Mañana tengo que ir a entrenar con los chicos y seguro llegaré extremadamente cansado.

—Está bien, nosotros te vamos a esperar aquí.

Decoraron la casa con las cosas que Astrid había pedido en el centro comercial, incluso colocaron algunas luces en el exterior, aunque posiblemente no se verían debido a que se anunció que pronto caería la primera nevada del año.

En lo que Ally hacía la cena, ya que la hora había llegado y no tenían muchos deseos de comer fuera, él se quedó con su hija en la sala ordenando un par de cosas.

—Entonces, Ally será mi mamá —Astrid jugó con un lazo, fingiendo que se lo acomodaba a la bola que debía colocar en el árbol—. Me gusta. Ahora tienes que pedirle que sea tu novia y ya.

—Tienes una mente muy abierta —Druso pellizcó la nariz de su hija—. Ally no quiere que sea su novio otra vez.

—Es que le rompiste el corazón —su hija respondió de manera obvia—. En ninguna cabeza cabe que tú le digas cosas feas sin investigar. Te pareces al tío Azriel.

—Veo que hablas muy a menudo con Yoman y Joshua.

—Ni modo, soy la única mujer en la familia aparte de mi tía Lys —le sacó la lengua—. Y son mis únicos primos.

—Los conociste por un día y se volvieron inseparables —susurró haciendo una mueca—. Acerca de lo que has dicho, no lo digas en voz alta.

—Bueno, quiero decir que ella es una buena persona —Astrid tomó otra bola decorativa del árbol—. Me gusta cómo huele, me trata bien y cocina mejor que mi nana.

—¿Qué?

—Sí, sé que mi nana cocina delicioso, pero la comida de Ally es otro nivel —levantó la mano—. Ally me gusta mucho. Es una buena chica y la verdad es que quiero que estén juntos.

—Pero a ella le gusta mucho viajar; es su trabajo hacerlo —le recordó apoyando el brazo en su rodilla mientras la miraba—. No podemos hacer que se quede aquí con nosotros por más que queramos.

—Lo sé —la pequeña asintió triste—. Ojalá que acepte quedarse aquí con nosotros y trabaje en el aeropuerto…

—El aeropuerto de Minnesota es una porquería a comparación del que ella anteriormente estaba, así que posiblemente ella se regrese a Londres con tu tío Niklas —le pellizcó la nariz—. No te preocupes, las cosas pasarán como debían y fin del asunto.

—Está bien.

—¿Puedo hacerte una pregunta, papá? —Astrid se rascó la cabeza—. Es decir, no sé si te vayas a enojar conmigo.

—¿Y cuál es la pregunta que te tiene de tan mal humor? —frunció el ceño—. Es que hace un momento estabas conmigo riéndote y ahora…

—¿Por qué abuela es tan mala? —Astrid preguntó al fin y él tuvo que tomar una fuerte bocanada de aire—. Le hizo mucho daño a Ally.

—Cariño…

—Yo sé que soy pequeña, pero Joshua casi muere por culpa de la abuela —la pequeña pestañeó varias veces—. Y ahora Ally perdió a su bebé por su culpa… Y Yilda perdió a su bebé, porque la abuela no la quería con…

—Eres muy pequeña para saber algunas cosas —cortó las palabras de su hija—. Quiero que tengas en claro que jamás permitiría que alguien te haga daño, porque eres mi hija.

—Lo sé y creo que es porque no vivimos cerca de la abuela que no tengo ninguna enfermedad —Astrid se encogió de hombros—. Después, mis dos primos tienen una enfermedad, la tía Lys está en una casa enorme con otras personas enfermas… y…

—Sí, a lo mejor es porque yo te mantengo lejos de todas esas personas que no estás enferma —rio un poco—. Aun así, siempre me gusta llevarte a revisiones médicas…

Fue entreteniendo a su hija para que dejara de decir esas cosas mientras Ally acababa de hacer lo que comerían.

—Oigan —Ally los llamó—. Vengan a poner la mesa. La cena está casi lista.

Druso hizo un sonido afirmativo y ayudó a su hija a ponerse de pie, ya que se había enredado ella solita con algunas luces viejas. Tenía un poco más de tiempo para organizarse, pero debía terminar lo antes posible su entrenamiento; al día siguiente, tenía que hacerlo.

Cenaron como si fueran una pareja más de esposos que criaban a una niña que hablaba hasta por los codos y que no necesitaba hacer mucho esfuerzo para caerle bien a todos. Cuando llegó la hora de irse a dormir, le robó un beso a Ally, la cual se le quedó mirando, sorprendida por ese pequeño arrebato, pero como ya andaban en modo de confianza, tenían que dejar salir lo que por tantos años habían estado tratando de ocultar.




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