Cuando fueron a visitar a Lys en su lugar de ingreso, ella notó que Druso se encontraba demasiado alejado de ella, al grado de que temió que volviera a lo de antes. Incluso, le preguntó varias veces qué le estaba ocurriendo, cómo para que se alejara tanto de ella, pero todo lo que consiguió fue que le dijera que era algo del equipo y más nada.
Ya habían pasado algunos días y se sentía que la nevada estaba por ocurrir, según el pronóstico del tiempo.
—Ally —Astrid jaló la manga de su abrigo—. ¿Mi papá y tú están enojados?
—No, o eso es lo que creo —dejó a un lado lo que estaba haciendo—. No sé qué tiene, mucho menos qué le pasa, y él tampoco es que sea muy abierto en ese aspecto.
—Entiendo —Astrid asintió varias veces—. Es que él se encuentra como enojado y ha estado hablando mucho con mi maestra esta semana.
—Oh, no lo sabía —murmuró un poco confundida—. No me ha dicho nada al respecto.
—Pensé que lo sabías, porque los veo hablar cuando va a buscarme a la escuela…
—Supongo que me dirá en su momento.
No negaría que se sintió tan miserable en ese momento que deseó con todas sus fuerzas darle un buen golpe a Druso por ser tan inconsciente en ese aspecto. No podía imaginarse en lo absoluto cómo es que una persona como él, sabiendo todo lo que le hizo esa mujer, decidiera mantener una amistad de ese modo.
Le sirvió un poco de comida, diciéndole que irían en un momento a la pista de hielo con él, ya que se encontraba arriba cambiándose de ropa. El juego sería donde siempre, puesto que Druso solo tenía unos pocos días antes de tener que viajar a otro Estado y alejarse de ellas. Escuchó sus fuertes pasos bajar las escaleras, lo que le indicó que posiblemente ya tenía encima su bolso.
—La comida está lista —anunció Ally—. Siéntate en el comedor.
—De acuerdo —Druso asintió—. ¿Seguras de que quieren ir conmigo al partido?
—Si no quieres que vaya, puedes decirme y no insistiré. —Ally se dio la vuelta para ir a buscar lo que le faltaba de la cena—. Es mejor decir las cosas con tiempo y ahora que estamos aquí.
—¿Hice algo malo? —cuestionó Druso—. No entiendo por qué me tratan de ese modo.
—Y todavía pregunta qué hizo mal —murmuró Astrid. ¿Puedo irme a mi habitación ahora?
—No, termina de comer y ya lo pensaremos.
Druso se tensó notablemente ante ese tono de voz que ejercía Ally. Aun así, no comentó nada más al respecto. A decir verdad, ya de por sí se podía sentir la tensión que había en el aire y ni hablar de que ninguno quería dar su brazo a torcer.
Ella puso un mechón de su cabello detrás de la oreja mientras iniciaba con la comida, sabiendo que Druso le ocultaba algo y que ese algo se debía a esa mujer. Ni siquiera podía imaginarse en lo absoluto cómo era posible que de un momento a otro toda su relación se fuera tan rápido.
Le pidió un momento a Druso para ir por su abrigo y preparar un bolso para Astrid y ella en caso de emergencia. Había convivido tanto con Nancy y Joshua, que sabía de antemano que ella siempre llevaba un cambio de ropa para ambos en caso de emergencias. Druso ya los esperaba en el garaje y tomó su bolso antes de colocarlo en el maletero con el de él. Durante el trayecto al estadio, ninguno dijo nada y ella podía ver que este tenía una oleada de tensión en su cuerpo, al grado de que le parecía estar a punto de explotar.
—¿Estaremos en el mismo lugar de siempre? —Ally preguntó en cuanto llegaron al estacionamiento después de esquivar a la prensa deportiva—. O estaremos en otro lado.
—Podrán ver el partido en donde siempre —explicó Druso—. No se quiten sus abrigos, por favor. Es posible que la temperatura baje.
—De acuerdo. Eso haremos.
Druso las llevó personalmente hasta el área reservada por él. Incluso, se aseguró de que alguien les llevara algo de comer en caso de que tuvieran hambre. No se podía ver nada desde el exterior, pero ellas dos sí podían darse el lujo de ver todo.
—Ally —la llamó Astrid al verla tan pensativa—. ¿Crees que mi papá tenga una novia?
—¿Eh? —tuvo que pestañear varias veces ante esa pregunta—. ¿De qué me estás hablando?
—Lo noto muy lejano a ti y creo que mi plan ya no está funcionando —la pequeña levantó la vista hacia ella—. Sé que fueron novios antes y que se quieren, pero ya no los veo darse besitos como antes y mi papá ya no te habla…
—Sin duda alguna, tienes una mente demasiado enorme para decir ese tipo de cosas —rio un poco—. Digamos que también tengo una que otra duda acerca de mi relación con tu padre, pero no es nada que no se pueda arreglar con una buena charla entre los dos —besó su mejilla—. Veamos el entrenamiento y más tarde el juego.
Astrid hizo un sonido afirmativo ante eso, y vieron unos minutos más tarde al equipo meterse en la pista de hielo. Aunque le parecía extraño estar entrenando a esa hora del día, y más con los del otro equipo.
Toda su buena vibra se fue horas más tarde, cuando acomodó lo más que pudo a Astrid, y vio que Hazel llegaba a la pista de hielo, acomodándose en los primeros asientos como si nada. Apretó los puños, por el simple hecho de que esa mujer, aparte de estar ahí, tenía una camiseta con el número de Druso, aunque no su apellido.
Ese número era de ella, su día de cumpleaños, y que él se lo había cambiado después de convertirse en novios. Y que esa mujer que lo estuviera usando sin ser fanática o algo parecido fue un golpe enorme. Había visto a muchas fanáticas, lo cual no le molestaba en lo absoluto; sin embargo, Hazel era la hija bastarda de Richard y eso no era bueno.
Se llevó una mano al pecho cuando algo se instaló ahí, por el simple hecho de que no podía con su propia vida. Sacudió la cabeza ante los pensamientos que tenía en ese instante. Druso era bueno, no podía llenarla de ilusiones de la noche a la mañana y después romperlas.
El partido terminó entrada la noche y agradecía enormemente que Astrid no hubiera notado nada extraño cuando despertó a la hora de la cena. Hasta se cuestionó seriamente si estaba alucinando durante todo el partido o solo era su imaginación. Druso tardó más de lo debido en buscarla y ya eso la tenía con el Jesús en la boca.